Napoleón decía que los ejércitos marchan sobre sus estómagos. Seguramente muchos soldados aliados en el frente de Aquisgrán coincidirían con Napoleón cuando, en septiembre de 1944, sus hambrientos estómagos empezaron a rugir. Aquellos soldados no tuvieron más remedio que echar mano de sus raciones de emergencia, consistentes en duras tabletas de chocolate amargo.