Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Irán se posicionó como un país neutral. Sin embargo, desde los años 30 existían fuertes recelos en el país, pues su población estaba hastiada del sometimiento al Imperio Británico.
La conclusión de los combates en Arnhem y Oosterbeek no supuso el final de la pesadilla para los holandeses que allí vivían. Tras la batalla, la represión y el hambre se cebaron con sus habitantes.