La Ahnenerbe nazi, una especie de secta paracientífica integrada en las SS y creada por Heinrich Himmler, recorrió el mundo buscando el origen de la raza aria, reliquias y objetos de poder como la lanza sagrada, la piedra de Scone y el grial. De hecho, las fuentes de la Ahnenerbe y en las teorías de Otto Rahn, estudioso del esoterismo y de los mitos medievales, llevó a los nazis a España, donde pretendían encontrar el grial.
Así, Otto Rahn sostenía que el castillo cátaro de Montsegur, situado en cerca de los Pirineos, podía haber sido el lugar donde se hallaba el grial. Pero el exterminio de los cátaros y, el virolai, himno de la abadía de Montserrat, que mencionaba “la mística fuente de agua de la vida”, hicieron creer a los nazis que el grial había sido trasladado y se hallaba en la mismísima Montserrat.

La abadía de Monserrat.
Durante su visita a la ciudad de Barcelona, Himmler insistió en visitar Montserrat. El 23 de octubre de 1940, acompañado por 25 oficiales de las SS se presentó en la abadía benedictina de Montserrat. Entre los hombres que los oficiales de las SS que le acompañaban se encontraba el influyente jefe de estado mayor Karl Wolff y el general Günter Alten, jefe del diario de las SS Schwarze Korps.
Los abades, que eran los padres Marcel y Escarré, se negaron a recibir a Himmler por su marcado anticristianismo. Así pues, el encargado de recibir a Himmler fue el padre Ripoll, que hablaba alemán. De hecho, el padre Ripoll sentía aversión por el nazismo y Himmler era un notorio anticlerical, lo que hizo de la visita un encuentro tenso.
Himmler se negó a visitar la basílica, pues su verdadera intención era visitar las grutas bajo la iglesia y la montaña. El padre Ripoll rechazó sus peticiones. El Reichsfuhrer de las SS insistió en examinar los documentos del monasterio relacionados con el cáliz y el padre Ripoll aseguró que ellos no tenían nada que ver con el Grial.
En medio de un ambiente impregnado por la tensión, Himmler se negó a besar la imagen de la virgen de Montserrat y mostró desinterés por las reliquias del monasterio. De hecho, mientras visitaba el museo del monasterio, Himmler se fijó en los restos de un guerrero de grandes dimensiones y dijo que se trataba de un guerrero nórdico. El padre Ripoll replicó que se trataba de un íbero y Himmler respondió que los íberos procedían del norte de Europa.
Himmler no buscaba un grial cualquiera. Su concepción estaba muy alejada del grial que había recogido la sangre de Jesucristo.
De hecho, creía que la tradición del grial estaba contaminada desde la Edad Media por religiones como el judaísmo y el cristianismo.
El Reichsfuhrer de las SS quería recuperar las leyendas del grial relacionadas con las tradiciones nórdicas y célticas. Por ello tomó el concepto de grial de autores medievales como Chrétien de Troyes y Wolfram von Esenbach. En las obras de ambos autores no existía una descripción nítida de lo que era el grial, pero sí que decían que podía quitar la vida, causar heridas y desapariciones de las personas indignas o incluso conceder innumerables bienes.
En la mitología céltica y en la nórdica, el grial, como copa, caldero o recipiente mágico, devolvía a la vida a los guerreros muertos, eso sí, sin la facultad de poder hablar, para evitar que pudieran desvelar los secretos que habían visto en el otro mundo.
De hecho, la leyenda decía que el grial y la lanza actuaban conjuntamente. Así, la lanza era un arma de incalculable poder que incluso podía causar daño a quien la utilizaba si no poseía los conocimientos necesarios. Se decía que la lanza tenía un poder de destrucción tal que podía aniquilar a ejércitos enteros.
Durante la visita de Himmler al Museo Arqueológico Nacional de Madrid, el líder de las SS prestó especial atención a los mapas de las invasiones bárbaras de la península ibérica, así como también pidió copias de ciertos materiales allí expuestos.

Himmler durante su visita a Madrid.
De hecho, Himmler también fue invitado a una visita a la necrópolis visigoda de Castiltierra, en la provincia de Segovia. Debido a la intensa lluvia, Himmler no llegó a acudir personalmente a Castiltierra, pero sí varios arqueólogos nazis. Curiosamente, los hallazgos de las excavaciones de Castiltierra fueron enviados a Alemania para ser examinados, aunque terminó convirtiéndose en un expolio por parte de los alemanes.
Todo ello se debía al interés de Hitler por establecer vínculos entre el norte de Europa y la península ibérica. De hecho, esta relación pretendía reforzar las tesis nazis sobre la historia de la raza aria. De hecho, en lo relativo a Castiltierra, tanto el comisario general de excavaciones, el falangista Julio Martínez Santa-Olalla, como los nazis, buscaban una forma de ideologizar la arqueología y justificar los orígenes arios de Europa.
Más allá del asunto de Castiltierra, el interés de los nazis por los godos fue más que notorio. Prueba de ello fue que al propio Himmler se le encargó dar encontrar las reliquias de los godos como ocurrió con el tesoro del rey Alarico.
En cualquier caso, Himmler, tras concluir su visita a España, regresó a Alemania decepcionado y con las manos vacías.

Himmler visita la ciudad de San Sebastián.