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Sabotaje nuclear en Noruega, la batalla del agua pesada

Julio 23, 2018

Uno de los primeros éxitos de la guerra relámpago alemana fue la conquista de Noruega. Con la ocupación de dicho país, la fábrica de agua pesada de la compañía Norsk Hydro, en el valle del Telemark, quedaba en manos alemanas. El agua pesada era un elemento esencial si la Alemania nazi quería conseguir su propia bomba atómica. Así pues, los aliados se pusieron manos a la obra para sabotear el programa nuclear de Hitler.

Los aliados eran conscientes del peligro que representaba un arma atómica en manos de los nazis, por lo que destruir la fábrica de agua pesada de Vemork era imperativo. Inicialmente se propuso un bombardeo aéreo, pero las protestas del gobierno noruego en el exilio, que temía que se produjesen bajas civiles, provocaron que se descartase la idea de un ataque desde el aire.


Para tal propósito se seleccionó a un pequeño grupo de comandos noruegos huidos de las garras del Tercer Reich. Este equipo fue bautizado como Grupo Grousse. La pequeña fuerza de comandos sería el primer paso de un despliegue que comprendía el aterrizaje en planeadores de los Ingenieros Reales.


La infiltración en Telemark comenzó con dos hombres, a los que siguieron otros cuatro que se lanzaron sobre tierras noruegas el 19 de octubre de 1942. Estos hombres se las arreglaron para sobrevivir a las gélidas condiciones meteorológicas al tiempo que permanecían ocultos de los alemanes y de la población civil. La discreción y el sigilo eran claves en su misión.


Tras informar a los británicos el 12 de noviembre de 1942 de que habían hallado una zona de aterrizaje adecuada para los planeadores, se autorizó a enviar a los ingenieros, dando así luz verde a la Operación Freshman.


Sin embargo, el destino de los integrantes de la Operación Freshman no pudo ser más funesto. Los planeadores se estrellaron y los hombres de la Gestapo ejecutaron a los supervivientes. Para colmo de males, aquella acción puso en alerta a los alemanes, que procedieron a reforzar la seguridad en la región.


Pero los aliados se negaban a darse por vencido, por lo que continuaron trazando planes para destruir las instalaciones de Vemork. Así pues, se puso en marcha la Operación Gunnerside, que comprendía exclusivamente el uso de comandos noruegos.


Llegado el 16 de febrero de 1943, los comandos noruegos saltaron sobre su patria. Tras cuatro días buscando a sus camaradas, que habían aterrizado en octubre de 1942, consiguieron reunirse. De este modo, la fuerza de asalto pasaba a estar compuesta por un total de diez hombres.


El acceso a la fábrica de Vemork no era precisamente sencillo. Situada en una elevación de terreno en un valle, solo se podía llegar hasta ella de dos maneras. La primera implicaba acceder a través de un puente que salvaba una caída de aproximadamente doscientos metros. La segunda opción significaba descender un barranco, llegar a un río y escalar una segunda pared hasta alcanzar la vía férrea.


Decididos a acabar con el programa nuclear de los nazis, los comandos abandonaron su escondrijo el 25 de febrero de 1943. Ataviados con uniformes blancos y dotados de esquíes, se ocultaron en una cabaña abandonada para ultimar los preparativos. Llegada la noche del 27 de febrero se internaron en la fábrica después de descender por un barranco, vadear un río y ascender a través de una pared rocosa.


Al internarse en las instalaciones se encontraron con un empleado noruego, que coopero de manera entusiasta con los comandos. Sin contratiempos, procedieron a colocar los explosivos y abandonaron un subfusil británico. La finalidad de abandonar un arma británica en la fábrica de Vemork era evitar represalias alemanas contra la población noruega.


El empleado y los comandos abandonaron la fábrica y las cargas estallaron. Se desató el lamento de las sirenas y las alarmas. Los alemanes a voz en grito, corrieron en busca de los saboteadores, pero el pequeño comando logró escapar a tiempo.


Las instalaciones de la fábrica de Vemork habían sido saboteadas exitosamente y, en represalia, las autoridades de ocupación decidieron tomar a cincuenta noruegos como rehenes. No obstante, la intervención del general Von Falkenhorst intercedió en favor de los civiles. De este modo, los civiles fueron liberados. Al parecer, Von Falkenhorst, no era partidario de llevar a cabo represalias que alentasen a los civiles a colaborar con la resistencia.


Pese a la magistral ejecución de la Operación Gunnerside, los alemanes se pusieron manos a la obra inmediatamente. En tan solo seis meses, la fábrica de Vemork volvía a estar en funcionamiento.


Los aliados eran conscientes de que la fábrica debía ser arrasada. Por ello, optaron por un ataque aéreo llevado a cabo por bombarderos B-17. El 16 de noviembre de 1943, los bombarderos despegaron desde sus bases en Gran Bretaña y lograron destruir la fábrica de agua pesada.


Ante los daños ocasionados por el bombardeo, los alemanes tomaron la determinación de trasladar las existencias de agua pesada a Alemania. Un total de 14 toneladas de agua pesada debían ser transportadas a tierras germanas.


La resistencia noruega aprovechó la ocasión para destruir el cargamento de agua pesada. El 20 de febrero de 1944, en el lago Tinn, mientras el agua pesada iba a bordo de un ferri, las cargas explosivas estallaron y el transbordador SF Hydro se fue a pique con su preciada carga. Un total de 14 civiles perdieron la vida en este acto de sabotaje. Con el ataque al ferri se puso fin a la denominada “batalla del agua pesada”.

El transbordador SF Hydro, que transportaba las últimas existencias de agua pesada se hundió tras ser saboteado por la resistencia noruega.

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