Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Irán se posicionó como un país neutral. Sin embargo, desde los años 30 existían fuertes recelos en el país, pues su población estaba hastiada del sometimiento al Imperio Británico.
Pese a la caída de Francia en 1940, había pequeños y valientes grupos de resistentes dispuestos a combatir a los alemanes. Si bien al principio se trató de una resistencia débil, su papel pasó a ser más activo a medida que se aproximaba la fecha para el desembarco de Normandía.