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La última unidad alemana en rendirse

Hacía meses que Berlín había caído bajo la arrolladora fuerza de los mastodónticos ejércitos soviéticos. Lejos de la capital del Tercer Reich, en una pequeña isla perdida en el Ártico, padeciendo frío y hambre, la última unidad alemana se rindió en septiembre de 1945 a bordo de un ballenero noruego.


Factores como la meteorología pueden resultar ser determinantes en la guerra. La lluvia y la nieve pueden llegar a ser verdaderos escollos al lanzar una ofensiva. Por ello, los alemanes destacaron una unidad meteorológica en las islas Spitzbergen. Y es que aquella ubicación era idónea para determinar la influencia de los vientos sobre las condiciones meteorológicas en el Atlántico Norte.


En la remota Spitzbergen, un pequeño grupo de hombres podía pasar desapercibido y enviar información meteorológica a Alemania. Para ello, quienes se ofrecieron a esta misión, se entrenaron en los Alpes, soportando gélidas temperaturas. Entre otras cosas aprendieron a construir iglús, efectuar operaciones médicas y desplazarse a través de la nieve.


Tras seleccionar a un grupo de 10 hombres, se puso al frente de la misión a Wilhelm Dege, quien ya había estado varias veces en el Ártico. Formado como geólogo y geógrafo, Dege conocía el idioma local y era el hombre idóneo para capitanear la misión. La operación Haudegen estaba en marcha. Así pues, el pequeño grupo de Dege partió el 5 de agosto de 1944 desde el puerto alemán de Sassnitz.


Provistos de armas, municiones e instrumental científico, efectuaron su primera parada en Narvik (Noruega), para terminar llegando a su destino el 13 de septiembre de 1944. La unidad de Dege tuvo la fortuna de no ser descubierta por los estadounidenses y se instaló en sus barracones prefabricados. En una jornada que iba de 6 de la mañana a 6 de la tarde, Dege y sus hombres desempeñaban su trabajo diario y posteriormente, enviaban la información a Berlín.


Pese a estar muy lejos de su patria, la comunicación con Alemania era muy regular, por lo que estaban informados periódicamente de cuanto sucedía en Europa. Desde Oslo se preguntó a los hombres de Dege si querían continuar con su vital misión hasta el otoño de 1945. Los hombres aceptaron, de ese modo se mantendrían lejos de la barbarie de la guerra, pero también continuarían lejos de su añorado hogar.


Con la caída del Tercer Reich en mayo de 1945, Dege contactó con los aliados y les comunicó sus intenciones de rendirse. La pequeña unidad alemana procedió a destruir toda la documentación y aguardó a la llegada de los aliados. Pasaron los días y las semanas. Los aliados no llegaban. La espera se hizo tediosa y desesperante, hasta que se les informó de que un ballenero noruego acudiría a recogerles. El 3 de septiembre de 1945 terminó llegando el buque noruego.


Al día siguiente, el barco partió con los 11 alemanes a bordo. Se trataba de la última unidad alemana en rendirse.

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