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La Wehrmacht se queda a las puertas de Moscú

La Operación Barbarroja, la invasión alemana de la Unión Soviética comenzó el 22 de junio de 1941. Inicialmente, las tropas alemanas lograron grandes victorias y capturaron numerosos prisioneros soviéticos, pero a medida que se adentraban en territorio enemigo, la resistencia era cada vez más encarnizada. La vastedad de Rusia parecía no tener fin y con el fin del buen tiempo comenzaron los problemas. El gélido invierno ruso se convirtió en una pesadilla para los alemanes, que sufrieron lo indecible y quedaron detenidos a las puertas de Moscú.

ANTECEDENTES Y ORÍGENES DE LA OPERACIÓN BARBARROJA
Las huestes de un triunfante Adolf Hitler habían conquistado la mayor parte de Europa occidental y sólo Gran Bretaña resistía al poderío militar alemán. Tras sus victorias en occidente, los ojos del Führer se volvieron hacia el este, era el momento de entrar en guerra con la Unión Soviética y aplastar al comunismo.
El estado mayor alemán inició los preparativos, la producción de material bélico se incrementó de manera considerable y se acumularon gran cantidad de tropas en Prusia Oriental y Polonia.
Inicialmente se planeó la invasión de la Unión Soviética para mayo de 1941, pero una primavera demasiado húmeda y los contratiempos que supusieron las invasiones de Grecia y Yugoslavia obligaron a posponer el ataque a Rusia hasta el 22 de junio de 1941.
Mientras la Operación Barbarroja, es decir, la invasión de la Unión Soviética se ponía a punto, el dictador soviético Stalin hizo caso omiso de las advertencias de un inminente ataque alemán. Los rusos no estaban preparados para contener la avalancha que se cernía sobre ellos.

UN PROMETEDOR COMIENZO DE BARBARROJA
El 22 de junio de 1941, a lo largo de un inmenso frente que se extendía desde el Báltico al mar Negro, los ejércitos de Hitler se lanzaron a la conquista de Rusia. Las tropas germanas eran un ejército menos numeroso pero mucho más profesional que los soviéticos y contaban con unos oficiales mucho más competentes.
La guerra relámpago comenzó a dar sus frutos y las fuerzas soviéticas fueron arrolladas en los primeros combates. Las tropas alemanas se dividieron en tres frentes:
-El Grupo de Ejércitos del Norte, bajo el mando del mariscal Von Leeb debía conquistar los países bálticos y Leningrado.
-El Grupo de Ejércitos del Centro, dirigido por el mariscal Von Bock tenía por objetivo hacerse con el control de Bielorrusia, Smolensk y Moscú.
-El Grupo de Ejércitos del Sur, liderado por el mariscal Von Rundstedt se encargaría de conquistar Ucrania y llegar hasta el Cáucaso.
En total, más de tres millones de alemanes se lanzaron a la conquista de la Unión Soviética respaldados por tropas italianas, rumanas, húngaras, croatas, finesas e incluso contaban con el apoyo de un contingente español (la División Azul). Frente a ellos se oponían las desorganizadas fuerzas del mariscal Voroshilov en el norte, el mariscal Timoshenko en el centro y el mariscal Budyonny en el sur.
En apenas un par de meses, las fuerzas germanas arrollaron a los soviéticos y cayeron en su poder ciudades como Minsk, Jarkov, Kiev y Smolensk. Con la caída de Smolensk, Moscú parecía al alcance de la mano, poco más de 300 kilómetros separaban a los alemanes de la capital rusa.

COMIENZAN LOS PROBLEMAS
La Wehrmacht continuaba cosechando éxitos en la Unión Soviética, aunque no al ritmo deseado. En Leningrado, el Ejército Rojo se defendía encarnizadamente y lograba repeler los asaltos alemanes. Por el contrario, en Ucrania, las fuerzas alemanas seguían progresando y ganando terreno.
Por otra parte, el Ejército alemán se distinguió en Bryansk y Vyazma, donde embolsó a más de 650.00 hombres y capturaron más de 1.200 tanques y 5.000 cañones. El 7 de octubre cayó Vyazma y al día siguiente lo hizo Bryansk. El pánico se desató entre la población civil de Moscú dado que los alemanes cada vez estaban más cerca. Sin embargo, se decidió defender la ciudad calle por calle y casa por casa si era necesario. El propio Stalin decidió permanecer en Moscú y se cavaron zanjas antitanques y trincheras para proteger la capital rusa.
Todo parecía presagiar que el fin del Ejército Rojo estaba cerca, pero a medida que se acercaban a Moscú, los alemanes encontraban cada vez una resistencia más obstinada. Para mayor desgracia de las fuerzas germanas, las lluvias embarraron el terreno y el avance alemán se hizo cada vez más lento. Por su parte, el mariscal Zhukov movilizó a las divisiones soviéticas  de Siberia y continuó reforzando las defensas. Llegó un tiempo marcado por el viento y las lluvias heladas y el 3 de noviembre comenzaron las primeras nevadas. La superficie se endureció y los blindados alemanes reanudaron su marcha hacia Moscú.
Con la nieve y el descenso de las temperaturas se presentó el mejor aliado de los rusos: el invierno. Los alemanes no estaban equipados adecuadamente para el duro invierno ruso y comenzaron a padecer los primeros casos de congelación. Hubo dificultades logísticas, las provisiones eran escasas y las líneas de suministro alemanas estaban demasiado extendidas. La moral germana empezó a resquebrajarse ante la crudeza del invierno.

LA BATALLA POR MOSCÚ
Los alemanes decidieron reanudar sus ataques a mediados de noviembre de 1941, para ello, marcharon con sus unidades blindadas en dirección a Moscú.  La estrategia consistía en utilizar un ataque de pinzas rodeando primero la capital por el norte con una ofensiva hacia Kalinin y hacia Klin y por el sur desde Tula hacia el río Oká para embolsarla. Las temperaturas descienden hasta los 30 grados bajo cero, haciendo más duras las condiciones de batalla. Los soviéticos resisten con gran tenacidad y los hombres de la Wehrmacht sufren terribles pérdidas en su avance.
Los alemanes lograron acercarse a la codiciada Moscú. El 2 de diciembre de 1941  algunas patrullas de combate lograron entrar en los suburbios de la capital rusa. Sin embargo, estas unidades se toparon con una fortísima resistencia que les hizo desistir en su intento por abrirse paso a través de Moscú.
Avanzar hasta la capital soviética era imposible: algunos hombres todavía estaban equipados con uniformes de verano y morían congelados, los vehículos no arrancaban, la aviación debía mantenerse en tierra a causa de las malas condiciones meteorológicas y los lubricantes se solidificaban en las armas.
El mariscal Zhukov, reforzado con las divisiones llegadas de Siberia inició una contraofensiva a principios de diciembre de 1941. Las fuerzas de Zhukov estaban integradas por soldados equipados adecuadamente para soportar el invierno y lograron propiciar la retirada de una Wehrmacht exhausta, carente de suministros, sin apoyo aéreo y muy castigada por las bajas temperaturas.
Los soviéticos, contando con el apoyo de sus superiores tanques T-34, con sus uniformes blancos y a bordo de sus trineos lograron repeler la amenaza que se cernía sobre Moscú. El Führer, percatándose de que sus fuerzas iban menguando autorizó la retirada de las fuerzas alemanas hasta sus bases avanzadas de aprovisionamiento.
La blitzkrieg o guerra relámpago quedó empantanada en los océanos de nieve rusos y el Ejército alemán se vio obligado a prepararse para una larga guerra de desgaste. Para los rusos, la victoria fue una inyección de moral y les permitió echar por tierra el mito de la invencibilidad alemana. Moscú se había salvado.

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