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Maiwand, la masacre de la columna del general Burrows en Afganistán

Tras la muerte de Dost Mohammed en 1863, Sher Alí ascendió al trono en Afganistán. Sin embargo, Abdur Ramán, que era su sobrino, se opuso a Sher Alí y el propio Sher Alí pidió apoyo al Imperio Ruso. Temerosos de la posible influencia rusa en Afganistán, los británicos volvieron a intervenir militarmente en el país.

Así pues, el ejército del general Frederick Roberts terminó derrotando a las fuerzas afganas en la batalla de Peiwar Kotal, acaecida en 1878. El hijo de Sher Alí, Yakub, negoció con los británicos y acordaron que Sher Alí recibiría un subsidio de 60.000 libras y que un representante británico gozaría de amplios poderes en Afganistán.

Así pues, el representante británico que ostentaba el poder en Afganistán era sir Louis Cavagnari, pero su presencia en el país no fue bien recibida por la población. Obviamente, para los afganos era una humillación el hecho de ser gobernados por un extranjero.

Con el paso del tiempo, los regimientos afganos de Herat fueron a Kabul para realizar una sustitución rutinaria. Para colmo de males, se les debían pagas atrasadas. El 3 de septiembre se les pagó parte de las pagas atrasadas, aunque no a todos. En medio de aquel clima de tensión, se les dijo que los británicos tenían dinero. Así, las tropas de Herat asaltaron la residencia del representante británico. Cavagnari y sus escoltas perecerían como consecuencia del asalto.

Los británicos respondieron con una expedición de castigo en la que el ejército del general Roberts derrotó a los afganos en Charasia el 6 de octubre y entró en Kabul. Los responsables del ataque a la residencia de Cavagnari fueron juzgados y ejecutados. Por su parte, Amir Yakub comunicó a los británicos su deseo de abdicar, aunque pese a dejar el poder, continuaría manteniéndose en contacto con los sectores contrarios a la presencia británica.

Roberts recibió órdenes de permanecer en Kabul y sus tropas se instalaron en el cuartel fortificado de Sherpur, donde reforzaron las defensas. Por su parte, los mullahs, comenzaron a agitar el país, llamando a la población a levantarse contra los infieles británicos que habían ocupado su país. Las revueltas estallaron y el 14 de diciembre los afganos atacaron Sherpur. El resultado del asedio de Sherpur fue funesto para los afganos, pues sufrieron unas bajas espantosas.

Finalmente, los británicos eligieron a Abdur Rahman para gobernar el país. Pero Ayub Khan, hermano de Yakub y gobernador de Herat, defendía su derecho a ocupar el trono. Los británicos, según sus informaciones, sospechaban que Yakub pretendía atravesar el país para llegar a Kandahar y posteriormente alcanzar Kabul.

Ayub Khan

 

Corría el año 1880 y, para llegar a Kandahar, Ayub debía recorrer más de quinientos sesenta kilómetros, por lo que los británicos disponían de mucho tiempo para organizar la defensa. En Kandahar estaban estacionadas dos brigadas de infantería británicas y otra brigada de caballería, mientras que el gobernador de la zona, también llamado Sher Alí, disponía de 6.000 soldados afganos.

Para detener al ejército de Aub, Sher Alí desplegó a sus tropas en Girinshk, en el río Helmund. Su presencia, en lugar de disuadir a los insurrectos, caldeó los ánimos entre la población de la zona. Y es que, los afganos odiaban a Sher Alí por cooperar con los británicos. En vista de aquel ambiente hostil, Sher Alí solicitó ayuda a los británicos, quienes el 4 de junio enviaron una brigada de caballería y otra de infantería al mando del general Burrows.

El ejército británico estaba integrado por el 66º Regimiento de Infantería, salvo dos compañías, el 1º Regimiento de Infantería Nativa de Bombay, el 30º Regimiento de Infantería de Bombay y media compañía de zapadores. La caballería la componían el 3º de Caballería del Sind y el 3º de Caballería ligera, mientras que como apoyo artillero contaban con una batería de artillería montada de seis cañones de cuatro kilos. En total, Burrows disponía de 2.300 hombres.

Las tropas de Sher Alí ya habían sucumbido al pánico ante la cercanía del ejército de Ayub y Burrows les obligó a entregar las armas. Estas tropas se amotinaron y, finalmente, acabaron entregando su artillería a los británicos. Ahora bien, los insurrectos huyeron llevándose las carretas de municiones y los caballos que arrastraban los cañones.

Posteriormente, Burrows se retiró a una posición mejor en Kushk-i-Nakhud. Mientras tanto, la desbandada de las fuerzas de Sher Alí convenció a los afganos de que era un buen momento para unirse a Ayub. Mientras tanto, Burrows recibió una misiva del general Primrose en la que le daba libertad para atacar. Ahora bien, Burrows ignoraba que iba a enfrentarse a una fuerza muy superior en número de unos 25.000 hombres.

Comandantes del ejército de Ayub Khan tras la victoria de su ejército en Maiwand.

 

El 20 de julio las fuerzas de Ayub cruzaron el río Helmand y el 23 ya escaramuceó la caballería de ambos ejércitos. Los hombres de Ayub marchaban a Maiwand para hacerse no solo con Kandahar, sino con Ghazni. Para mayor desgracia de los británicos Burrows tardó en reaccionar y en levantar su campamento de Kushk-i-Nakhud (cosa que hizo la noche del 26 al 27 de julio), a lo que había que añadir que las tropas afganas, más ligeras de equipo, podían desplazarse con mayor rapidez que los británicos.

Pasadas las 10 de la mañana, ambos ejércitos se avistaron mutuamente. Así pues, la batería de artillería comandada por Blackwood fue la primera en combatir.

La disposición británica para la batalla era la siguiente, con las tropas de Fowell en el ala derecha, a 150 metros de una cañada disparando por primera vez sobre las 10:50 horas, mientras que, a la izquierda, los hombres de Maclaine dejaron atrás la cañada y, a kilómetro y medio, abrieron fuego. Los hombres de Osborne fueron sacados de la retaguardia y a seiscientos metros de la cañada, los cañones británicos comenzaron a disparar andanadas. La infantería, salvo una compañía, se ubicó para proteger el abastecimiento ubicado en Mundabad y la caballería de Nuttall se posicionó tras el flanco izquierdo.

Las baterías de artillería británica disparaban sin cesar y la infantería afgana marchaba directa hacia los británicos. Por su parte, los afganos estaban abriendo fuego con 30 cañones.

La primera unidad de infantería en disparar fue el 66º Regimiento de Infantería, desplegado en línea en el lecho seco de un río, abriendo fuego con sus fusiles Martini-Henry. Sobre el 66º Regimiento se cernían interminables oleadas de afganos y, pese a que las descargas de fusilería británica eran muy precisas, siempre había más afganos dispuestos a atacar. Para contener la avalancha, Burrows envió dos cañones en apoyo del 66º Regimiento. La metralla y el fuego de fusilería hicieron estragos en las filas afganas.

El tiempo transcurría, el agua escaseaba y los hombres del 66º de Infantería sudaban tendidos bajo un inclemente sol. ¿Cuál sería el siguiente movimiento de Ayub?

Las maniobras de Ayub, con su caballería y sus fuerzas irregulares de Herat llevaron a Burrows a desplazar a dos compañías de granaderos a la izquierda y a alargar su línea con un par de obuses y un par de compañías armadas con rifles.

Por su parte, la caballería de Nuttall debía proteger la retaguardia, enfrentándose a enjambres de afganos y haciendo un buen uso de sus carabinas. Las tropas encargadas de proteger el avituallamiento británico también sufrieron una fuerte presión desde dos direcciones distintas.

Llegaron las 13:00 horas y el destino de la pequeña fuerza del general Burrows se presentaba desesperanzador. Unos 1.700 hombres respaldados por los soldados encargados de defender los avituallamientos conservaban un pequeño corredor por el que retirarse.

Las tropas afganas de Ayub continuaron ejerciendo más presión y los cañones empezaron ir erosionando a las fuerzas británicas. La artillería de Burrows continuaba disparando y los heridos se retiraban cojeando bajo un sol que caía a plomo. Los más graves eran dejados en un hospital tras la línea británica.

Antes de que diesen las 13:00 horas, el general Burrows ordenó avanzar a dos compañías de fusileros bajo el mando de Cole para hacer frente al ataque principal de Ayub. Burrows ordenó detener el avance de sus granaderos ante las andanadas afganas, que empezaron a causar bajas. Los afganos cayeron sobre los hombres de Burrows que fueron detenidos por las precisas descargas de fusilería de las tropas indias y por la artillería.

Pero los cañones de ánima lisa de Burrows se quedaron sin municiones hacia las 13:30 horas. Por ello, se les ordenó retirarse. Al ver a la mitad de los cañones británicos abandonando el campo de batalla, los afganos se envalentonaron.

Llegadas la 14:00 horas, los afganos se aproximaron a los británicos cubriéndose gracias a las ondulaciones del terreno. Las bajas empezaban a ser preocupantes en el ejército de Burrows y la fatiga, la sed y el calor mermaban la resistencia de las tropas británicas e indias.

Después de un inquietante silencio que tuvo lugar sobre las 14:00 horas, una marabunta de afganos se lanzó sobre los soldados del 66º Regimiento de Infantería. A pesar de las descargas cerradas de los británicos y del intenso cañoneo de la batería que le quedaba a Burrows, el asalto afgano, cerca de la catástrofe, cayó con arrolladora y letal furia sobre los hombres del 66º.

Los afganos se aproximaban peligrosamente bajo las descargas de metralla y Slade ordenó retirarse a la artillería, sin embargo, a la izquierda, Maclaine no llegó a escuchar la órden. En un encarnizado combate entre artilleros y afganos, perecieron la mayor parte de los artilleros.

Pese a regresar al combate, Slade decidió finalmente retirarse para con tres cañones cubrir a las tropas diseminadas que se retiraban del combate.

Ante una situación terrible para las fuerzas británicas e indias, el general Burrows ordenó cargar a la caballería de Nuttall. Los soldados de caballería enfundaron sus carabinas, desenvainaron sus sables y galoparon hacia el enemigo. Gracias a la carga de Nuttall se ganó algo de tiempo para permitir la retirada a Mundabad. Exhausta tras cargar, la caballería de Nuttall se dirigió a Mundabad.

Carga de caballería en Maiwand.

 

La catástrofe y la masacre se cernieron sobre un desorganizado ejército británico que se retiraba a Mundabad y al jardín de Khig. Mientras los cañones que le quedaban a Slade hacían lo posible por proporcionar fuego de cobertura, los pertrechos eran abandonados y los afganos asesinaban salvajemente a los heridos que quedaban sobre el campo de batalla.

Tratando de imponer algo de orden en el caos, el coronel Gailbraith agrupó a los hombres del 66º Regimiento en torno al estandarte. Era la última resistencia. En los jardines del recinto amurallado de Khig los soldados del 66º ofrecieron una última y desesperada resistencia mientras, poco a poco, iban cayendo uno tras otro. Sufriendo los disparos de los cañones y las embestidas de los afganos, los británicos del 66º perdieron sus estandartes, quedando solamente en pie once hombres. Estos once británicos decidieron pelear para poder escapar de la matanza. Finalmente, fueron rodeados por la caballería afgana. Luchando como leones, acorralados, terminaron muriendo todos después de llevarse por delante a un buen número de enemigos.

La resistencia de los últimos once en Maiwand.

 

La batalla de Maiwand no sería el final del tormento británico. En medio de una agoniosa retirada a Kandahar solo la artillería mantuvo el orden. Los hombres suplicaban agua, la disciplina brillaba por su ausencia, los heridos eran dejados a su suerte y las carretas cargaban con hombres demacrados y languidecientes. La población también se atrevía a disparar a los británicos en su retirada.

Recibiendo en Kandahar las tristes noticias de la derrota en Maiwand de boca de la caballería de Nuttall, el general Primrose envió una columna en ayuda de los hombres de Burrows. La columna de auxilio terminó encontrando a la derrotada fuerza de Burrows que, después de una retirada de pesadilla, logró ganar la seguridad que le ofrecía Kandahar.

De una fuerza de alrededor de 2.500 hombres, Burrows había perdido a 962 combatientes, sin olvidar los aproximadamente 2.000 caballos y animales de carga abandonados con numerosos suministros a lo que había que añadir los cañones perdidos. Para Ayub, la victoria había sido muy cara, pues había sufrido 1.500 heridos, 1.500 de sus regulares había perecido y entre 3.000 y 4.000 ghazis también habían muerto.

Posteriormente, el 1 de septiembre de 1880, Ayub sufriría una estrepitosa derrota a manos de los británicos durante el asedio a Kandahar. De este modo, con la derrota de Ayub, el poder en Afganistán quedó en manos de Abdur Rahman y los británicos abandonaron el país. Ayub volvería a levantarse en 1881 aunque terminó siendo derrotado por Abdur Rahman.

 

 

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