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En el otoño de 1944, los estadounidenses, con la moral alta tras una importante sucesión de victorias se acercaban a la anhelada reconquista de las Filipinas. Sin embargo, los japoneses no estaban dispuestos a entregar fácilmente un archipiélago vital para sus comunicaciones con el sudeste asiático. Las cartas estaban sobre la mesa, dispuestas para entablar una colosal batalla naval en Leyte.

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