El 23 de agosto de 1939, el ministro de exteriores nazi Joachin von Ribbentrop viajó a Moscú y, una vez en el Kremlin con su homólogo soviético Viacheslav Mólotov, rubricó un pacto de no agresión. Dicho acuerdo implicaba cooperación, garantías de no agresión y sustanciosos intercambios económicos. Por aquel entonces, faltaban pocos días para la invasión alemana de Polonia.

Mapa de Europa antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Aquella misma noche, el mismísimo líder soviético Josef Stalin propuso un brindis por Hitler. Los soviéticos se mostraban satisfechos, pues en su esfera de influencia se incluían territorios como Finlandia, parte de Polonia, Lituania, Estonia, Letonia y Besarabia.
De este modo, la Unión Soviética aumentaba su influencia en Europa Oriental mientras los aliados occidentales y la Alemania nazi se enzarzaban en una fiera lucha en el oeste de Europa.
El Tercer Reich también albergaba sus propios intereses, pues Hitler buscaba que la Unión Soviética les ayudase a romper el bloqueo cuando entrasen en guerra con las potencias occidentales. Asimismo, un pacto temporal con los soviéticos permitiría a Alemania volcarse en su lucha contra Francia y Alemania para sin temor a un enfrentamiento con los rusos. Una vez derrotados los aliados occidentales, podría volcar todo su esfuerzo bélico contra la Unión Soviética.
En septiembre de 1939 se puso en marcha el pacto germano-soviético. Así, el 1 de septiembre de 1939 Alemania invadía Polonia y el 3 de septiembre Gran Bretaña y Francia declaraban la guerra a Alemania. El 17 de septiembre, las tropas soviéticas penetraban en Polonia a través de sus fronteras orientales.

Tropas alemanas invaden Polonia.
En virtud de lo acordado entre nazis y soviéticos, el oeste y el centro de Polonia quedaba en manos alemanas, mientras que la Unión Soviética tomaba el control del resto del país.
En el plano económico, Alemania se benefició de los alimentos y materias primas procedentes de la Unión Soviética. Gracias al Ferrocarril Transiberiano, el Tercer Reich se abastecía de materias primas vitales como el caucho y el petróleo. En este sentido, la oficina del Plan Cuatrienal del Reich calificó la cooperación soviética de decisiva en su campaña occidental. Por su parte, los soviéticos recibieron importantes cantidades de maquinaria y herramientas.
Tal era la dependencia alemana de las materias primas soviéticas que, en 1940, las exportaciones soviéticas de petróleo supusieron el 33% de las importaciones alemanas de petróleo. En el mismo año las exportaciones rusas de fósforo supusieron el 66% de las importaciones alemanas de dicho mineral.
El expansionismo soviético prosiguió y el 30 de noviembre de 1939 el Ejército Rojo atacó Finlandia. Asimismo, la ocupación soviética de los estados bálticos en 1940 fue fruto del pacto germano-soviético. En medio de esta deriva anexionista, la Unión Soviética se hizo con los territorios rumanos de Besarabia y Bucovina del Norte.

Tropas soviéticas ocupan la ciudad de Vilna.
Sin embargo, Hitler había considerado el pacto de no agresión con la Unión Soviética como una táctica de carácter temporal. Con la derrota de Francia, la Wehrmacht se dispuso a trabajar afanosamente en la invasión de la Unión Soviética.
Las relaciones entre alemanes y rusos comenzaron a deteriorarse. Los soviéticos estaban molestos porque Hitler garantizó la independencia de Rumanía y porque las tropas alemanas cruzaron territorio finlandés para atacar Noruega. De hecho, en noviembre de 1940, países como Rumanía y Hungría se unieron al Eje, reforzando el flanco oriental alemán.
También en noviembre de 1940, el ministro de exteriores ruso Mólotov visitó Berlín para establecer negociaciones con el Tercer Reich. Mólotov planteó la posibilidad de que la Unión Soviética se adhiriese al Pacto Tripartito (alianza formada por Japón, Italia y Alemania) como miembro de pleno derecho. Las conversaciones fueron un fiasco y, por aquel entonces, Alemania ya planificaba la invasión de la Unión Soviética.
Los intercambios económicos entre Alemania y la Unión Soviética proseguían, pero los intentos soviéticos por adherirse al Pacto Tripartito fracasaban. Stalin albergaba pretensiones sobre Bulgaria, pero los alemanes habían destacado tropas en el país para la invasión de Grecia. Una vez más, las reclamaciones soviéticas cayeron en saco roto.
Pese al deterioro de las relaciones, los soviéticos continuaron cumpliendo con los compromisos económicos del pacto de no agresión. Mientras las materias primas soviéticas llegaban en abundancia a suelo alemán, los rusos cada vez recibían menos manufacturas alemanas.
El ejército alemán continuó preparándose para un gran ataque a la Unión Soviética, acumulando ingentes cantidades de tropas, aviones y vehículos en las fronteras orientales. Para cuando el 22 de junio de 1941 comenzó la operación Barbarroja, los soviéticos habían proporcionado a Alemania 907.000 toneladas de petróleo y 1.995.400 toneladas de cereales. Irónicamente, habían abastecido a su invasor de unos recursos vitales para emprender una invasión a gran escala.
Mientras los indicios de invasión eran más que evidentes, Stalin actuó con una pasividad inusitada. Los trenes soviéticos abastecieron a Alemania casi hasta el estallido de las hostilidades. De hecho, hubo que esperar hasta la noche del 21 al 22 de junio para que Stalin advirtiese a sus comandantes.

Operación Barbarroja, tropas alemanas invaden la Unión Soviética.