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Churchill, vicios, depresiones y virtudes

Junio 30, 2025
Es sobradamente conocido que Churchill era un gran bebedor. Su rutina diaria era la siguiente. Al levantarse se tomaba un vaso de whisky Johnie Walker Black Label rebajado con agua (pues era un método empleado para purificar el agua que aprendió como oficial británico en la India y Sudáfrica). A media mañana bebía un vaso de jerez seco y en el almuerzo una botella de clarete o de Borgoña. Si estaba en Inglaterra no faltaba el oporto después de almorzar o de la cena. Después del oporto, podía llegar a tomar una copa de brandy Napoleón. Al caer la tarde se tomaba un whisky con soda. En la cena le gustaba el champán francés Pol Roger.

La afición por de Churchill por el alcohol no era ningún secreto y, en una ocasión, la diputada Bessie Braddock le recriminó su etílico estado, a lo que Churchill respondió que a él se le pasaría la borrachera al día siguiente, pero que ella seguiría siendo igual de fea.

Winston Churchill en 1943.

 

Cuando en 1950 visitó Arabia Saudí y se sentó a la mesa, se llevó una gran decepción al ver que solo había zumo de naranja. Preguntó por qué no se servía alcohol y se le respondió que la religión musulmana prohibía el alcohol. Churchill contestó que su religión le exigía beber alcohol, antes, durante y después de las comidas.

Igualmente, Churchill era un fumador empedernido que comenzó a fumar a la edad de 20 años. El propio premier británico llegó a calcular que había fumado unos 250.000 puros en su vida. Otras estimaciones cifran en unos 300.000 los habanos fumados por Churchill a lo largo de su vida, quedando una media superior a los 11 habanos diarios.

De hecho, en 1941, el establecimiento en el que Churchill adquiría sus selectos puros fue bombardeado por la aviación alemana. La selecta tienda Dunhill Tobacco, de Duke Street sufrió daños. Consciente de la importancia que daba Churchill a sus preciados habanos, se puso en contacto inmediatamente con el 10 de Downing Street para comunicar al primer ministro que sus puros estaban intactos.

Winston Churchill empuña un subfusil Sten.

 

Más allá del tabaquismo y de su pasión por la bebida, Churchill padeció diversas patologías entre las que destacan la neumonía y la arterioesclerosis. Su salud fue delicada y también sufrió trastorno bipolar y depresión.

Durante su juventud e infancia, Churchill sufrió el abandono y la depresión. El joven Churchill no quería estudiar y era fuertemente reprendido por su padre lord Randolph Churchill por sus malas calificaciones académicas. Su madre, a quien amaba con todo su corazón, ignoraba sus cartas en las que pedía que le visitase al internado.

Winston Churchill durante su infancia.

 

El propio Winston Churchill se refirió a sus etapas depresivas como “el perro negro”. Churchill, consciente de que la inactividad podía agravar su estado de depresión, se volcó en su faceta más creativa. Así, Churchill se volcó en la pintura y en la literatura. Así, Churchill pintó fundamentalmente bodegones y paisajes. De hecho, sus cuadros se vendieron por varios millones de euros. Prueba de ello fue el cuadro de “La torre de la mezquita de Kutubía” (1943), vendido por 9,6 millones de euros. Este cuadro fue regalado por Brad Pitt a Angelina Jolie en 2011, aunque tras su separación fue subastado.

Churchill pintando un cuadro.

 

Churchill también fue un destacado y prolífico escritor, relatando sus vivencias como militar y corresponsal de guerra, así como escribiendo unos magníficos volúmenes sobre la Segunda Guerra Mundial. De hecho, en 1953 se le concedió el Premio Nobel de Literatura por sus brillantes descripciones históricas y por su exaltada defensa de los valores humanos. Sin embargo, Churchill se sintió decepcionado, pues él ambicionaba el Premio Nobel de la Paz.

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