1-Cuéntanos, ¿cuáles son los pasos que sigues para elaborar un artículo sobre temas históricos? ¿Cómo es el día a día de un periodista especializado en Historia Contemporánea?
No es fácil, pero escribir sobre el tema que a uno le apasiona día tras día es un sueño hecho realidad. Tanto mi compañero –César Cervera- como yo lidiamos durante la semana con dos tipos de temas. Los primeros son los que decidimos nosotros. Estos los hacemos acorde a nuestros gustos (en mi caso, como ya te imaginarás, prima la Segunda Guerra Mundial).
Sin embargo, muchas veces también estamos marcados por la actualidad. Un ejemplo claro de ello se dio hace poco, cuando la policía descubrió en Argentina varios objetos de la Alemania nazi. Otros fueron la muerte de Brunhilde Pomsel (la secretaria de Goebbles) o la subasta de un diario en el que Kennedy dudaba de la muerte de Hitler en el búnker de Berlín. En esos momentos paramos todo y nos dedicamos por completo a la noticia del día. También trabajamos mucho con efemérides, fechas señaladas de batallas…
Los temas reposados son los más reconfortantes, y los pasos siempre suelen ser los mismos para elaborarlos. En el caso de una batalla, y si dispongo de tiempo, lo primero que suelo hacer es informarme sobre si hay algún film o documental que la narre. Si tengo la suerte de que sí, lo veo. Es un acercamiento estupendo al hecho y, aunque en muchos casos no sea verídico al 100% por las libertades que se haya tomado el director, sí es una estupenda toma de contacto y de hacerte una idea general del suceso. Este es un consejo que me dio hace tiempo el historiador Jesús Hernández, mi gran mentor y todo un ejemplo de buenas prácticas en este mundillo de la Segunda Guerra Mundial, y no puede ser más acertado.
Después viene lo duro: acudir a fuentes oficiales, contrastar todo con historiadores reputados, ver mapas de la zona (en el caso de las batallas) para hacerte una idea de cómo fueron… Informarse bien es lo que más tiempo lleva. Muchas veces puede ser desesperante. Por ejemplo, cuando conté la lucha en el bosque de Hürtgen, lo pasé realmente mal para hacerme una idea de cómo habían sido los diferentes movimientos de tropas. Los mapas eran difíciles de interpretar, la información no estaba clara… Pero, cuando terminas el reportaje, ese esfuerzo hace que la satisfacción sea todavía mayor.
2-Cuando investigamos sobre batallas, las cifras, especialmente las de bajas, varían mucho de unas fuentes a otras. ¿Qué podemos hacer para detectar la fuente más fiable?
Ante la duda, lo mejor es usar las fuentes oficiales. En el caso de la Segunda Guerra Mundial es relativamente fácil porque han pasado poco más años de 70 años desde que terminó (una cifra que es pequeña en comparación con otras contiendas). A día de hoy es posible tener acceso, por ejemplo, a informes hechos sobre el terreno en el que los mandos hacen un recuento de las bajas.
Pero una de las cosas que he aprendido después de algunos años es que las cifras a gran escala no suelen ser exactas. Si los datos no están claros, lo explico en el texto y enumero aquellos que más se barajan entre los expertos (atribuyéndoselos siempre a los historiadores de los que haya extraído la información). A veces se nos olvida, pero los periodistas somos meros transmisores de información. Y, si la información es confusa o no hay datos suficientes para ofrecer una cifra absoluta, nuestro deber como profesionales es explicárselo al lector. Eso no quita legitimidad al texto. Al revés. Denota que nos hemos informado por varias fuentes y que no hay un acuerdo entre ellas.
3-¿Te has encontrado con críticas duras a alguno de tus artículos publicados?
Más de una. Al empezar a escribir sobre historia me di cuenta de que causa más polémica que la política. Siempre hay alguien que te discute una cifra, un dato, o te aporta una nueva visión sobre algo. Pero eso es bueno. Las críticas constructivas me permiten crecer como periodista y plantearme las cosas desde una perspectiva diferente.
4-¿Qué es lo que más te satisface de tu trabajo?
Poder dedicarme profesionalmente a aquello que, en su día, hacía por mera diversión. Llegar cada mañana y tener el privilegio de escribir para un diario nacional sobre armamento, batallas y hechos de la Segunda Guerra Mundial especialmente (aunque también de otras épocas) es un verdadero sueño. Si me hubieran dicho al empezar la carrera de periodismo cuál iba a ser mi futuro, no me lo habría creído. Además, motiva mucho saber que cada nuevo reportaje es un reto que hay que superar. Es un desafío porque hay que atraer al lector sin perder rigurosidad en lo que se cuenta.
5-¿Cuál crees que es el acontecimiento clave de la Segunda Guerra Mundial y por qué?
Como amante de unidades como los Rangers o las divisiones aerotransportadas de los Estados Unidos te diría que el Desembarco de Normandía. En él quedó claro que los aliados estaban dispuestos a sufrir un importante número de bajas a cambio de liberar Francia y abrir un segundo frente en Europa para que Hitler se viese obligado a dividir sus fuerzas entre el este y el oeste.
Sin embargo, los soviéticos habían dado antes un duro revés a los nazis en la batalla de Stalingrado. Dentro de esta contienda, en la «Operación Urano» (noviembre de 1942), los rusos lograron contraatacar y cercar al VI Ejército alemán forzando su rendición. Fue un golpe terrible para Hitler. De los 300.000 hombres que formaban este contingente nazi, apenas quedaban en enero 90.000 que, además, fueron tomados como prisioneros. Esta batalla subió la moral a los hombres de Stalin y les permitió iniciar la toma del territorio perdido. A empujar, en definitiva, a los germanos de vuelta a Alemania.
6-Háblanos brevemente de tu batalla favorita.
Mi batalla favorita es más bien una pequeña operación dentro del Desembarco de Normandía: la toma de los acantilados de Pointe du Hoc (ubicados entre las playas de Omaha y Utah). En el Día D, se ordenó a unos 225 Rangers americanos (las fuerzas especiales de la época) desembarcar en este punto y subir escalando un risco de 30 metros de altura. Su misión era de vital importancia debido a que, en lo alto, los alemanes habían ubicado supuestamente 6 cañones de 155 mm que podían destrozar a placer a la infantería preparada para desembarcar. En definitiva, de estos hombres dependía la vida de sus compañeros.
Los soldados del 2º de Rangers desembarcaron en Pointe du Hoc y usaron escalas y cuerdas con garfios disparadas desde sus lanchas como medios para llegar a la cima. Su valentía fue más que encomiable. Con 40 kilos encima (el equipo básico de infantería más alguna que otra carga explosiva preparada para hacer estallar los cañones) estos hombres ascendieron por los acantilados usando solo la fuerza de sus brazos. Y lo hicieron mientras los alemanes les lanzaban de todo: desde fuego de artillería y de fusilería, hasta granadas.
Al final, los Rangers llegaron hasta la cima y tomaron la posición, pero solo para percatarse de que los cañones habían sido desplazados de la zona. Con todo, tuvieron suerte y una pequeña patrulla enviada al interior los encontró y los destruyó poco después. Las bajas fueron muy elevadas. De hecho, cuando llegaron sus refuerzos solo quedaban 90. Fue algo más que épico. Este verano he tenido la suerte de poder ver Pointe du Hoc. Estar en las posiciones defendidas por los alemanes… Y me dio un escalofrío al ver lo empinados y altos que eran los acantilados. Pero, como dijo el general Omar Nelson Bradley en su momento, los Rangers eran «unos cabrones que pueden hacer lo que sea».
7-Como periodista y como divulgador, ¿qué crees que se puede hacer para acercar la Segunda Guerra Mundial al público?
El mayor secreto es el que ponen en práctica a día de hoy autores excelentes como Jesús Hernández o Pere Cardona: contar los hechos a través de anécdotas llamativas. Es mucho más agradable para el lector narrar –por ejemplo- cuál era el objetivo militar de las unidades aerotransportadas del Día D a través de curiosidades y de personajes concretos, que hacerlo de la forma tradicional. Empezar leyendo sobre Francis Sampson (un capellán de la 101ª División que lo primero que hizo al caer en territorio enemigo, y bajo el fuego de mortero, fue buscar el crucifijo y el misal que había perdido en el salto) da pie a contar los datos más «duros» de una forma más entretenida.
Por otro lado, y como dice mi gran amigo el periodista Christian Campos, todo reportaje comienza con un buen titular. El titular tiene que transmitirte de forma visceral cómo fue la batalla. Transportarte de un plumazo hasta la época y narrarte, en esencia, lo que allí sucedió. Debe provocar algo en tu interior que te haga seguir leyendo. Y lograr eso es muy difícil. La mayoría de veces, todo un reto.
8-Para terminar, y después de hablar de tantas guerras y tantos desastres, cuéntanos una anécdota histórica divertida.
La que más me ha llamado la atención es a la vez divertida y triste. Es la historia de Marianne Elise, una viuda de guerra alemana que, mientras trabajaba en una fábrica de armas germana, contó el siguiente chiste a sus compañeras: «Hitler y Goering están en la torre de radiodifusión de Berlín. Hitler dice que quiere darles una alegría a los berlineses. A lo que Göring le contesta: ¡Entonces, salta desde la torre!». La broma, por desgracia, le costó acabar frente a un jurado tras ser acusada de derrotista.
Tampoco se me olvidará jamás la obsesión que tenían los británicos en África por los excrementos de camello. Por entonces, entre los carristas alemanes circulaba la leyenda de que pisar una de estas deposiciones daba suerte. Cuando la noticia se hizo popular, los ingleses la aprovecharon y se dedicaron a poner explosivos en los excrementos, o incluso elaborar bombas con su forma. El mismo zoo de Londres les surtió de este material. Ya se sabe, es mejor no ser supersticioso.