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A la caza del acorazado Bismarck

Febrero 25, 2019

A finales de 1940 los estragos que causaban los alemanes en los convoyes aliados en el Atlántico empezaban a hacerse notar. Sin embargo, el almirante Raeder, de la Kriegsmarine, creía que era el momento de ejercer una presión más asfixiante sobre los británicos. Así pues, se decidió atacar las rutas comerciales británicas con barcos de superficie. Fue entonces cuando entraron en liza los cruceros Scharnost y Gneisenau, el Prinz Eugen y el temible acorazado Bismarck.

El capitán Lindemann, como oficial al mando del Bismarck informó de que, tras ocho meses desde la botadura de su acorazado en agosto de 1940, su barco estaba dispuesto para entrar en combate.

El acorazado Bismarck.


Sin embargo, la Armada alemana se encontró con importantes contratiempos. El Prinz Eugen impactó contra una mina, el Gneisenau fue alcanzado por torpedos y el Scharnost tenía problemas con las calderas.


Con este difícil panorama, solo el Bismarck y el Prinz Eugen (reparado a tiempo), estaban en condiciones de combatir. Los alemanes, reunidos en el puerto de Gotenhafen, el 12 de mayo de 1941 ultimaron una serie de operaciones navales que se desarrollarían durante un periodo de varios meses.


La travesía de estos buques debía guardarse en secreto, sin embargo, los suecos se percataron la presencia barcos alemanes. Un integrante del servicio secreto sueco, favorable a los aliados, puso los hechos en conocimiento de los británicos. Así, el agregado naval británico en la embajada de Estocolmo recibió todos los detalles.


Llegado el 21 de mayo el Bismarck recaló en Grimstadfjord (Noruega). Mientras tanto, un piloto de la Royal Air Force detectó al acorazado. Con una presa tan suculenta, los británicos no se lo pensaron dos veces y enviaron sus bombarderos. Pero la escasa visibilidad, fruto de la oscuridad y de las inclemencias del tiempo, frustró los ataques aéreos.


Ya el 22 de mayo, el Prinz Eugen y el Bismarck, escoltados por destructores, se dirigieron al estrecho de Dinamarca, un paso angosto entre Islandia y Groenlandia.

Los británicos no permanecieron de brazos cruzados, por lo que una escuadra zarpó de Scapa Flow rumbo a Islandia. Esta fuerza naval incluía al crucero Hood y al acorazado Prince of Wales, que también contaban con su correspondiente escolta de destructores.


Con la flota alemana desapareciendo de los reconocimientos de los británicos, el almirante Tovey se percató de las intenciones alemanas. Los alemanes navegaban hacia el Atlántico, por lo que decidió enviar el acorazado King George V, el portaaviones Victorius, cuatro cruceros y siete destructores a los que se sumaría el crucero Repulse.


La Royal Air Force y la Royal Navy barrieron las aguas del inmenso Atántico norte y, el 23 de mayo, los hombres del crucero Suffolk detectaron al Prinz Eugen y al Bismarck. Así pues, en compaía del Norfolk, el Suffolk se lanzó a la persecución de la flota alemana. Tras un intercambio de disparos, en el que ningún barco resultó hundido, el radar delantero del Bismarck quedó fuera de servicio.


Pasadas las 05:30 horas, el Hood y el Prince of Wales salieron a la caza del Bismarck. Los buques entablaron combate, pero los británicos atacaron describiendo una trayectoria oblicua, lo que solo les permitía usar sus cañones delanteros. El resultado fue fatal para el Hood, que se fue a pique con una tripulación de más de 1.400 hombres.


A continuación, el Bismarck y el Prinz Eugen se lanzaron a por el Prince of Wales. El acorazado británico, tras recibir varios impactos, se retiró del combate. 


Las noticias que llegaban del Atlántico norte eran terriblemente desalentadoras para Gran Bretaña. El Hood había sido hundido y el Bismarck mantenía en jaque a buena parte de la marina británica. No obstante, el Bismarck no había salido ileso de sus enfrentamientos, pues el castillo de proa estaba anegado y el petróleo brotaba de un depósito fracturado. Para colmo de males, antes de zarpar, el Bismarck, por un error, no había sido aprovisionado con el suficiente combustible.


Tanto el capitán Lindemann como el almirante Lütjens buscaban una forma de salvar al Bismarck. Así pues, tomaron la decisión de dirigirse a Saint Nazaire, un puerto francés situado en la desembocadura del río Loira.


Los británicos no cesaron en su empeño y el Suffolk, el Norfolk y el castigado Prince of Wales continuaron con la persecución. También, partiendo desde Gibraltar, una fuerza compuesta por un portaaviones, dos cruceros y seis destructores se unió a la cacería.


Mientras el Bismarck perdía combustible, los alemanes decidieron dividir sus fuerzas. El Prinz Eugen trataría de ser reabastecido por un petrolero mientras que el Bismarck continuaba con su travesía hasta Saint Nazaire para ser reparado. Así, el Prinz Eugen logró arribar a Francia, pero el Bismarck estaba a punto de sufrir una suerte terrible.


Los aviones biplanos Swordfish, despegando del portaaviones Victorious se lanzaron sobre el Bismarck. Enfrentándose a un muro infranqueable de fuego antiaéreo, solo uno de los aviones logró alcanzar el acorazado alemán. Sin embargo, los daños fueron escasos. A pesar de la intensidad del fuego antiaéreo, ningún avión fue derribado y los Swordfish regresaron al Victorious.


El Bismarck logró zafarse de sus perseguidores durante 31 horas, hasta que volvió a ser descubierto por un hidroavión Catalina. Los aviones Swordfish abandonaron el portaaviones Ark Royal para dar cuenta del Bismarck.

Los cazabombarderos Swordfish despegan del portaaviones Ark Royal.


Una vez más, los aviones británicos se encontraron con un torrente de fuego antiaéreo. En semejantes condiciones, se antojaba imposible destruir el Bismarck. Cuando todo parecía imposible, dos torpedos lanzados desde los Swordfish impactaron contra el Bismarck. Uno de los torpedos había logrado inutilizar el aparato que permitía gobernar el acorazado.


La tripulación del Bismarck peleaba inútilmente por recuperar el control del barco y los destructores británicos aparecieron para dar cuenta del buque alemán. Los cañones del Bismarck no lograban acabar con los destructores, mientras que los torpedos británicos tampoco impactaban contra el acorazado.


Eran las 08:45 horas cuando dos acorazados, el King George V y el Rodney, entablaron combate con el maltrecho Bismarck. Batiéndose con valentía, los marineros alemanes respondieron al fuego británico, pero los cañones del Bismarck dejaron de tronar a las 09:31 horas.


Escasos de combustible, muchos buques de la Royal Navy se vieron obligados a abandonar el escenario del combate. Por todo ello, se ordenó al Dorsetshire que diese el golpe de gracia al Bismarck.


Así pues, los alemanes dictaron la sentencia de muerte del Bismarck cuando encendieron las cargas de autodestrucción. Tras escorarse y zozobrar, el Bismarck, orgullo de la Marina alemana, terminó por hundirse un 27 de mayo de 1941.

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