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La debacle de los rangers en Anzio

En enero de 1944, el frente italiano se había convertido en un sangriento punto muerto. Los aliados estaban atascados en Montecassino y los alemanes resistían firmemente asentados en sus posiciones defensivas. Para poner fin al estancamiento, el primer ministro británico propuso desembarcar tras las líneas alemanas, en Anzio, una localidad situada a unos 50 kilómetros al sur de Roma.

Así pues, el 22 de enero de 1944, el 6º Cuerpo de Estados Unidos, dirigido por el general Lucas desembarcó en Anzio encontrando una escasa resistencia. Todo parecía marchar viento en popa y Roma estaba al alcance de las fuerzas aliadas. Pese a los éxitos iniciales y las grandes expectativas que ofrecía la Operación Shingle, el general Lucas ordenó a sus tropas que se atrincherasen y consolidasen su pequeño perímetro. Mientras tanto, los alemanes no permanecían de brazos cruzados y el mariscal de campo Kesselring enviaba diligentemente refuerzos para detener el desembarco aliado.


Finalmente, el prudente general Lucas decidió expandir su cabeza de playa. Entre sus planes figuraba la conquista del pueblo de Cisterna Di Latina. Para ello, tres batallones de rangers: el 1º, el 3º y el 4º debían infiltrarse entre las posiciones alemanas y tomar el pueblo. La 3ª División de Infantería completaría el ataque y se uniría a los rangers del teniente coronel Darby.


Los rangers, soldados de élite estadounidenses, entrenados al estilo de los comandos británicos, tenían una difícil misión por delante. El 1º y el 3º Batallón de rangers debían infiltrarse por una serie de zanjas y campos, mientras que el 4º Batallón Ranger debía avanzar por la carretera Conca-Cisterna. Pero los aliados no sabían que los alemanes habían reforzado sus líneas con fuerzas blindadas de la División Hermann Göering y paracaidistas.


En la oscuridad del 30 de enero de 1944, los rangers se internaron tras las líneas alemanas. Mientras avanzaban en medio de una lúgubre noche, escucharon los motores de los vehículos enemigos y las conversaciones de los soldados alemanes.


Los rangers terminaron siendo descubiertos y se desató una dura refriega. Habían quedado atrapados tras las líneas enemigas. El 1º y 3º Batallón se enfrentaron con decisión a la infantería y a los blindados alemanes, haciendo uso de sus bazucas, pero a medida que amanecía, la presión iba en aumento, la munición escaseaba y los refuerzos no llegaban. Los estadounidenses quedaron atrapados en un infierno, asediados por carros de combate, fuego de mortero y francotiradores. Para mayor desgracia de los acosados rangers, detener a los tanques enemigos con armas ligeras, granadas y bazucas no era precisamente un trabajo sencillo.


Mientras tanto, el 4º Batallón Ranger y el 15º Regimiento de Infantería hicieron grandes esfuerzos por acudir en auxilio de los dos batallones ranger. Todas sus tentativas por llegar hasta los dos batallones sitiados fueron inútiles.


El perímetro de los rangers fue menguando y retrocedieron hasta un complejo agrícola llamado Casa Calcaprini. Allí, sometidos a una intensa presión, ofrecieron su última resistencia. Finalmente, los valientes batallones 1º y 3º fueron superados y los supervivientes se vieron obligados a rendirse. De un total de 767 rangers solo 6 lograron regresar a sus líneas.


Días después, los rangers, cautivos, marchaban por las calles de Roma entre las dispares reacciones de la población italiana: había quienes les daban ánimos y les ofrecían agua, mientras que los más hostiles les escupían y les dedicaban insultos.


Las consecuencias del desastre aliado en Cisterna provocaron la destitución del general Lucas, que fue sustituido por el enérgico general Truscott. Por su parte, el teniente coronel William Orlando Darby, al mando de la Fuerza Ranger en Anzio, llegó a llorar la pérdida de sus apreciados soldados. La batalla se estancó, convirtiéndose en una serie de sangrientos e indecisos enfrentamientos, que se prolongaron hasta finales de mayo de 1944.

 

La Operación Shingle, el desembarco en Anzio, supuso una amarga experiencia para los aliados, que vieron sus esperanzas defraudadas. Hay quienes acusaron al general Lucas de ser excesivamente prudente, como el Primer Ministro británico Churchill que dijo "esperar un gato montés y encontrar una ballena varada". Otros creen que la fuerza de invasión destinada a Anzio, compuesta por dos divisiones, era insuficiente para conquistar y mantener Roma.


Tras meses de amargo sufrimiento, el 4 de junio de 1944, el 5º Ejército de Estados Unidos, liderado por el general Clark entró triunfalmente en Roma.

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