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La primera ofensiva italiana en el norte de África

Los sueños de Mussolini pasaban por conquistar Egipto y emular los éxitos militares alemanes en Europa. Para ello, las fuerzas italianas debían atacar desde Libia y derrotar a las tropas británicas que defendían Egipto. Sin embargo, la primera ofensiva italiana iba a demostrar que el ejército de Mussolini no estaba preparado para combatir a los británicos.

En el año 1935 y los italianos disponían de unos 20.000 hombres en sus posesiones en Libia. A raíz de la guerra en Etiopía la presencia militar italiana fue aumentando progresivamente.


Por otra parte, el material del que disponían los italianos no era demasiado fiable. Los carros Fiat Ansaldo de 3 toneladas eran terriblemente vulnerables y estaban únicamente armados con ametralladoras. Solo con el estallido de la guerra en julio de 1940 llegaron a Libia los tanques M11/39, que también presentaban importantes deficiencias en el plano mecánico. La aviación italiana también estaba anticuada y carecía del mantenimiento apropiado, sin olvidar que carecían de armas antiaéreas y antitanque decentes.


Los italianos habían planeado atacar a los británicos en Egipto, con la ciudad de Alejandría como objetivo, mientras que en el oeste jugarían un papel defensivo ante las tropas francesas estacionadas en Túnez. Para ello, se enviaron importantes contingentes de refuerzo a Libia. Pese al incremento del número de hombres, la calidad del material italiano continuaba dejando mucho que desear.


Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939, Italia se declaró no beligerante, pero su presencia militar en Libia continuó aumentando. Así, en agosto de 1939 las fuerzas italianas consistían en 300.000 hombres, por los 85.000 que eran capaces de desplegar los británicos en Oriente Medio.


Ante el despliegue italiano, el general Wavell, al frente de las tropas británicas, se encargó de preparar Egipto como si se tratase de una gran base logística. Tan solo unos 36.000 hombres defendían Egipto, escasos de carros de combate. De entre las fuerzas británicas sobresalía la 7ª División Acorazada, aunque también contaban con la 4ª División india y una división de Nueva Zelanda, a lo que había que añadir 14 batallones británicos de infantería y dos regimientos de artillería.


Con la entrada de Italia en la guerra, el general O’ Connor fue puesto al frente de la Western Desert Force. Estos soldados eran capaces de moverse por el desierto con gran maestría, pues estaban excelentemente adiestrados. Así pues, O’ Connor estableció su cuartel general en Mersa Matruth, a aproximadamente 80 kilómetros de la frontera entre Egipto y Libia.


Conscientes de la penetración italiana en Egipto, las fuerzas de la 7ª División Acorazada comenzaron a hostigar a las tropas italianas. Llegado el 14 de junio de 1940, los italianos tomaron Fort Capuzzo, para abandonar la posición poco después. Los primeros enfrentamientos se estaban saldando con resultados muy favorables para los británicos.


Para poder superar la depresión de las costas de Egipto, era necesario atravesar los pasos de Halfaya y Sollum, mientras que al sur se debía marchar a través de la pista de camiones de Bir Sofafi. Así, mientras tres divisiones marchaban por el norte, la agrupación Maletti atracaría desde el sur. Todo dependía de lo rápido que pudiesen capturar el puerto egipcio de Mersa Matruth.


El 13 de septiembre de 1940 comenzó la ofensiva italiana. Las escaramuzas emprendidas por las tropas británicas causaron un importante desgaste en las fuerzas italianas, peor entrenadas para combatir en el desierto. El concepto de “guerra célere” italiano parecía una utopía y los hombres del mariscal Graziani terminaron por detener su ataque y fortificarse en un enclave conocido como Sidi Barrani.

Tanques italianos en Sidi Barrani.


Con Graziani detenido en Sidi Barrani, Wavell era consciente de que debían pasar a la ofensiva. Los británicos enviaron material y refuerzos para que Wavell emprendiese un decidido ataque.


De este modo, con las tropas de Wavell bien abastecidas y equipadas, los británicos, en medio del más absoluto secreto, se prepararon para lanzar un demoledor contraataque. Además, una nueva arma había llegado al desierto. Se trataba del carro de combate Matilda.


Cerca de Mersa Matruth se congregó la 1ª Fuerza de Adiestramiento, que en realidad eran las tropas que debían contratacar. Una vez más, el general O’ Connor estaría al mando de la fuerza de ataque.


El 7 de diciembre de 1940 los británicos y sus aliados de la Commonwealth se pusieron en marcha sin ser descubiertos. La 7ª División Acorazada debía marchar hacia el oeste con la misión de envolver todos los campos fortificados italianos, la 4ª División atacaría al norte de la 7ª Acorazada, mientras que la Selby Force, una agrupación de infantería, tanques y artillería, marcharía hacia Sidi Barrani, que debía ser bombardeado por la Armada británica.

Prisioneros italianos en Sidi Barrani.


La 4ª División india logró alcanzar la retaguardia de las posiciones fortificadas italianas en Nibeiwa, mientras que los tanques de la 7ª División Acorazada arrollaron a las fuerzas italianas. Los nuevos Matilida se habían mostrado muy efectivos ante los cañones y los tanques italianos. Para mayor desgracia de Graziani, miles de sus hombres habían sido hechos prisioneros. No obstante, la Selby Force fue incapaz de cumplir con los objetivos establecidos, pues una tormenta de arena se lo impidió.


La 7ª División Acorazada continuó causando estragos en las filas italianas, capturando miles de prisioneros y numerosas piezas de artillería. Con el desmoralizado ejército de Graziani en retirada, las tropas italianas se guarecieron en la fortaleza costera de Bardia (Libia).


Con la llegada de la 6ª División australiana, los aliados pudieron volver al ataque, alcanzando una espectacular victoria en Bardia, atacando con sus tanques Matilda en vanguardia. Unos 45.000 italianos habían caído prisioneros en Bardia.


El siguiente objetivo pasó a ser la estratégica ciudad portuaria de Tobruk y el 22 de enero de 1941 los aliados conquistaron Tobruk. Ante semejante desastre, los italianos se batían en retirada rumbo a El-Agheila.


La 7ª División Acorazada, avanzando velozmente a través del desierto, marchó para cortar la retirada enemiga, llegando a Beda Fomm. Los británicos, pese a hallarse en inferioridad numérica, pelearon encarnizadamente contra los italianos. Una vez más, los Matilda se mostraron muy superiores a los tanques italianos. Así, el ejército italiano no logró romper el bloqueo británico y sufrió una estrepitosa derrota en Beda Fomm.


Pese a la arolladora victoria británica en Beda Fomm, Churchill, preocupado por la situación militar en los Balcanes, ordenó trasladar parte de las tropas de África a Grecia. Cumpliendo con el mandato del primer ministro Churchill, el general O’ Connor detuvo su avance.


Ante el colosal desastre de sus aliados italianos en África, Hitler decidió que Alemania debía tomar cartas en el asunto. El general Erwin Rommel fue enviado a Libia al frente del Afrika Korps para detener la debacle italiana.

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