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Solo se escucha el sonido de las olas al romper contra la costa. El sol aprieta, abrasando la piel de los turistas que, tras darse un baño en las playas de la tranquila localidad de Mar del Sud, buscan un lugar donde comer. Un letrero que reza “Bienvenidos, restaurant. Makarska, comidas croatas”, capta su atención. Los turistas se adentran en el restaurante, toman asiento en el comedor, decorado con el rojo, blanco y azul de la enseña croata. Echan un vistazo a la carta y piensan en pedir un buen “goulash”. Pero lo que no saben es que el restaurante Makarska tiene una apasionante conexión con la Segunda Guerra Mundial.

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