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La épica captura del puente de Remagen

La batalla de las Ardenas quedaba atrás, las nieves se habían derretido y los aliados se aproximaban al corazón de Alemania. El Rin era la última gran barrera natural que debían superar. Un puente permanecía en pie en la antigua ciudad romana de Remagen, situada a unos 24 kilómetros al sur de la localidad de Bonn.

El puente bautizado con el nombre del militar alemán Erich Luddendorf, había sido erigido en 1918. Se trataba de un puente ferroviario de más de 300 metros de longitud guardado por sólidas torres de piedra dotadas de troneras. En la orilla este, la colina Erpeler Ley dominaba la zona.

1918, Primera Guerra Mundial, una imagen premonitoria de lo que iba a suceder en la Segunda Guerra Mundial: las tropas estadounidenses cruzan el puente de Remagen.

 

En 1938 se habían instalado compartimentos para colocar explosivos. Los cables, a través de los conductos conectaban con el interruptor que permitía hacer estallar los explosivos.

En marzo de 1945, el ejército alemán se hallaba en retirada. Sin embargo, los alemanes no querían volar el puente antes de tiempo. Las cargas explosivas solo podían colocarse cuando el enemigo se hallase a 8 kilómetros de distancia.

El 6 de marzo de 1945, el general de división John Millikin, al frente del 3º Cuerpo de Estados Unidos ordenó al general John W. Leonard, comandante de la 9ª División Acorazada, ordenó tomar el puente de Remagen, uno de los últimos puentes que aún permanecían en pie sobre el Rin.

La compañía A del 27º Batallón del teniente Karl H. Timmermann partió desde Meckenheim a las 08:20 horas del 7 de marzo de 1945. Curiosamente, el propio Timmermann tenía raíces alemanas, pues había nacido en Francfort antes de emigrar a Nebraska, Estados Unidos.

El teniente Karl Timmermann, el oficial del ejército estadounidense que lideró el asalto al puente Luddendorf en Remagen.

 

Los norteamericanos se presentaron en Remagen. El puente estaba saturado por civiles, caballos y vehículos. Las sábanas blancas colgaban de las ventanas de las casas de Remagen. El personal de la Volksturm estaba poseído por el pánico.

Los estadounidenses se abrían camino por la ciudad. Esta vez contaban con una nueva arma, sus tanques especiales M-26 Pershing. Antes de que las manecillas del reloj señalasen las dos de la tarde se produjo una explosión provocando un agujero de nueve metros de ancho en el acceso occidental al puente. De ese modo, los carros de combate norteamericanos no podrían abrirse camino hasta el codiciado puente.

Las descargas alemanas brotaban de las torres que custodiaban el puente. En el denominado Hoyo del Enano una aterrorizada turba de civiles se guarecía. Los carros de combate estadounidenses disparaban contra la orilla este del Rin.

Los soldados alemanes recibieron la orden de volar el puente. Accionaron el interruptor en repetidas ocasiones, pero no ocurrió nada. Esquivando una granizada de balas, un sargento alemán logró encender manualmente el cable principal y huyó.

El estruendo sacudió el puente Luddendorf. El puente quedó envuelto en humo, las planchas de madera saltaron por los aires. Por un momento pareció que el puente no resistiría la explosión. Cuando la humareda se disipó aquel estratégico paso sobre el Rin permanecía en pie.

Los hombres de Timmermann se lanzaron al asalto, afanándose por cortar cables y lanzar los explosivos al agua. Cuatro carros Pershing y doce tanques Sherman les brindaban fuego de cobertura desde el margen occidental del Rin.

Los hombres de Timmermann lograron neutralizar un nido de ametralladoras. En medio de una furiosa carrera, el sargento Alex Drabik, se convirtió en el primer soldado estadounidense en cruzar el Rin. Varios metros por detrás le seguía el bravo Timmermann.

En la imagen, el sargento Drabik es condecorado. Tras su hazaña en Remagen, Drabik se convirtió en el primero soldado estadounidense en cruzar el Rin.

 

Un pelotón ascendió la colina Erpeler Ley logrando poner fin a la resistencia enemiga. En el Hoyo del Enano, un disparo bastó para conseguir la rendición de cinco zapadores alemanes. Los defensores alemanes enarbolaron las manos ofreciendo su rendición.

El puente de Remagen visto desde el Erpeler Ley.

 

El capitán alemán Willi Bratge, al frente de la defensa de Remagen, ordenó informar de que los estadounidenses habían cruzado el Rin y de que la voladura del puente había fracasado.

Con el puente en su poder, los norteamericanos se pusieron manos a la obra. La madera fue arrancada de las casas de Remagen y fue empleada a modo de traviesas.

Sobre las diez de la noche, tres compañías estadounidenses rechazaron un contraataque alemán en las proximidades de Erpeler Ley. Nueve carros Sherman cruzaron el puente Luddendorf a medianoche.

Imagen del puente Luddendorf tras ser capturado por las tropas aliadas.

 

Para los alemanes, la caída del puente de Remagen era una noticia devastadora. Von Rundstedt ordenó destruir el puente. Los cañones germanos comenzaron a bombardear el Luddendorf. Incluso el potente mortero Karl de 600 milímetros fue utilizado para abrir fuego contra el puente.

La Luftwaffe realizó más de 400 misiones para destruir el Luddendorf. Aviones a reacción y bombarderos en picado Stuka se lanzaron sobre el preciado paso sobre el Rin. En respuesta, los estadounidenses desplegaron numerosos globos de barrera.

Los alemanes bombardean incesantemente Remagen tratando de destruir el puente Luddendorf.

 

Un encolerizado Hitler ordenó que se disparasen misiles V-2 sobre el puente. Ni un solo V-2 impactó contra el Luddendorf.

Las consecuencias sobre los responsables de la defensa de Remagen fueron implacables. Juzgados mediante un consejo de guerra sumario, fueron sentenciados a muerte.  Los oficiales fueron despojados de sus distintivos de rangos y ejecutados de un tiro en la nuca.

Durante varios días, los estadounidenses continuaron cruzando el Rin a través del puente de Remagen. Mientras reparaban el Luddendorf, el 17 de marzo, de manera inesperada, el puente se vino abajo con 28 soldados.

A pesar de perder su primer paso sobre el Rin, los aliados continuaron cruzando masivamente el río. La Wehrmacht estaba herida de muerte y ya no había barreras naturales que obstaculizasen el avance aliado a través de Alemania.

Reparaciones en el puente Luddendorf.

 

 

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