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Sudán, 1885: la columna del desierto

Enero 09, 2019

En la década de 1870, Sudán era un país pobre y oprimido bajo la dominación egipcia. Fue el contexto ideal para que prosperase la rebelión del denominado Mahdi y sus seguidores.

Mohamed Ahmed, conocido como el Mahdi, era un líder religioso que predicaba la vuelta a los valores más puros del Islam, así como la expulsión de los egipcios. Así pues, Mohamed Ahmed, proclamaba que él era el tan esperado Mahdi de los musulmanes.


Percatándose del peligro que representaba, en agosto de 1881, el gobernador general, Raouf Pacha, decidió que era el momento de acabar con la amenaza. Dos compañías de infantería fueron enviadas en un barco de vapor a la isla de Abba para capturar al Mahdi. El comandante de compañía que lograse capturar al Mahdi sería premiado con un ascenso. Así pues, las dos compañías tomaron rutas distintas, pero cuando abrieron fuego, terminaron disparándose entre ambas formaciones. Descubiertos por el estrépito de los disparos, los soldados egipcios fueron masacrados por los seguidores del Mahdi. Tan solo un puñado de hombres logró regresar al barco para escapar de la matanza. Esto solo era el principio.


La rebelión se extendió y una fuerza de 4.000 hombres dirigida por Yusef Pacha fue derrotada por los hombres del Mahdi el 7 de junio de 1882. Tal era el desprecio que sentían por los seguidores del Mahdi que los egipcios ni siquiera se molestaron en apostar centinelas para vigilar su campamento.


Las tropas egipcias fueron atacadas y los puestos avanzados fueron tomados. Las grandes guarniciones lograron resistir, pero quedaron asiladas en la vastedad del territorio sudanés.


Con la creciente influencia de los británicos en el gobierno egipcio, era imperativo poner fin a la convulsa situación que atravesaba sudán. En 1883 se organizó una expedición contra las fuerzas mahdistas compuesta por 9.000 hombres comandados por el coronel Hicks. Sin embargo, la expedición de Hicks, compuesta por tropas de dudosa calidad, fue masacrada por el ejército del Mahdi.


Presionados por los británicos, los egipcios accedieron a nombrar gobernador de Sudán al general Charles George Gordon. Se trataba de un oficial que había servido en la Segunda Guerra del Opio en China (1856-1860) y que había sido gobernador de Sudán previamente (1877-1879, destacando por su honradez y su lucha contra la esclavitud. Este nombramiento se produjo pese a las reticencias del cónsul general británico en Egipto, sir Evelyn Baring. Las razones por las que Baring se oponía al nombramiento de Gordon era por su inconstancia y porque la presencia de un general británico en un lugar tan convulso como Sudán podía terminar implicando el despliegue de tropas británicas.


El 18 de enero de 1884 Gordon partió de Londres hacia su nuevo destino y tras presentar sus respetos ante el cónsul general Baring y el jedive, el 22 de febrero de 1884 llegó a Jartum. Al llegar a Sudán se percató de que la situación era muy diferente de la que vivió durante su primera etapa como gobernador.


Gordon, se negaba a abandonar a quienes estaban bajo su mando, por ello, permaneció en Jartum. Su sentido del honor le impedía abandonar la ciudad, mientras esperaba a que el gobierno británico se viese forzado a enviar tropas para acabar con el Mahdi. Bajo su mando tenía 7.000 soldados, a lo que había que añadir la labor de proteger a 30.000 civiles.


Preparándose para la defensa, los hombres de Gordon fortificaron sus posiciones, sembraron minas y tendieron alambre de espino. Gordon no perdía el tiempo y de vez en cuando, llevaba a cabo salidas para hostigar al ejército del Mahdi, atacándole con una pequeña flota de embarcaciones de vapor. En ocasiones, incluso era capaz de enviar un mensajero disfrazado a través de las innumerables huestes del Mahdi.


Las noticias del asedio de Jartum llegaron a Inglaterra y el gobierno liberal de Gladstone se encontró con una fuerte oposición de los conservadores y de la prensa, que reclamaban el envío de fuerzas británicas a Sudán. Finalmente, Gladstone, presionado, accedió a enviar un ejército de 10.000 hombres a Sudán bajo el mando del general sir Garnett Wolseley.


Sobre el terreno, Wolseley se dirigió hacia Dongola para encontrarse con el mayor Kitchener. El mayor le informó de que Gordon había enviado en uno de sus vapores a un oficial. Las noticias no eran muy halagüeñas.


Desde Jartum, Gordon envió en un vapor a uno de sus oficiales esperando que acudiese una columna de rescate. Sin embargo, la embarcación impactó contra las rocas de una catarata y su tripulación fue apresada por un jeque y ejecutada.


La fuerza de socorro comenzó a concentrarse en Korti. La situación de Jartum cada vez era más acuciante, pues el 17 de noviembre de 1884 Wolseley recibió un mensaje de Gordon informándole de que no sería capaz de resistir más allá del 14 de diciembre.


Para reforzar la guarnición de Gordon se creó la denominada columna del desierto, compuesta por el Regimiento Ligero de Camellos, el Regimiento de Guardias Montados Camello, el Regimiento de Infantería Ligera Montada a Camello, un escuadrón de artillería montada a caballo, media batería de artillería real, un destacamento naval con una ametralladora Gardner, un destacamento de ingenieros, un hospital de campaña móvil y destacamentos de transporte. Esto suponía unos 2.000 hombres y 300 camelleros a los que había que añadir guías locales.


Estos regimientos de infantería montada se habían acostumbrado a las marchas en camello, pues habían recorrido el trayecto de Asúan a Korti a lomos de aquellos animales. Al mando de la columna del desierto estaba el brigadier Herbert Stewart.


Según las informaciones de Gordon, Jartum podía caer en manos de los derviches del Mahdi para el 14 de diciembre, pero nuevos mensajes enviados por Gordon confirmaron que los defensores de Jartum continuaban resistiendo. Por fin, el 30 de diciembre, la columna del desierto, liderada por el brigadier Stewart, se puso en marcha.


En su trayecto hacia Jartum se encontraron con los pozos desaguados. La falta de agua era uno de los grandes problemas a los que se enfrentaban en aquel enorme desierto. A pesar de todo, el agua volvió a rezumar en los pozos, pero se trataba de una tarea demasiado lenta. La travesía por el desierto era un tormento, con temperaturas que podían superar los 40 grados centígrados.


Llegaron a los pozos de Gakdul, dejando tropas para proteger el suministro de agua. El 14 de enero de 1885 reanudaron la marcha. Mientras tanto, el Mahdi, consciente del avance de las tropas británicas, retiró 12.000 hombres del asedio de Jartum.


La columna de Stewart marchaba hacia Abu Klea, cuando el 15 de enero descubrieron el rastro de los derviches. El rastro de las pezuñas y un fusil abandonado delataron a los derviches. La fuerza de Stewart procedió a atrincherarse.


Al amanecer comenzaron las primeras escaramuzas entre los tiradores de ambos ejércitos. La artillería británica también disparó sobre un contingente de caballería derviche, pero al comprobar que el enemigo no quería atacar la posición defensiva de Stewart, éste dejó una pequeña guarnición en la empalizada y el grueso de las tropas británicas avanzaron formando en cuadro.


Una minúscula fuerza de 1.500 hombres se interponía ante los incrédulos ojos de los emires. Éstos pensaron que su superioridad numérica sería suficiente para aniquilarlos. Los derviches marcharon hacia la esquina izquierda delantera del cuadro, pero los cañones sembraron la muerte entre los hombres del Mahdi. Las descargas de los soldados británicos causaron verdaderos estragos en las filas de los derviches, que optaron por modificar la dirección de su ataque. Así pues, la ofensiva se dirigió contra un destacamento equipado con una ametralladora Gardner, que se atascó después de disparar 30 balas. La posición del destacamento equipado con la ametralladora fue rebasada por los derviches.


El Regimiento Pesado de Camellos, que guarnecía el flanco izquierdo, tuvo que hacer frente al grueso del ataque derviche. Uno de los ángulos del cuadro británico se mostró vulnerable y un grupo de derviches consiguió internarse en la formación. Un emir llegó a clavar su bandera en el interior del cuadro, pero rápidamente cayó abatido por el fuego británico. Las descargas continuaron neutralizando al grupo de derviches que había logrado penetrar en el cuadro. Quienes no cayeron por los disparos de fusil, perecieron aguijoneados por las bayonetas.


Entre los camellos y los cadáveres de derviches y británicos, los hombres de Stewart se las arreglaron para cerrar las brechas. Un nuevo grupo de derviches atacó con caballería la esquina derecha posterior de la formación, pero el cuadro se mostró sólido y los británicos repelieron la ofensiva.


Duramente castigados, los derviches pusieron pies en polvorosa y la artillería británica disparó para aligerar la retirada enemiga. La mitad de los hombres que se encargaban de la ametralladora Gardner habían muerto o estaban heridos, sin embargo, repararon la ametralladora y abrieron fuego contra la marabunta que se batía en retirada.


Tras la batalla, los cadáveres de 1.100 derviches yacían sobre el campo de batalla. A continuación, los hombres de Stewart se hicieron con los pozos de Abu Klea. Como los suministros y pertrechos no habían llegado, la columna se vio obligada a dormir en el desierto.


El 18 de enero, la columna de Stewart reanudó su avance hacia Jartum. Sus tropas estaban exhaustas por la exigencia de la marcha y la dureza del desierto. Era 19 de enero cuando llegaron a un paso situado a unos 8 kilómetros al sur de Metemeh. Un escuadrón del 19º de Húsares divisó entra una colina y el río Nilo una enorme fuerza derviche, mucho mayor que a la que se habían enfrentado en la batalla de Abu Klea.


Los derviches dispararon contra la empalizada británica, matando a dos corresponsales de guerra y al brigadier Stewart. El coronel Wilson tuvo que asumir el mando y se dispuso a seguir el plan trazado por Stewart. En la retaguardia quedaron la artillería, medio Regimiento Pesado de Camellos, el 19º de Húsares y el destacamento naval.


Un cuadro de 900 hombres marchaba hacia los derviches, con la ametralladora Gardner y las armas pesadas cubriéndoles. El trayecto se hizo más enervante cuando los soldados británicos comenzaron a caer bajo el fuego de los tiradores derviches. Una gran masa de derviches apareció y los más impulsivos abrieron fuego, sin embargo, cuando se ordenó alto el fuego, el cuadro británico obedeció diligentemente.


Los derviches se abalanzaron sobre el cuadro. Los británicos, pacientemente, aguardaron. Cuando solo se encontraban a trescientos metros, una granizada de fuego desgarró salvajemente las filas de los derviches. Las descargas fueron tan letales que ningún derviche pudo acercarse a menos de cincuenta metros. La batalla de Abu Kru fue breve, durando unos pocos minutos. De las gargantas de los victoriosos soldados británicos brotaron tres gritos de hurra.


A pesar del triunfo británico en Abu Kru, los derviches continuaban presentes en la zona, superando en número a la reducida fuerza del coronel Wilson. Por ello, se fortificó Gubat.


A través del río, el 21 de enero de 1885, llegaron los barcos de vapor de Gordon. Más derviches marchaban al norte para combatir a la columna británica, aunque la ciudad de Jartum, sometida a fuertes ataques, continuaba soportando las acometidas de los derviches.


El 24 de enero, el coronel Wilson partió hacia Jartum con un puñado de hombres a bordo de dos buques de vapor. Pero el Mahdi ordenó el asalto definitivo contra la ciudad sitiada. El descenso del caudal del río Nilo dejaba en una posición comprometida a la ciudad. Ya el 26 de enero de 1885, los derviches se lanzaron al ataque. Jartum, sometida a una orgía de muerte y destrucción, terminó por caer en manos de las tropas del Mahdi.


Pese a que el Mahdi había dado la orden de no matar a Gordon, se le entregó la cabeza del general británico. El Mahdi fue incapaz de mirar los ojos sin vida de Gordon.


Ignorando la caída de Jartum, los barcos de vapor, con el coronel Wilson y los primeros hombres de la columna del desierto, llegaron a la ciudad. Al arribar, fueron recibidos con un nutrido fuego por los derviches. Ante semejante recepción, dieron media vuelta y tras sufrir una odisea, lograron regresar.


Con la caída de Jartum, no tenía sentido continuar la campaña militar en Sudán, por lo que las tropas británicas procedieron a la retirada. Cinco meses después de la conquista de Jartum, el Mahdi murió a causa de la viruela y fue sucedido por el califa Abdullah.

El general Gordon momentos antes de su muerte en Jartum.


Las derrotas italianas en África a manos de los derviches y la amenaza de expansión francesa en el continente propiciaron una nueva intervención británica en 1896. Ésta vez, las tropas egipcias y británicas, competentemente dirigidas por el general Kitchener, derrotaron a los mahdistas.


La victoria angloegipcia en 1898 en la batalla de Omdurman selló la victoria británica en Sudán y Jartum terminó siendo reconquistada, con las enseñas de Egipto y Gran Bretaña ondeando en el palacio que había ocupado el general Gordon.

La batalla de Omdurman (1898).

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