A comienzos de 1944, los norteamericanos disponían del número suficiente de aviadores como para organizarlos en las Fuerzas Aéreas número 20 y 21. Los aviadores estadounidenses despegaban desde sus pistas en las Islas Marianas en lugares como Tinian o Guam. Los grandes bombarderos estadounidenses también partían desde China, mientras que la India disponía de bases aéreas lo suficientemente grandes como para albergar a los B-29.

Kobe sufre los ataques de un bombardeo incendiario.
Los primeros ataques sobre Japón resultaron muy poco efectivos, como sucedió en un fallido bombardeo incendiario sobre Nagasaki en agosto de 1944. El 20 de agosto de 1944, 18 de 70 bombarderos fueron abatidos en un ataque a Yawata para conseguir un éxito moderado.
Con el objetivo de mejorar la efectividad de los bombardeos, el general LeMay, procedente de la campaña europea, asumió el mando de las flotas de bombarderos en el Pacífico. Pronto comenzó a obtener resultados: en Singapur fue destruida la entrada al puerto, en Rangún fue destruida una estación ferroviaria y en Formosa se alcanzó un almacén de la aviación japonesa.

El general Stilwell a la izquierda con el general LeMay en China en 1944.
Los estadounidenses planificaron objetivos más ambiciosos y el 24 de noviembre de 1944 emprendieron el primer gran bombardeo contra la capital japonesa. El objetivo era la fábrica de motores Mushashina. Si bien los resultados no fueron espectaculares, al menos las pérdidas de bombarderos fueron mucho más reducidas.
En marzo de 1945 los bombarderos ya contaban con la escolta de los cazas Mustang. Sin embargo, los estadounidenses se topaban con importantes dificultades en su campaña de ataques aéreos contra Japón. La necesidad de vastas cantidades de combustible impedía cargar más bombas y arrojar las bombas desde una altura de 30.000 pies limitaba la precisión de los ataques. En vista de ello, se decidió realizar ataques incendiarios a baja altura.
El 10 de marzo se llevó a cabo el primer bombardeo incendiario sobre Tokio. El resultado fue devastador. 16 millas cuadradas fueron arrasadas y más de 100.000 personas perdieron la vida. En este ataque murieron más personas que en los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki.

Sendai arrasada por los bombardeos incendiarios.
Los bombardeos estaban causando un sufrimiento terrible entre la población japonesa, pero LeMay y muchos comandantes estadounidenses estaban dispuestos a arrasar Japón con tal de evitar una sangrienta invasión del país.
Los ataques prosiguieron hasta tal punto que, el 19 de mayo de 1945, tras arrojar unas 10.000 toneladas de bombas sobre Nagoya, Osaka y Kobe, la flota de bombarderos estadounidenses agotó sus bombas incendiarias.

El castillo de Nagoya en llamas como consecuencia de un bombardeo incendiario.
La moral de la población nipona se resquebrajaba mientras sus ciudades ardían. Las casas de madera, papel y paja eran devoradas por el napalm. El perímetro defensivo japonés se estrechaba, quedando el Imperio de Japón cada vez más acorralado. La flota mercantil japonesa había sufrido golpes devastadores y la dieta de los japoneses se situaba en torno a las 1.200 kilocalorías. El temor a los bombardeos estadounidenses provocó que 8 millones de personas abandonasen las ciudades para refugiarse en el campo. Incluso el absentismo laboral aumentó de manera drástica en las fábricas japonesas.
La defensa antiaérea japonesa cada vez podía hacer menos ante los ataques aéreos. El caza de combate japonés Zero hacía tiempo que había dejado de ser el rey de los cielos en el Pacífico. De hecho, los pilotos de la marina estadounidense bombardeaban la industria japonesa despegando desde portaaviones situados a tan solo 175 millas de la costa.

Un P-51 Mustang despega desde la isla de Iwo Jima.