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A la caza del acorazado Bismarck

A finales de 1940 los estragos que causaban los alemanes en los convoyes aliados en el Atlántico empezaban a hacerse notar. Sin embargo, el almirante Raeder, de la Kriegsmarine, creía que era el momento de ejercer una presión más asfixiante sobre los británicos. Así pues, se decidió atacar las rutas comerciales británicas con barcos de superficie. Fue entonces cuando entraron en liza los cruceros Scharnost y Gneisenau, el Prinz Eugen y el temible acorazado Bismarck.

Rubén Villamor nos traslada a episodios desconocidos de la Gran Guerra en su libro La Primera Guerra Mundial en el Pacífico

La Primera Guerra Mundial se asocia con un conflicto marcado por sangrientos enfrentamientos en las trincheras. Inmediatamente, el conflicto se asocia con escenarios como Verdún, El Somme o Passchendaele. Sin embargo, lejos de Europa, el gran reñidero de la contienda, en el Pacífico, se libraron enfrentamientos de menor envergadura, pero no por ello irrelevantes. Y es que, el historiador Rubén Villamor, tras un minucioso trabajo de documentación, ha llevado a cabo un magnífico ensayo en su obra “La Primera Guerra Mundial en el Pacífico”.

Ataque nocturno sobre Bruneval, los paracaidistas británicos roban el radar de Hitler

Con Europa en manos de los nazis, una de las pocas alternativas que les quedaban a los aliados eran los bombardeos aéreos. Sin embargo, a finales de 1940, el número de bombarderos derribados por los alemanes aumentó de manera preocupante. Era evidente que los alemanes disponían de una tecnología que les permitía detectar a los aviones británicos.