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Las fuerzas aerotransportadas japonesas en la Segunda Guerra Mundial

Al igual que los ejércitos aliados, las potencias del Eje también crearon sus propias unidades especiales. Japón destacó en la Segunda Guerra Mundial por sus fuerzas aerotransportadas.

Ya en los años 20, los futuros contendientes comenzaron a realizar ensayos con tropas paracaidistas. En el caso de Japón, estas fuerzas se emplearon para emprender golpes de mano tras las líneas enemigas.

El exitoso asalto de los paracaidistas alemanes al fuerte belga de Eben-Emael inspiró a Japón de cara a sus futuras operaciones aerotransportadas. De hecho, fue el propio general Tojo quien impulsó la formación de estas unidades. La competencia entre la Armada y el Ejército Imperial conllevó que ambas ramas dispusieran de sus propias unidades de paracaidistas.

El fuerte de Eben-Emael tras el ataque de los paracaidistas alemanes en 1940.

 

En diciembre de 1940 el Ejército Imperial comenzó con la instrucción de sus paracaidistas, reuniendo a un grupo de 250 hombres denominado Teishin Shudan o grupo incursor. La instrucción comenzó en las instalaciones militares de Hamamatsu, aunque en marzo de 1941, la unidad fue trasladada a las proximidades de Tokio.

El número de reclutas fue aumentando, mientras la unidad ensayaba sus saltos en medio de un ambiente de secretismo. De este modo, los japoneses formaron dos regimientos que fueron aglutinados en una sola brigada. Al principio se emplearon los mismos paracaídas que utilizaban los pilotos, pero, por motivos de mayor seguridad, se crearon paracaidistas específicos para las tropas aerotransportadas.

La Armada Imperial también entrenó a sus paracaidistas en la base de Yokosuka. Si bien al comienzo tan solo contaban con 26 hombres, en el verano de 1941, llegaron a entrenar a 1.500 soldados. El cometido de los paracaidistas de la Armada no era otro que apoyar las operaciones de las unidades de élite de la infantería de marina japonesa.

Los primeros paracaidistas japoneses entablaron combate durante la campaña de las Indias Orientales holandesas entre finales de 1941 y comienzos de 1942. Las Indias Orientales holandesas y sus yacimientos de petróleo eran un objetivo clave para un Japón con unas reservas de combustible bastante limitadas.

Los paracaidistas nipones fueron desplegados en la península de Manado, enfrentándose a unas tropas holandesas que los duplicaban en número. Pese a las importantes bajas sufridas, las fuerzas aerotransportadas japonesas lograron neutralizar buena parte de las defensas neerlandesas, imponiéndose al enemigo.

En febrero de 1942, el 3º Batallón de la Armada recibió la orden de tomar el aeródromo de Penfui, en Timor. En esta ocasión, por temor al fuego enemigo, los paracaidistas fueron lanzados a 15 kilómetros de su objetivo. Los japoneses se enfrentaron a las tropas australianas y neerlandesas, llegando incluso a combatir cuerpo a cuerpo. Tras una lenta marcha a través de las junglas de Timor, los paracaidistas alcanzaron su objetivo y descubrieron que la infantería de marina había tomado el aeródromo.

Las fuerzas aerotransportadas del Ejército Imperial también jugaron un importante papel en la campaña de las Indias Orientales Holandesas. Su cometido consistía en capturar Palenbang, la capital de Sumatra, una zona de gran importancia debido a sus refinerías de petróleo.

Paracaidistas japoneses durante el ataque a Palenbang en 1942.

 

Los contratiempos obligaron a posponer la operación y el ataque se fijó para el 14 de febrero de 1942. Los nipones pretendían tomar el aeródromo, donde se concentraba la guarnición holandesa más potente y las refinerías, protegidas por contingentes neerlandeses más modestos.

El 2º Regimiento de Paracaidistas, a bordo de 34 transportes y apoyado por 27 bombarderos, 9 bombarderos en picado y 80 cazas, partió al ataque. El nutrido fuego antiaéreo acosó a los atacantes, pero los cazas lograron japoneses neutralizar la amenaza.

Una vez en tierra, los paracaidistas nipones capturaron a unos cuántos soldados neerlandeses que no tardaron en rendirse. Sin embargo, no lograron tomar el aeródromo ni enlazar con quienes combatían por las refinerías. También se enfrentaron a problemas en sus comunicaciones radiofónicas, todo ello sin olvidar que ciertos grupos tuvieron problemas para recuperar su equipamiento pesado.

Pese a los problemas iniciales, un grupo de 60 hombres logró conquistar la refinería de Plaju. Los paracaidistas se sumaron a la lucha por la refinería de Sungein Gerong.

Llegado el 15 de febrero, el coronel Seiichi Kume llegó al aeródromo después de que su avión se estrellase y tras abrirse camino a través de la jungla. Los refuerzos y el equipamiento llegaban para las fuerzas aerotransportadas japonesas. Por la tarde, los refuerzos llegaron para ayudar a los japoneses que luchaban en la refinería.

Tras su experiencia en las Indias Orientales Holandesas, la fuerza de paracaidistas japonesa se incrementó hasta alcanzar los 12.000 hombres en 1944.

Los paracaidistas japoneses, conocidos como Sora Simpei o los soldados dioses del cielo, pasaron de ser una fuerza secreta a convertirse en una unidad ampliamente conocida.

Sin embargo, el curso de la guerra en el Pacífico cambió con las victorias estadounidenses en Midway y Guadalcanal. Todo ello obligó a los japoneses a cambiar sus planes.

A medida que avanzaba la guerra, Japón reclutó voluntarios entre los territorios conquistados. Prueba de ello fueron los habitantes de la isla de Formosa. Una de sus tribus, los takasago, era muy popular por su gran capacidad para combatir en la jungla. Estos hombres fueron empleados en operaciones de infiltración y guerrilla. Se estima que entre 1.500 y 5.000 takasago fueron reclutados por los japoneses.

Voluntarios takasago al servicio de los japoneses.

 

Se planeó utilizar a los takasago en Nueva Guinea, pero fueron desplegados demasiado tarde, tan solo dos semanas antes del fin de los combates por la isla. Así pues, su gran oportunidad terminaría llegando durante la campaña de las Filipinas en 1944.

Encuadrados en el 1º yugekitai, los takasago debían atacar la cabeza de playa estadounidense en la isla de Leyte, teniendo como objetivo los aeródromos de Barauen.

Transportados a bordo de aviones Nakajima L2D, pasaron al ataque el 22 de noviembre de 1944. El primer avión dejó a los hombres en tierra sin contratiempo, pero el segundo grupo se dispersó tras ser descubierto y atacado por una patrulla estadounidense. El tercer avión fue derribado y se estrelló, muriendo todos sus ocupantes. Un cuarto avión dejó a los takasago demasiado lejos de su objetivo y regresó a las líneas japonesas.

A pesar de ello, los japoneses continuaron emprendiendo nuevas operaciones japonesas, recurriendo para ello al 3º y 4º Batallón de la 2ª Brigada de paracaidistas del Ejército Imperial. La idea consistía en emplear a 516 paracaidistas para atacar los aeródromos norteamericanos en Leyte.

El 5 de diciembre de 1944 comenzó la operación. El fuego antiaéreo abatió muchos aviones japoneses y los paracaidistas que lograron aterrizar, tomaron tierra demasiado lejos de sus objetivos. La segunda tentativa se encontró también con un intenso fuego antiaéreo, aunque un pequeño grupo consiguió llegar al aeródromo de Bayoung y destruir los depósitos de combustible y los almacenes de suministros.

Durante el resto de la campaña de las Filipinas, los paracaidistas japoneses combatieron como infantería ligera. Sin embargo, la última página de las fuerzas aerotransportadas niponas se escribiría durante la batalla de Okinawa.

En 1945, la guerra había tomado un cariz muy adverso para el Imperio de Japón y los mandos militares, fruto de la desesperación, recurrieron a tácticas suicidas. Al igual que se crearon unidades kamikaze de pilotos suicidas, los paracaidistas nipones también formaron sus propias unidades suicidas denominadas Giretsu Kuteitai.

Una unidad Giretsu Kuteitai antes de partir para una incursión suicida en Okinawa.

 

Así pues, los Giretsu Kuteitai debían atacar los aeródromos de Kadena y Yontan en la isla de Okinawa. 8 aviones Ki-21 transportarían a los paracaidistas hasta Yontan y otros 4 llevarían a otro contingente japonés hasta Kadena. En Yontan, solo un avión logró aterrizar. Los comandos japoneses arrasaron con cuanto encontraron a su paso, haciendo arder 300.000 litros de combustible y destruyendo cuatro cazas Corsair, cuatro aviones de transporte C-47, dos bombarderos PB4Y. 22 cazas Corsair, tres cazas Hellcat, dos PB4Y y varios C-47 sufrieron daños. Todo ello sin olvidar que 1 estadounidense murió y otros 18 resultaron heridos. Tan solo un único superviviente logró escapar para guarecerse tras las líneas japonesas.

El ataque de los Giretsu Kuteitai llamó la atención de los comandantes japoneses, que planearon ataques similares. Bien es cierto que estos ataques no pasaron más allá de la planificación. Para cuando los nipones disponían de los aviones necesarios, Japón ya había formalizado su rendición en la Segunda Guerra Mundial.

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