Para una potencia como Gran Bretaña, el dominio de los mares ha sido una cuestión crucial. En la Segunda Guerra Mundial, los temibles submarinos alemanes y la Royal Navy mantuvieron una dura pugna en el Atlántico.
Scapa Flow, situada en las Islas Orcadas, al norte de Escocia, era una verdadera guarida para la Royal Navy. Ensenadas, islotes, redes subacuáticas y viejos barcos hundidos protegían la entrada a tan importante base naval británica.