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Trabajadores forzosos en el Muro Atlántico

Abril 04, 2026
La derrota de Francia en 1940 trajo consigo un armisticio que supuso la transformación de las compañías de trabajo de su ejército en grupos de trabajo. Los exiliados españoles que integraban estas compañías terminaron trabajando en la fortificación de las atlánticas en lo que se conoció como el Muro Atlántico.

Con el pretexto de que los trabajadores iban a ser enviados a nuevos lugares de trabajo, los gendarmes y los guardias móviles terminaban entregando al personal de las compañías de trabajo a las autoridades alemanas. De este modo, el régimen de Vichy colaboraba abiertamente con las autoridades nazis, proporcionando trabajadores extranjeros. Junto a los españoles había polacos, franceses, italianos e incluso vietnamitas.

Lo cierto era que la Francia de Vichy que encabezaba Pétain buscaba disminuir el número de trabajadores forzosos franceses a costa de emplear un mayor número de extranjeros.

Phillippe Pétain, líder del régimen filonazi de Vichy.

 

Entre finales de 1940 y la primavera de 1941, los integrantes de estas compañías fueron trasladados a La Pallice. Su labor consistía en erigir una base para los sumergibles alemanes.

La conquista de Europa occidental requería unas sólidas fortificaciones que permitieran defenderla ante un posible desembarco aliado. Por ello, los trabajadores forzosos no iban a construir únicamente bases de submarinos, sino que iban a trabajar en las defensas de la costa atlántica.

Los alemanes pretendían erigir un muro Atlántico con unas 15.000 fortificaciones. Bien es cierto que no logró fortificarse la totalidad de la costa, pero sí se levantaron puntos fuertes que los alemanes conservaron incluso hasta el final de la guerra.

Posición defensiva alemana en la playa Omaha, Normandía.

 

Para los españoles que trabajaron en la construcción del Muro Atlántico fue una experiencia de amargo recuerdo. Por las mañanas, un oficial alemán dedicaba palabras de exaltación a los españoles, admirando el valor mostrado en la Guerra Civil. Sin embargo, no todo eran halagos, pues también se les lanzaban estremecedoras advertencias sobre posibles sabotajes al tiempo que se les instaba a denunciar a los responsables aquel tipo de acciones.

Los españoles fueron destinados a lugares como Saint Nazaire, Lorient, Nantes, Brest y las islas del Canal.

Numerosos trabajadores forzosos murieron mientras se construía el Muro Atlántico. Quienes eran descubiertos saboteando los trabajos de construcción lo pagaban con la vida.

Lo cierto es que estos sabotajes fueron un quebradero de cabeza para los alemanes. Las máquinas estropeadas, la interrupción de la corriente eléctrica o el cemento dañado por la humedad eran algunas de las artimañas utilizadas por los saboteadores.

Las condiciones de trabajo eran verdaderamente espeluznantes. En lugares como Brest, los trabajadores forzosos se hallaban rodeados de alambradas mientras eran vigilados desde torres y seguidos estrechamente por centinelas acompañados de perros. Tanto el personal de las SS como los miembros de la Organización Todt dispensaban un trato cruel a los trabajadores forzosos.

Las condiciones de los trabajos eran penosas. Así, los trabajadores forzosos operaban en andamios a gran altura, utilizando unos explosivos para cuyo manejo apenas habían sido formados. Para hacer aún más mísera su labor, en numerosas ocasiones sufrían los bombardeos aliados mientras trabajaban.

Las demandas alemanas de mano de obra forzosa eran ingentes. Solo en la primavera de 1942, Fritz Sauckel, plenipotenciario general para el despliegue laboral, reclamó 250.000 trabajadores. Si bien en Francia se llevó a cabo una campaña para reclutar trabajadores, solo se presentaron 17.000 voluntarios.

Fritz Sauckel, político nazi y plenipotenciario general para la mano de obra durante los juicios de Nüremberg.

 

Ante el escaso éxito de aquel reclutamiento, el 4 de septiembre de 1942, se implementó una ley que permitía reclutar a todos los hombres y mujeres solteros de entre 20 y 35 años para realizar trabajos forzosos. Todo ello permitió engrosar la mano de obra esclava con otras 240.000 personas.

Las demandas de mano de obra de Fritz Sauckel fueron en aumento, hasta tal punto que, los alemanes llegaron a obtener solo en Francia entre 632.000 y 645.000 trabajadores forzosos.

 

 

 

 

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