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El asalto a Brécourt Manor

El lanzamiento de las fuerzas aerotransportadas el día-D fue un acontecimiento caótico. Las baterías antiaéreas alemanas escupían coloridas descargas contra las bandadas de C-47 que surcaban los cielos negros. Ante tan aterrador espectáculo, los pilotos, nerviosos, aumentaron la velocidad de sus aviones y muchos paracaidistas terminaron tomando tierra lejos de sus zonas de lanzamiento.

Los paracaidistas de las divisiones aerotransportadas 101ª y 82ª quedaron diseminados por la península de Cotentin. En una noche de pesadilla, en la que detrás de cada seto y de cada cerca podía aguardar una mortífera sorpresa, los paracaidistas se unieron en pequeños grupos improvisados que comenzaron a golpear entre las retaguardias alemanas.

Paracaidistas estadounidenses adoptan la estética de los mohicanos antes del saltar sobre Normandía.


El teniente Richard. D Winters, de la compañía Easy del 506º Regimiento de Infantería Paracaidista de la 101ª División Aerotransportada logró reunir un puñado de hombres y llegó hasta el pueblo normando de Saint-Marie-du-Mont. En la mañana del 6 de junio de 1944, el capitán Hester y el teniente Nixon le informaron de que una batería de cuatro cañones de 105 milímetros estaba disparando contra las tropas estadounidenses en la playa Utah. Una difícil misión le fue encomendada a Winters: debía neutralizar la batería alemana.


El competente Winters ordenó a sus hombres que solo llevasen armas y municiones y se dirigió hacia Brécourt Manor, desde donde tronaban los cañones alemanes. Winters ubicó sus ametralladoras ligeras a lo largo de una cerca de piedra. La misión de los ametralladores era proporcionar fuego de cobertura.


El teniente Compton, escoltado por los sargentos Malarkey y Guarnere, se dirigió a la izquierda para acercarse lo máximo posible hacia los cañones y lanzar granadas contra las trincheras. Por su parte, los sargentos Lipton y Ranney se encargarían de brindar fuego de cobertura desde la cerca de piedra de la derecha, que se erigía junto a un bosquecillo. El asalto frontal correría a cargo del teniente Winters, que contaba con los soldados Lorraine (chofer personal del coronel Sink), Wynn y Toye.


Una vez Ranney y Lipton llegaron a la cerca de piedra, descubrieron que no podían ver las posiciones alemanas. Así pues, Lipton trepó a un árbol para poder ver al enemigo. Desde su precaria e inestable posición pudo contemplar el sistema de trincheras alemán. El enemigo permanecía enzarzado en un tiroteo con los hombres del teniente Winters. Lipton no se lo pensó dos veces y haciendo uso de su carabina abatió a un desprevenido alemán.


Subfusil Thompson en mano, el teniente Compton se arrastró junto a Malarkey y Guarnere, hasta que llegaron a la cerca de piedra. Los alemanes estaban siendo rociados con fuego de ametralladora desde la izquierda mientras Lipton y Ranney disparaban desde la retaguardia y los hombres de Winters les dispensaban plomo desde el frente. Compton, Guarnere y Malarkey habían pasado inadvertidos. Compton se dispuso a apretar el gatillo, pero su Thompson se había atascado. Guarnere reaccionó inmediatamente, saltando al interior de la trinchera.


Los defensores del primer cañón, fuertemente presionados por el diluvio de balas que recibían desde tres direcciones distintas, se vieron obligados a retirarse de su posición. Con el enemigo huyendo, los paracaidistas comenzaron a arrojar granadas contra los alemanes.


El grupo de Winters y los hombres de Compton se unieron, sin embargo, Wynn recibió un disparo en la nalga. Una granada aterrizó en el interior de la trinchera. Todos se lanzaron cuerpo a tierra. El artefacto cayó entre las piernas de Toye, cuya arma fue destrozada por la explosión, pero por fortuna Toye se salvó.


Winters, Lorraine y Guarnere continuaron lanzando granadas y persiguieron a la dotación del cañón, neutralizando a cuantos alemanes encontraban a su paso. En su camino, Winters se percató de que dos alemanes estaban preparando una ametralladora. Disparó contra ellos, hiriendo a un hombre en la cadera y a otro en el hombro.


Tras ordenar a Toye y Compton que abriesen fuego contra el segundo cañón, Winters envió a tres soldados para que se ocupasen del primer cañón y a otros tres para que cubriesen el frente.


El sargento Lipton, que había descendido del árbol, se encargó de proporcionar atención médica a Wynn que yacía con una herida de bala en la nalga. Lipton le aplicó sulfamidas y vendó la herida. Wynn, pese a estar herido, no dejaba de disculparse por haber cometido un error.


Lipton se topó con el suboficial Hill, que preguntaba por el cuartel general del regimiento. El sargento Lipton le indicó la dirección que debía seguir y cuando Hill alzó la cabeza recibió un disparo mortal.


Los hombres avanzaban encorvados a través del sistema de trincheras, con las balas silbando por encima de sus cabezas y levantando briznas de hierba. Alemanes y estadounidenses estaban enzarzados en una intensa refriega. En plena batalla, Malarkey divisó la pistolera de un alemán muerto. Malarkey ardía en deseos por hacerse con una pistola Luger. Malarkey salió al descubierto y los alemanes, no le dispararon mientras se acercaba al cadáver. Tal vez creyesen que se trataba de un sanitario. El enemigo solo abrió fuego contra Malarkey en su camino de regreso. Afortunadamente, Malarkey logró salvar la vida.


Winters quería inutilizar el cañón, pero no disponía de explosivos, por lo que envió a Lipton a por cargas de demolición. Dejando tres hombres para defender el primer cañón, Winters emprendió el ataque contra la segunda pieza de artillería. Cargando a través de las trincheras, mientras disparaban y lanzaban granadas, los hombres de Winters se hicieron con el segundo cañón. El teniente Winters mandó buscar a los cuatro soldados de las ametralladoras ligeras. Seis desmoralizados alemanes se presentaron con las manos sobre la cabeza mientras suplicaban por sus vidas.


El soldado Hall, de la compañía A, se sumó al ataque contra el tercer cañón. Winters emitió la orden de capturar el tercer cañón. Lamentablemente, Hall, que encabezaba el ataque, cayó muerto. A pesar de todo, a Winters le habían bastado once hombres para hacerse con el control de tres cañones de 105 milímetros.


En la posición del segundo cañón, Winters encontró información de gran valor. Un estuche contenía documentos y mapas que indicaban la ubicación de todos los cañones y ametralladoras emplazados en la península de Cotentin. Por ello, Winters envió tan preciados documentos al batallón, junto con los prisioneros y peticiones de municiones y refuerzos. Inmediatamente después, utilizando granadas, destruyó el teléfono, el transmisor y los telémetros de la dotación del cañón.


El capitán Hester se presentó con cartuchos de dinamita y granadas incendiarias. Winters, haciendo uso de las granadas alemanas y de la dinamita, inutilizó los cañones. Lipton, que regresó con las cargas de demolición quedó embargado por la desilusión al ver que los cañones ya habían sido neutralizados.


Por fortuna más tropas se sumaron a los hombres de Winters. Se trataba de cinco soldados de la compañía D dirigidos por el teniente Speirs. El teniente Speirs lideró el ataque contra el cuarto y último cañón. Dos hombres perecieron en el ataque contra la última pieza de artillería.


Con sus  objetivos cumplidos y bajo una presión cada vez mayor, Winters emitió la orden de retirada. Las dotaciones de las ametralladoras ligeras fueron las primeras en retirarse. Mientras abandonaban el escenario del combate, un soldado alemán se disponía a colocar su ametralladora, pero Winters fue más rápido y le disparó en la cabeza. Con los cuatro cañones silenciados, Winters fue el último en retirarse.


Una fuerza de una docena de hombres había logrado asaltar con éxito una posición artillada guarnecida por un sistema de trincheras. La acción de Winters había sido de gran ayuda para las tropas de la 4ª División de Infantería que desembarcaron en la playa Utah, pues aquellos cañones de 105 milímetros podían haber causado toda una pesadilla.

Tanques anfibios desembarcan en la playa Utah.


A un coste de 4 muertos y 2 heridos, Winters y los suyos habían matado a 15 alemanes, herido a otros tantos y capturado a 12 prisioneros. Por tan notable hazaña, Winters fue condecorado con la Cruz de Servicios Distinguidos, mientras que Compton, Guarnere, Lorraine y Toye fueron distinguidos con la Estrella de Plata. A Lipton, Malarkey, Ranney, Liebgott, Hendriz, Plesha, Petty y Wynn se les otorgó la Estrella de Bronce.


Tal fue la pericia táctica del teniente Winters en el asalto a la batería de Brécourt Manor, que en la academia militar de West Point se estudia su ataque como un ejemplo de asalto a una posición artillada por parte de una pequeña unidad.

Richard D. Winters, en aquel 6 de junio de 1944 un inspirador oficial que lideró el ataque a Brécourt Manor.

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