Sin embargo, más allá de estos escenarios clásicos, tuvieron lugar decisivas batallas en remotos frentes que no gozaron de la publicidad que recibieron escenarios como Stalingrado o Montecassino. Precisamente, a través de su obra Batallas desconocidas de la Segunda Guerra Mundial, el historiador Jesús Hernández hace justica a esos soldados olvidados que combatieron en las infectas junglas de Nueva Guinea, vivieron una pesadilla en lugares como Tarawa o que continuaron luchando en la fortaleza de Hutou cuando Japón ya había anunciado su rendición.
Bien es cierto que, como señalaba el historiador Max Hastings en su obra Némesis: la derrota del Japón 1944-1945, los nazis son unos villanos muy comerciales. Pero, merece la pena destacar el esfuerzo realizado por Jesús Hernández para rescatar unas batallas poco conocidas que tuvieron un gran impacto en la contienda. Prueba de ello es el capítulo dedicado a la batalla de Jaljin Gol, donde la derrota nipona provocó a la postre que los militares japoneses se decantasen por expandirse a través del Pacífico combatiendo a los estadounidenses.
Batallas desconocidas de la Segunda Guerra Mundial se articula en diez capítulos dotados de una más que amena estructura narrativa. He de señalar que, a lo largo de este sangriento periplo por Asia y el Pacífico, se percibe la influencia y el apoyo de otro excelente historiador: Rubén Villamor.
A diferencia de otros ensayos donde los acontecimientos quedan reflejados a través de la frialdad de las fechas, localizaciones geográficas y datos estadísticos, Hernández expone el sufrimiento y las penalidades de los soldados soviéticos, japoneses, australianos y norteamericanos. Me han resultado estremecedores los casos de canibalismo en las islas del Pacífico o los rigores de las junglas de Nueva Guinea, donde los soldados batallaban enfermos de malaria y sufriendo las picaduras de insectos y serpientes. No menos espeluznantes son las atrocidades japonesas o la determinación de sus tropas a combatir hasta el exterminio.
Soy de los que piensa que la labor del buen historiador no solo consiste en abordar los acontecimientos históricos desde el rigor, sino en poner rostro a quienes sufrieron las penalidades de la guerra. Pues bien, hay que reconocer que Jesús Hernández ha cumplido a la perfección con esta faceta del buen historiador.
Así pues, sumándome a la causa de Jesús Hernández, les invito a embarcarse junto a los marines en las Islas Gilbert, a combatir en las estepas de Mongolia, a unirse a las tropas soviéticas en el asalto a Hutou y a sobrevivir en las más inhóspitas islas del Pacífico. No se demoren y diríjanse a su librería de confianza para conseguir su ejemplar de Batallas desconocidas de la Segunda Guerra Mundial.
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