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Operación Berlín, la retirada de la bolsa de Oosterbeek

Septiembre 27, 2018

El rugido ensordecedor de miles de aviones surcando los cielos despejados atrajo la atención de los holandeses. Pequeños puntos se dibujaron en el horizonte, un sinfín de C-47 y planeadores remolcados volaban como si se tratasen de interminables bandadas de estorninos. No era un domingo cualquiera, era 17 de septiembre de 1944. La Operación Market Garden había comenzado.

Miles de pequeños puntos brotaron de los aviones. Eran las campanas de los paracaídas de los soldados abriéndose mientras saltaban de los C-47. Los planeadores aterrizaron sobre la blanda superficie de los brezales y las distintas unidades comenzaron a reunirse en las zonas de salto. El tiempo apremiaba. Debían conquistar una serie de puentes sobre la Holanda ocupada para invadir Alemania y poner fin a la guerra antes de Navidad.


Los entusiastas holandeses, creyendo que el fin de la ocupación nazi estaba cerca, salieron a las calles. El naranja, el color nacional de Holanda era omnipresente en las calles. La población, en un jubiloso estado de éxtasis salía a recibir a sus liberadores. Los soldados aliados recibían muestras de afecto en cada población en la que se internaban.


Sin embargo, el frenesí inicial de la liberación terminó en una dolorosa decepción. Los alemanes, sabiendo lo que se jugaban, luchando a las puertas de su patria, se defendieron con tenacidad. La situación se tornó adversa para los aliados, y en Arnhem, la 1ª División Aerotransportada británica del mayor general Roy Urquhart se topó con terribles dificultades.


Precisamente Arnhem, situada a orillas del Bajo Rin, era el último eslabón del plan de batalla de la Operación Market Garden. Allí los británicos se toparon con la empecinada resistencia del 2º Cuerpo Blindado de las SS. No era fácil combatir con armamento ligero a los temibles panzers alemanes. Los germanos estrecharon la presión sobre el frágil perímetro británico y los suministros que debían recibir los paracaidistas terminaban cayendo en manos alemanas.


Para mayor desgracia de la 1ª División Aerotransportada británica, el 30º Cuerpo británico había encontrado numerosas dificultades en su trayecto hasta Arnhem. La división del general Urquhart quedó rodeada en Oosterbeek, defendiendo un pequeño reducto que los teutones bautizaron como el caldero de las brujas.


Dada la insostenible tesitura en que se encontraba la 1ª División Aerotransportada, se decidió evacuarla. Irónicamente, el plan de retirada recibió el nombre de Operación Berlín. Al abrigo de la oscuridad nocturna, lo que quedaba de la División de Urquhart debía cruzar el Bajo Rin sin ser descubiertos por los alemanes.


La noche de la retirada estuvo marcada por una inclemente lluvia. Ocasionalmente el devastado campo de batalla de Oosterbeek era iluminado por la luz mortecina de las bengalas. Los cañones y morteros relampagueaban y los proyectiles retumbaban con gran estrépito al impactar contra la superficie.


Los hombres, divididos en pequeños grupos, guiándose por los metros de cinta blanca, avanzaron hasta la orilla del río. El sigilo era vital para su supervivencia, por lo que muchos, para amortiguar el ruido de sus botas las envolvieron en trapos. El destello rojo de las trazadoras disparadas desde la margen sur del río rasgaba la lúgubre noche e indicaba a los británicos el camino que debía seguir. Tan solo una estrecha cinta de agua separaba a los paracaidistas de la libertad.


En una zona de reunión junto a la orilla del Bajo Rin, los hombres de Urquhart se congregaban a la espera de subir a una embarcación. El fuego de ametralladora, los disparos de artillería y las granadas de mortero continuaban castigando el endeble perímetro británico.


Pero en la lúgubre noche se perfilo el esperanzador contorno de los zapadores británicos y canadienses a bordo de una peculiar flota de evacuación. Sobre las 03:00 horas del 26 de septiembre, varias lanchas se habían ido a pique o habían sido hundidas. A pesar de la vorágine de fuego que resplandecía en la noche, los zapadores hicieron varios viajes de ida y vuelta para poner a salvo a los supervivientes de la 1ª División Aerotransportada británica.


La evacuación de lo que quedaba da la 1ª División Aerotransportada había sido un éxito, pero Market Garden había fracasado y los aliados no lograron conquistar el puente de Arnhem. De los 10.000 hombres de los que disponía la 1ª División Aerotransportada, Uruquhart había podido escapar con unos 2.000. Si los que participaron en aquella arriesgada operación compartían algo, era un sentimiento de decepción.

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