Llegado marzo de 1944, las tropas alemanas pusieron en marcha la Operación Margarethe y ocuparon Hungría. El teniente coronel de las SS Adolf Eichmann, uno de los cerebros del holocausto judío, se trasladó a Hungría para encargarse del exterminio de los judíos en aquel país. Entre 550.000 y 565.000 judíos sufrirían persecución a manos de los nazis durante la ocupación de Hungría.

El oficial de las SS Adolf Eichmann, uno de los artífices de la Solución Final.
Desde 1942 residía en la capital húngara el diplomático español Ángel Sanz Briz, donde desempeñaba la labor de Encargado de Negocios de la Embajada. En marzo de 1944, la situación se tornó especialmente peligrosa en Budapest y Sanz Briz asumió el cargo de embajador español en Hungría. Cada día que pasaba, la guerra se aproximaba más a Hungría y la situación política y militar se deterioraba para el Eje.

Año 1938: Hitler a la derecha con el líder húngaro Miklós Horhy situado a la izquierda de la imagen. El almirante Horthy, al frente de Hungría, se mantuvo como aliado de Hitler hasta octubre de 1944, cuando fue depuesto por las tropas alemanas por intentar abandonar el Eje. Horthy permaneció como prisionero en Alemania hasta que fue liberado por las tropas aliadas en 1945. Tras la guerra vivió en el exilio en Portugal hasta su muerte en 1957.
Ángel Sanz Briz recibió informes del holocausto judío desde campos de concentración como Auschwitz. Entre dichos informes cabe destacar el Vrba-Wetzler, elaborado por dos prisioneros judíos confinados en Auschwitz, que detallaron los procedimientos de exterminio aplicados por los nazis.

Judíos húngaros llegan al campo de concentración de Auschwitz en 1944.
Como consecuencia de aquellos informes, Ángel Sanz Briz puso al corriente al gobierno de Franco, claramente afín a la Alemania nazi. Desde Madrid no hubo reacción a la estremecedora información enviada por Sanz Briz.
Así pues, Ángel Sanz Briz decidió actuar por cuenta propia. Valiéndose de una ley promulgada en 1924 pretendía salvar a numerosos judíos del holocausto. Dicha ley establecía que los judíos sefardíes, expulsados de España en tiempos de los Reyes Católicos, tenían derecho a la nacionalidad española. Sin embargo, aquella ley hacía tiempo que había quedado sin efecto. Pese a todo, Sanz Briz se las arregló para persuadir a los nazis y a sus aliados húngaros.
En un ambiente marcado por el peligro que representaban los bombardeos, las tropas nazis y las unidades de la Cruz Flechada húngara, Sanz Briz se las arregló para sobornar a los funcionarios magiares y refugiar a los judíos.

Judíos asesinados por miembros de la Cruz Flechada en el patio de la sinagoga de la calle Dohány.
Según relata el propio Sanz Briz, consiguió que el gobierno húngaro le autorizase a proteger a 200 judíos sefardíes, lo cual transformó en 200 familias y dichas familias se multiplicaron sucesivamente. De este modo, Sanz Briz fue proporcionando pasaportes a los judíos húngaros.
Para proteger a los judíos de las tropas nazis y de la Cruz Flechada, el diplomático español alquiló 11 casas que pasaron a formar parte oficialmente del territorio de la embajada española. Los refugiados vivían en medio de duras condiciones de frío y hacinamiento, pero aquella vida era preferible a caer en manos de las autoridades nazis y húngaras.
Pese a que el gobierno de Franco había demostrado claras simpatías hacia la Alemania nazi, el 24 de octubre, el ministro de relaciones exteriores Lequerica dio instrucciones a Ángel Sanz Briz para extender la protección al mayor número posible de judíos. Hay quienes sostienen que este cambio de postura responde a un afán del régimen de Franco por mejorar su imagen frente a los Aliados.
En diciembre de 1944, con el ejército soviético aproximándose a Budapest, Ángel Sanz Briz recibió instrucciones de abandonar Hungría. Siguiendo dichas instrucciones, el embajador español se trasladó a Suiza.
Si bien Sanz Briz se había visto obligado a dejar Hungría, el italiano Giorgio Perlasca ocupó su lugar. Perlasca, que había colaborado estrechamente con Sanz Briz para proteger a los judíos, se ocupó de ampararlos hasta que las tropas soviéticas conquistaron Budapest. En cualquier caso, las acciones de Sanz Briz permitieron salvar la vida de aproximadamente 5.200 judíos.

Tropas rusas izan la bandera soviética en el Parlamento húngaro en Budapest, 1945.
Asimismo, otros diplomáticos como el sueco Raoul Wallenberg jugaron un destacado papel a la hora de otorgar protección a los judíos perseguidos en Hungría. Y es que, los esfuerzos conjuntos de los diplomáticos de naciones neutrales como España y Suecia permitieron salvar muchas vidas.
Tras la guerra, Ángel Sanz Briz prosiguió con su carrera diplomática y en 1966 Yad Vashem le concedió la distinción de Justo entre las Naciones. Sin embargo, las malas relaciones del régimen de Franco con el gobierno israelí le impidieron acudir a recibir tan importante reconocimiento.

Ángel Sanz Briz en 1969, imagen tomada de los Archivos Nacionales de los Países Bajos y de Spaarnestead Photo.