Bien es cierto que los alemanes no partieron de cero, pues aún conservaban ciertas fortificaciones de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, se hacía necesario actualizar las defensas, pues la Línea Sigfrido no solo debía permitir contener los ataques franceses, sino que también debía facilitar el paso de las fuerzas blindadas alemanas a través de una serie de corredores.

Soldados estadounidenses descansan sobre las ruinas de la línea Sigfrido en febrero de 1945.
En 1938, con Alemania anexionándose Austria y los Sudetes, cada vez era mayor el riesgo de sufrir un ataque aliado desde el oeste. Por ello, entre 1938 y 1940 se realizaron importantes labores de construcción de búnkeres, casamatas y obstáculos. Así pues, la Línea Sigfrido debía permitir contener a franceses y británicos mientras Alemania se volcaba en la invasión de Polonia.
El 7 de septiembre de 1939 las tropas francesas se adentraron en territorio alemán, pero tuvieron que retirarse hacia sus defensas en la Línea Maginot, pues las defensas erigidas por los alemanes en la Línea Sigfrido no les daban muchas opciones de victoria. En cualquier caso, la guerra demostró que, en aquella etapa del conflicto, Francia no se encontraba en condiciones de invadir Alemania, pues en 1940 ni siquiera fue capaz de defender su propio territorio.
Con la caída de Francia en 1940, Alemania necesitaba defender sus conquistas en Europa occidental. En vista de ello, era fundamental fortificar las costas del Atlántico para protegerse de un posible desembarco aliado. Así, en 1942, importantes cantidades de material defensivo fueron retiradas de la Línea Sigfrido.
La retirada de numerosos materiales de la Línea Sigfrido tuvo sus consecuencias entre agosto y septiembre de 1944. Tras vencer en la batalla de Normandía, los aliados se aproximaban al Reich y los alemanes tuvieron que emplearse a fondo para restaurar las capacidades defensivas de sus fortificaciones.

Una extensa hilera de los denominados "dientes de dragón", obstáculos anticarro de hormigón construidos masivamente a lo largo de la línea Sigfrido.
Hasta 150.000 hombres trabajaron en la construcción de la intrincada Línea Sigfrido. Una tarea tan titánica no solo requería una abundante mano de obra, sino que también implicaba emplear grandes cantidades de maquinaria pesada y de materiales de construcción. Más de 3,5 millones de metros cúbicos de hormigón fueron utilizados para erigir la Línea Sigfrido, todo ello sin olvidar que los trabajos de construcción requirieron el 60% de los compresores y el 40% de las hormigoneras de Alemania. A todo ello había que sumar otras 470.000 toneladas de hierro.
La defensa de la frontera occidental de Alemania no le iba a salir gratis al Reich. El ministro de economía alemán Hjalmar Schacht expresó fuertes quejas ante los aproximadamente 1.000 millones de Reichsmarks que había costado la Línea Sigfrido. Schacht temía que un gasto militar tan elevado provocase un incremento desmedido de la inflación. Y es que, solo entre 1938 y 1939, la Línea Sigfrido absorbía el 9% del presupuesto militar del Tercer Reich.

Hjalmar Schacht, quien se desempeñó como ministro de Economía y presidente del Reichsbank en los años 30.
Hay quienes sostienen que la gran cantidad de materiales y recursos utilizados para construir la Línea Sigfrido podrían haberse empleado para producir más carros de combate, submarinos y buques de guerra.
En cualquier caso, las vastas y sólidas fortificaciones de la Línea Sigfrido permitieron a los dirigentes nazis jactarse de unas defensas impenetrables que los aliados serían incapaces de quebrar.
La zona más fortificada de la Línea Sigfrido era Aquisgrán, guardado por una doble línea de defensa que se encuadraba en el sector de Düren. A diferencia de la Línea Maginot, la Línea Sigfrido era un sistema defensivo mucho más sofisticado.
En medio de aquel entramado defensivo abundaban los búnkeres dotados de ametralladoras, mientras que, las zanjas y dientes de dragón servían como obstáculos para detener a los carros de combate enemigos. Así, los búnkeres con ametralladoras cortaban el paso a través de las vías, mientras que los búnkeres de artillería no eran tan abundantes como en las defensas francesas de la Línea Maginot. Por otra parte, los búnkeres de los observadores de artillería estaban bien comunicados con la retaguardia.
En zonas como Aquisgrán, la densidad de fortificaciones era apabullante. Estamos hablando de unos 60 búnkeres por cada 10 kilómetros. De ahí que a los aliados les llevase varios meses superar el complejo entramado defensivo de la Línea Sigfrido.

Tropas alemanas junto a una fortificación durante la campaña de Aquisgrán.