Con el objetivo de subyugar a Japón, el general Curtis LeMay dirigió una campaña de bombardeos aéreos. Para ello, contaba con un arma fundamental: el superbombardero B-29. Los B-29, también denominados Superfortalezas, tenían una autonomía de vuelo de 5.000 millas y podían cargar hasta 2.000 libras de bombas.