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La desesperada carrera en jeep del mayor Roseveare en Normandía

La actuación de las fuerzas aerotransportadas en el Día-D fue clave para el éxito del desembarco de Normandía. Lanzados tras las líneas alemanas, provocaron el caos y el desconcierto entre el enemigo. Entre las hazañas logradas por los paracaidistas, merece narrar la espectacular aventura que vivió el mayor Roseveare de la 6ª División Aerotransportada británica.

Roseveare formaba parte del 8º Batallón de la 6ª División Aerotransportada y antes de enrolarse en el ejército se había desempeñado como ingeniero civil. En Normandía, sirviendo como ingeniero militar, se le encomendó la voladura de los puentes sobre el río Dives que se encontraban en Bures y Troarn.


Después de aterrizar en el lugar equivocado, Roseveare se topó con el teniente Breeze y varios de sus hombres. Disponían de un contenedor con cargas del general Wades. Conscientes de dónde se encontraban, sabían que tenían que llegar hasta el puente de Troarn. Para desplazarse contaban con una bicicleta y un jeep con remolque provisto de material médico.


Al llegar a Herouvillete, los hombres de Roseveare se pusieron manos a la obra y procedieron a cortar las líneas telefónicas. Cuando alcanzaron una encrucijada a unos 5 kilómetros de Troarn se les unieron otros ocho paracaidistas del 8º Batallón.


Roseveare ordenó al médico que descargase el remolque. Posteriormente, los zapadores de Roseveare cargaron los explosivos en el jeep. El mayor Roseveare se puso al volante, mientras que siete hombres se agolparon en el vehículo y el octavo ocupó el remolque. Todos marchaban con sus armas listas para disparar por si se topaban con el enemigo.


El jeep se abría camino con dificultad, pues iba sobrecargado. Roseveare efectuó un giro demasiado brusco y los hombres salieron proyectados del jeep. Los ejes del vehículo quedaron enmarañados en una alambrada. Por fortuna, consiguieron cortar el alambre de espino y reemprendieron el trayecto hacia Troarn.


Al aproximarse a Troarn, en un cruce de caminos, Roseveare ordenó a Irving que explorase si había enemigos en los alrededores. Todo parecía estar en calma e Irving hizo señas para que el jeep avanzara, pero cuando volvió la vista, se percató de la presencia de un alemán montado en bicicleta. Sin dudarlo un instante, los paracaidistas abatieron al alemán. Irving volvió a montar en el jeep y Roseveare comenzó a conducir en dirección a la calle principal de Troarn.


Los alemanes, alertados, comenzaron a disparar. A medida que se internaban en la localidad, el fuego alemán aumentaba en intensidad. Los hombres de Roseveare respondían a cuantos enemigos les salían al paso, disparando sus armas contra los sorprendidos teutones mientras Roseveare realizaba maniobras evasivas.


Un alemán salió de una casa portando una ametralladora ligera MG-34 y la emplazó en el medio de la carretera. El ametrallador disparó y los destellos de las trazadoras pasaron a gran velocidad por encima de las cabezas de los paracaidistas.


Roseveare hacía avanzar el jeep en zigzag y el ametrallador se desquiciaba por no poder hacer bajar su MG-34 para disparar con la precisión necesaria. El jeep terminó volcando, pero los hombres de Roseveare volvieron a montar en el vehículo.


El pequeño grupo consiguió llegar al desguarnecido puente. Rosevearé ordenó situarse a los soldados en los extremos del puente y colocar las cargas explosivas. Los hombres procedieron a colocar las cargas con presteza.


Una vez prendieron la mecha, el fuego la consumió hasta llegar al final y entonces, se desencadenó una enorme explosión que provocó un gran boquete en el centro. Se alejaron del puente a través de una carretera embarrada y llegaron a un bosque, donde se detuvieron para descansar.


Cuando Roseveare llegó al cuartel general del batallón fue informado de que los zapadores también habían conseguido volar el puente de Bures.

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