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Bonos de guerra, financiando la causa

¿Cómo pudo hacer frente Estados Unidos al colosal coste económico que supuso la Segunda Guerra Mundial? Cada día de guerra suponía 250 millones de dólares de la época y 175.000 dólares cada minuto.

Había que proporcionar carros de combate, aviones, buques de guerra, uniformes, suministros médicos, municiones y alimentos a millones de soldados que combatían contra el Eje desde una Europa en ruinas hasta las inhóspitas islas del Pacífico.

Por aquel entonces, un sueldo de unos 1.700 dólares garantizaba un estilo de vida confortable a una familia de cuatro personas. La gran pregunta era quién debía pagar el coste de la guerra. Así, el gobierno de los Estados Unidos tenía dos opciones: subir los impuestos o seguir las tesis del secretario del Tesoro Henry Morgenthau, que proponía obtener el dinero de aquellos ahorradores americanos que quisieran contribuir voluntariamente a la causa.

El secretario del Tesoro de los Estados Unidos Henry Morgenthau

 

Bien es cierto que no era la primera vez que Estados Unidos emitía bonos para financiar una guerra, pues en la Primera Guerra Mundial ya emitió los denominados Liberty Bonds.

Finalmente, se impusieron las ideas de Henry Morgenthau. Para ello se optó por emitir los denominados bonos de defensa, que terminarían llamándose bonos de guerra y que ofrecían una rentabilidad del 2,9% a 10 años.

Estos bonos de guerra eran títulos emitidos por el Estado para poder financiar el coste que suponía la participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. De este modo, empresas y ahorradores particulares prestaban dinero al Estado a cambio de unos intereses. Cabe señalar que la duración de los bonos podía ser a corto, medio y largo plazo.

No obstante, el gran riesgo de invertir en bonos de guerra consistía en que Estados Unidos perdiese la guerra o que, al terminar la misma, el Estado se encontrase en una situación de deterioro económico tan grave que no pudiera devolver las cantidades prestadas ni pagar los intereses prometidos.

Tratando de buscar un modo razonable de financiar la contienda, las emisiones de bonos debían cumplir las siguientes condiciones: no suponer un peligro para la inflación, ofrecer bonos que se adaptasen a las características de cada tipo de inversor y que el Estado asumiese unos costes de financiación dentro de unos niveles aceptables.

Cartel de propaganda que anima a comprar bonos de guerra

 

Con la finalidad de proteger a los pequeños ahorradores, el Tesoro de los Estados Unidos les proporcionó una garantía de reembolso. Esto suponía que, el Tesoro podía devolver una determinada cantidad en efectivo en caso de verse en una situación de incapacidad para pagar la totalidad de la deuda.

En lo que respecta a los costes de la financiación, la Administración estadounidense, optó por eliminar a los intermediarios de las transacciones. No habría bancos ni entidades financieras que intervinieran en las compras de bonos. Sería una relación directa entre el Estado y sus ciudadanos. Para ello, Estados Unidos puso en funcionamiento los comités de la War Finance Division, en la que tomaron parte más de seis millones de norteamericanos.

Un ambiente festivo rodeaba a las campañas de bonos. Banderas, música, espectáculos en teatros, publicidad en cómics y periódicos e incluso grandes estrellas de Hollywood se volcaron en la causa. Incluso los tres marines de la mítica fotografía en la que se iza la bandera estadounidense en Iwo Jima tomaron parte en una de las giras de bonos de guerra.

Clasificados como “serie E” estos instrumentos financieros terminaron siendo conocidos como bonos de guerra y gozaron de una amplísima difusión. De hecho, el mismísimo presidente Franklin Delano Roosevelt adquirió bonos de la primera serie de manos del propio secretario del Tesoro Henry Morgenthau.

Hubo un total de ocho emisiones de bonos en las que el pueblo estadounidense y sus empresas se volcaron de manera más que entusiasta. La primera campaña, que tuvo lugar entre el 30 de noviembre de 1942 y el 23 de diciembre de 1942, logró recaudar 13.000 millones sobre los 9.000 millones planificados. La tendencia fue en aumento y la segunda gira de bonos logró recaudar 18.500 millones de dólares.

Incluso cuando la guerra entraba en sus fases finales, como sucedió con la exitosa séptima gira en 1945, se batieron cifras récord, logrando una recaudación de 26.000 millones de dólares. Así pues, al concluir las ocho giras de bonos, se habían recaudado un total de 186.000 millones de dólares.

De este modo, gracias a las ideas del secretario del Tesoro Henry Morgenthau, los estadounidenses contribuyeron de manera voluntaria y apasionada, evitando medidas menos populares como las subidas de impuestos.

Cartel promocionando bonos de guerra para la séptima gira

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