Todo comenzó en julio de 1943, cuando en Polonia se organizó un batallón con personal georgiano con soldados capturados del Ejército Rojo. A medida que transcurría la guerra, cada vez más soldados de Europa oriental y de las repúblicas soviéticas engrosaban las filas de la Wehrmacht. Aproximadamente 800 soldados georgianos se integraron en el 822º Batallón de la Legión Georgiana. Tras combatir a los partisanos en el frente oriental, el batallón fue enviado a Zandvoort (Holanda) a finales de agosto de 1944.
Posteriormente, el 822º Batallón fue destinado a la remota isla de Texel, en las Islas Frisias. Con una extensión de 20 kilómetros de largo y 8 kilómetros de ancho, aquel apartado territorio únicamente estaba comunicado mediante transbordador. La isla, con un terreno llano y plagada de marismas, guardaba la entrada al estratégico puerto de Den Helder.

Pese a que los alemanes habían corrido el rumor entre los holandeses de que los georgianos eran soldados despiadados, éstos últimos mantuvieron buenas relaciones con la población local. Durante su estancia en Texel, al frente del batallón se hallaba el oficial Shalva Lolazde.
En 1945, el norte de Holanda era uno de los pocos territorios que aún conservaban las fuerzas alemanas. La derrota del Tercer Reich era inminente. La Wehrmacht estaba al borde del colapso y, si los soldados georgianos eran apresados, se enfrentarían a un duro cautiverio. En vista de ello, la gran alternativa consistía emprender un levantamiento contra las tropas alemanas. De ese modo, podrían ganarse el favor de los aliados.
En la noche del 6 de abril de 1945, sobre la 1 de la madrugada, comenzó el levantamiento. Tres bengalas iluminaron los cielos en Den Burg, la mayor localidad de la isla de Texel. Los georgianos pasaron al ataque, acuchillando a las tropas alemanas en la isla. Los soldados germanos morían en los barracones o perecían mientras estaban de guardia.
Creyendo que contarían con el apoyo de las tropas aliadas, cuatro georgianos y diez holandeses subieron a un bote y desembarcaron en tierras británicas. Una vez allí, fueron conducidos a Londres y comparecieron ante la reina Guillermina de Holanda. Pero los georgianos no consiguieron apoyo alguno. Desde sus aviones, los británicos se limitaban a contemplar la evolución del levantamiento.
Los insurrectos prosiguieron con la lucha, haciéndose con el control las fortificaciones que conformaban el cuartel general, tomando el aeródromo De Vlijt y dominando los arsenales de la isla. Dos baterías costeras se les resistieron a los georgianos. Los teutones aprovecharon la situación para reorientar sus cañones y disparar contra los georgianos.
Los alemanes respondieron al levantamiento enviando tropas de refuerzo. Los insurrectos comenzaron a perder terreno y se vieron superados en número. En un valeroso esfuerzo, 115 georgianos conservaron durante varios días una colina hasta que solo quedaron 8 con vida.
Por su parte, las tropas alemanas, con ansias de revancha, ejecutaban sin miramientos a los soldados georgianos. El propio comandante del batallón georgiano, Shalva Lolazde, cayó en los combates.

Shalva Loladze, comandante del batallón georgiano que se levantó contra las tropas alemanas en la isla de Texel.
Pese a que el 7 de mayo de 1945 Alemania se rendía incondicionalmente, la lucha proseguía en la apartada isla de Texel. Los alemanes trataban de dar caza a unos georgianos que, apoyados por la población civil, hacían todo lo posible por esconderse y huir.
En aquel aislado pedazo de tierra, la lucha y las persecuciones continuaban a un ritmo implacable. Hubo que esperar al 20 de mayo de 1945 para que las fuerzas canadienses desembarcaran en Texel. Hubo que esperar hasta mediados de junio de 1945 para que las tropas alemanas depusieran las armas. Por otra parte, los canadienses, admirados por la valentía de los georgianos, les otorgaron el trato de personas desplazadas en lugar de considerarlos fuerzas enemigas.
La dura lucha en Texel había costado a los alemanes 812 muertos frente a 565 georgianos caídos y 117 holandeses muertos. En cuanto a los georgianos, fueron trasladados a la localidad alemana de Wilhelmshaven. Pese a que los canadienses trataron de interceder por los georgianos, éstos se enfrentaron a un cruel cautiverio en los infames gulag de la Unión Soviética. Y es que, Stalin no perdonaba que aquellos georgianos hubieran formado parte del ejército alemán.

Cementerio de los soldados georgianos caídos durante la revuelta de Texel.
Tras la muerte de Stalin en 1956, el cementerio de Hogeberg, en Texel, donde se hallaban enterrados los georgianos, fue visitado anualmente por el embajador soviético en reconocimiento a la valentía mostrada por aquellos soldados. De hecho, en 2005, el presidente de Georgia Mikhail Saakasvili también visitó el cementerio para rendir honores a los bravos georgianos.
Para profundizar en el levantamiento de la isla de Texel en 1945 recomiendo leer "Eso no estaba en mi libro de la Segunda Guerra Mundial", del historiador Jesús Hernández.