Los intereses geopolíticos y los conflictos dan lugar a alianzas insospechadas. En agosto de 1939, dos regímenes antagónicos como la Unión Soviética y el Tercer Reich suscribieron el denominado pacto Ribbentrop-Mólotov.
Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Irán se posicionó como un país neutral. Sin embargo, desde los años 30 existían fuertes recelos en el país, pues su población estaba hastiada del sometimiento al Imperio Británico.