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Operación Archery: los comandos golpean en los fiordos noruegos

Noruega fue uno de los primeros países en sucumbir ante el arrollador poderío de la maquinaria de guerra alemana. Con la ocupación germana, su industria quedó al servicio del Tercer Reich. Es curioso que el aceite de pescado fuese el objetivo de una de las más exitosas operaciones de los comandos británicos.

Pues bien, el aceite de pescado era esencial para poder obtener glicerina, que a su vez se empleaba para conseguir explosivos de gran potencia. Precisamente la remota isla de Vaagso, con sus parajes nevados, albergaba fábricas de procesamiento de aceite de pescado, que terminarían por convertirse en uno de los principales objetivos de los comandos en la Operación Archery.


Con Europa bajo el yugo de los nazis, los rusos luchando a las puertas de Moscú y unos Estados Unidos de América recién entrados en la guerra, los británicos se disponían a golpear con contundencia en las retaguardias alemanas. Era el momento de demostrar que Alemania se enfrentaba a una amenaza latente, que lejos de los desiertos del norte de África o de las nieves de la Unión Soviética, Gran Bretaña era capaz de golpear con contundencia.


Más de 570 británicos, respaldados por un crucero y cuatro destructores estaban preparados para poner pie en tierras noruegas. Puede que no fuese un golpe de gran envergadura, nada que ver con las monstruosas batallas del frente ruso, pero un pequeño triunfo podía contribuir a restañar la moral británica, de ahí que la prensa cubriese el ataque a Vaagso.


El mal tiempo pospuso el ataque hasta el 27 de diciembre de 1941. Entre muchos comandos se rumoreaba que la operación se había demorado porque el Papa no quería que se produjesen combates en fechas navideñas.


En la mañana de aquel gélido 27 de diciembre, la apacible isla de Vaagso y la diminuta Maloy se encontraban sumidas en la oscuridad. La flota británica había logrado pasar inadvertida y los bombarderos Hampden de la Royal Air Force surcaron los cielos con sus motores rugiendo por encima de las cabezas de los comandos. Los buques de la Royal Navy se sumaron al bombardeo aéreo y los cañones navales batieron con furia la batería de cañones instalada en la isla de Maloy.


Tras un contundente bombardeo, los cañones de la Armada británica enmudecieron y los bombarderos procedieron a arrojar bombas de fósforo, con tan mala suerte que una de las bombas terminó cayendo sobre una lancha de desembarco. Dos hombres murieron al instante y varios perdieron la vida a causa de las intensas quemaduras sufridas.


Rápidamente, los cañones de Maloy fueron silenciados. En el asalto a dicha isla, cabe destacar la acción de Jack Churchill, un peculiar oficial de comandos que lideró a sus hombres empuñando una espada.


Sin embargo, en Vaagso, la situación era muy distinta. Lejos de encontrarse a una guarnición compuesta por tropas de segunda clase, acostumbrada a las comodidades de la retaguardia, los comandos se toparon con unas fuerzas alemanas curtidas en diversos combates. Se luchaba casa por casa y los francotiradores habían convertido la batalla en un auténtico infierno.

Los británicos evacúan a sus heridos en la Operación Archery.


El grueso de los combates se desarrollaron en el prominente hotel Ulvesund, un viejo edificio que servía de cuartel general para las tropas alemanas. Tan enconada era la resistencia germana en el Ulvesund, que se solicitaron refuerzos para doblegar a los empecinados teutones.


Tras bombardear el hotel Ulvesund con fuego de mortero, el cuartel alemán no tardó en caer. Con el grueso de los defensores alemanes derrotados, los comandos procedieron a la destrucción de las fábricas de aceite de pescado. El fuego y el humo envolvieron las instalaciones situadas en el fiordo y los muelles. Los británicos no solo se encargaron de destruir factorías, muelles y buques, también obtuvieron un importante botín en cuanto a información. En sus memorias, Peter Young, oficial de comandos en la Segunda Guerra Mundial, narra cómo se hicieron con gran cantidad de documentos enemigos.


Gracias a los bombardeos previos de la Royal Air Force, la Luftwaffe había permanecido alejada de la batalla. Los aeródromos de Stavanger y Hedla habían sido barridos desde el aire y tan solo un reducido número de aviones alemanes pudo despegar.


Con la guarnición germana derrotada y 98 prisioneros alemanes, los británicos decidieron que era el momento de regresar a casa. En Gran Bretaña se mostraron muy satisfechos con los resultados de la Operación Archery, especialmente por el excelente nivel de cooperación mostrado entre la Armada, la Fuerza Aérea y las tropas terrestres.


Por el contrario, los alemanes, sintieron que podían volver a ser golpeados en Noruega, un frente secundario al que llegaron a destinar unos 370.000 hombres en 1944. Todo un despilfarro de recursos teniendo en cuenta que las amenazas para el Tercer Reich iban a proceder desde Normandía y sobre todo, desde el frente oriental.

Los británicos observan cómo las edificaciones noruegas son pasto de las llamas.

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