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Malta, una isla asediada por la Luftwaffe

Mayo 06, 2019

Los sueños de Mussolini embarcaron al ejército italiano en dos empresas fatales: la conquista de Grecia y la invasión de Egipto. Ambas campañas supusieron un esfuerzo colosal e inútil para una Italia a la que no le entusiasmaba combatir en la Segunda Guerra Mundial. En la guerra que mantenía Italia en el Mediterráneo, una estratégica isla iba a convertirse en un quebradero de cabeza para el Eje: se trataba de Malta.

Con la entrada de Italia en la contienda, las defensas de Malta eran insuficientes. La pequeña isla contaba con 68 piezas antiaéreas y disponía de nueve aviones biplanos, todos ellos obsoletos. Así, la aviación británica en Malta contaba con los viejos Swordfish y los cazas Gloster Gladiator.


Para brindar mayor protección a la isla, se enviaron cazas Hurricane y biplanos Swordfish. Ya en septiembre de 1940 también se aprovisionó la isla con un convoy de buques mercantes.


La guerra continuó de manera desfavorable para Italia, pues los británicos infligieron un golpe devastador a la flota italiana en el ataque a Tarento. Ante el desarrollo de los acontecimientos, Hitler, preocupado por las sucesivas derrotas italianas, decidió tomar cartas en el asunto.


En diciembre de 1940 el X Fliegerkorps fue enviado a la cercana isla de Sicilia, dotado de cazas Messerschmitt y cazabombarderos Stuka. Estamos hablando de aproximadamente 400 aviones.


Por el contrario, las fuerzas británicas se habían establecido en los aeródromos de Takali, Hal Far, Luqa y Malta. Entre su flota aérea, los defensores contaban con 16 bombarderos Wellington, 12 biplanos Swordfish y 16 cazas Hurricane, a los que se tenía previsto añadir otros 16 cazas más. Todo ello sin olvidar que también tenían a su disposición unos pocos bombarderos Martin Maryland.

Los alemanes buscaban hacerse con el dominio de los cielos para poder trasladar al Afrika Korps hasta Libia por las aguas del Mediterráneo. Por ello, las bases británicas en Malta eran una amenaza que debía ser eliminada.


En enero de 1941 la situación se en Malta se recrudeció. A los ataques aéreos italianos se sumó la Luftwaffe y el 10 de enero de 1941 los Stukas causaron importantes daños en el portaaviones británico Illustrious. A duras penas, el portaaviones británico pudo ser reparado y escapar para ser reparado en un puerto más seguro.


Con la llegada de febrero, los bombardeos se hicieron más intensos sobre la isla y los británicos decidieron retirar los bombarderos Wellington. Por su parte, los combates hicieron mella en la fuerza de cazas Hurricane, mermada hasta contar únicamente con ocho aeronaves. De este modo, el Afrika Korps de Rommel pudo ser transportado sin problemas hasta Libia.


Con el Afrika Korps ya desplegado en Libia y el X Fliegerkorps prestando apoyo aéreo en la campaña de los Balcanes, la intensidad de los ataques disminuyó. Los británicos aprovecharon el respiro para reforzar sus defensas y enviar los bombarderos a la isla.


Los convoyes británicos que abastecían a las tropas en Egipto debían dar un gran rodeo al continente africano, mientras que el Eje podía navegar directamente a través del Mediterráneo. Si bien es cierto que la presencia de bases aéreas británicas en Malta permitió hundir buena parte de los buques y suministros del Eje, contribuyendo a equilibrar la situación.


Lastrados por las pérdidas sufridas, los alemanes concentraron sus ataques sobre Malta, comenzando una dura campaña de bombardeos el 4 de diciembre de 1941. Incluso se llegaron a trazar planes para poner en marcha una invasión de la isla, conocida con el nombre de Operación Hércules.


La Regia Aeronautica y la Luftwaffe gozaban de una notoria superioridad numérica y los británicos comenzaron a sufrir preocupantes pérdidas. En febrero de 1942 tan solo 11 cazas Hurricane estaban en condiciones de combatir, mientras que las instalaciones navales en Malta habían sufrido importantes daños.


Llegaron cazas Spitfire para aliviar la presión que padecían los defensores, pero buena parte de estos aviones fueron destruidos en tierra. El personal de tierra se empleó a fondo para reparar los aviones y las pistas de aterrizaje dañadas y en marzo los combates aéreos se intensificaron.


La situación en Malta era muy dura, sus ciudades y pueblos habían sido destruidos, los civiles perecían a causa de los bombardeos y los alimentos escaseaban. En reconocimiento a la valentía del pueblo maltés, el rey Jorge VI le entregó la Cruz de Jorge a Malta.


Dando por ganada la batalla de Malta, los alemanes enviaron sus aviones a Rusia y África, dando un respiro a los malteses y al personal militar británico. Sin embargo, los británicos lograron enviar refuerzos, aumentando su fuerza de cazas Spitfire hasta unos 300 aparatos.


Por su parte, Rommel, tras derrotar al 8º Ejército británico en la batalla de Gazala conquistó Tobruk. La caída de tan importante enclave le permitió capturar cuantiosos suministros, por lo que se determinó que Malta ya no era un objetivo tan importante. De este modo, las tropas que debían participar en la invasión de Malta fueron enviadas a combatir al norte de África.


Abastecer Malta desde el mar se tornó una empresa muy complicada, pues solo una parte de los convoyes podía llegar a puerto con los tan necesarios suministros. La Royal Navy continuó pugnando por abastecer Malta, poniendo en marcha la Operación Pedestal. En el transcurso de la operación fueron hundidos el portaaviones Eagle, dos cruceros, un destructor y nueve cargueros. Solo cinco mercantes lograron arribar a La Valletta, aunque su valiosa carga resultó vital para poder proseguir con la defensa de la isla.


El tiempo corría en contra de los malteses, la isla continuaba bajo asedio y las provisiones empezaban a escasear. Que Rommel estuviese atascado en El Alamein no se traducía en un alivio de sus penurias. Finalmente, el 19 de noviembre de 1942, cuando quedaban provisiones para menos de quince días, un convoy llegó a puerto con suministros.


Nuevamente los combates aéreos ganaron en fiereza, en especial cuando el Eje trató de abastecer a las tropas de Rommel enviando convoyes a través del Mediterráneo. La Royal Air Force hundió numerosos buques y derribó un buen número de aviones enemigos. Sin duda, las fuerzas aéreas británicas habían jugado un papel determinante en la destrucción del Afrika Korps.


Con los ejércitos del Eje vapuleados en El Alamein y en retirada, se redujo el número de ataques a Malta. Los bombardeos comenzaron a disminuir en mayor medida sobre todo tras la definitiva victoria de los aliados en África en mayo de 1943. Malta había resistido, siendo un baluarte irreductible que había contribuido notablemente al triunfo aliado en la campaña del norte de África.

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