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Ataque al puerto de Zeebrugge

Corría la primavera de 1918 y la Primera Guerra Mundial se encontraba en su último año. Las fuerzas alemanas golpeaban con contundencia en el frente occidental en lugares como Flandes y el Somme. Ante el empuje de los teutones, las fuerzas aliadas y en particular los británicos, necesitaban restañar su moral. Para tal propósito, el contraalmirante Roger Keyes preparó un golpe de mano en Zeebrugge.

El puerto de Zeebrugge (Bélgica) era una instalación naval que albergaba submarinos y destructores alemanes. La entrada al puerto estaba guarecida por una esclusa de grandes dimensiones y dos embarcaderos de piedra. Los alemanes también habían erigido refugios y defensas a lo largo de los 32 kilómetros de costa que iban de Zeebrugge a Ostende. En la zona de Zeebrugge, los teutones habían emplazado 40 cañones para defender la entrada a las instalaciones portuarias.


Sin embargo, los cañones no eran el mayor de los problemas para los británicos. Su gran preocupación era un colosal espigón. Aquel muelle de piedra, granito y acero protegía la entrada al puerto y los alemanes lo habían convertido en todo un baluarte. Por el espigón discurrían una carretera asfaltada, una vía férrea y un camino para peatones. Esta monumental construcción estaba unida a tierra gracias a un viaducto de acero.


Respecto a la altura del muelle, era variable y cuando la marea estaba alta, podía llegar a unos diez metros. Como elementos defensivos, los alemanes habían extendido alambradas y colocado ametralladoras y para guardar la entrada al puerto, disponían de una pieza de artillería de gran potencia capaz disparar en un ángulo de 360 grados. Era habitual que al caer la noche, dos destructores permaneciesen fondeados, por si era necesario contribuir en cualquier acción defensiva.


Ante un entramado defensivo tan intrincado, Keyes proponía emplear varios buques para bloquear la entrada al puerto, superar las defensas y alcanzar las esclusas. Para que los barcos pudiesen penetrar en el puerto, los infantes de marina debían neutralizar las defensas del espigón. Por otra parte, el viaducto que conectaba el espigón al puerto, debía ser volado con la explosión de un submarino, que debía impactar contra los pilares de hierro.


Para tal propósito, Keyes escogió una serie de barcos que debían actuar a modo de tapón. Estos buques fueron lastrados con hormigón y se les adosaron cargas explosivas que debían hacer explosión una vez llegasen a sus objetivos. Estos buques serían pilotados únicamente por el personal imprescindible y sus naves contarían con un blindaje adicional para protegerse del fuego alemán. Como principal protagonista del ataque, Keyes optó por el crucero Vindictive.

Sir Roger Keyes, condecorado por su actuación en el ataque a Zeebrugge.


Así pues, la fuerza de Keyes estaba compuesta por un personal naval de 200 hombres y 700 infantes de marina. Tras un intento fallido el 11 de abril de 1918, en el que la flota británica tuvo que regresar a puerto, por fin el 22 de abril, los hombres de Keyes se pusieron de nuevo en marcha. Era la víspera del día de San Jorge y se estableció que la contraseña debía ser “San Jorge por Inglaterra” a lo que había que responder “retorcerá la cola del dragón”.


Sobre las diez de la noche, la flota pasó ante la última boya de señalización. En la distancia se escuchaba el tronar de los cañones de dos buques británicos disparando contra las defensas del litoral. Semejante bombardeo no levantó sospechas entre los alemanes, pues se había tornado en costumbre y los teutones pensaron que se trataba de una acción rutinaria.


Debido a las nubes que poblaban el cielo, el bombardeo aéreo de la Royal Air Force tuvo que ser cancelado. A medida que se aproximaban a su objetivo, comenzó a lloviznar.


Mientras el Vindictive surcaba la niebla, los cañones alemanes relampaguearon y las descargas de proyectiles llovieron sobre el buque británico. El efecto de las primeras andanadas fue devastador, pues los oficiales de los Marines Reales resultaron muertos y las rampas de desembarco volaron por los aires.


El Vindictive terminó colisionando contra el muelle a las 00:01 del 23 de abril, el día de San Jorge. Después de ser zarandeado por el fuego germano, el Vindictive fue embestido por el transbordador Daffodil. El Vindictive, pegado al muro, estaba plagado de muertos y heridos. Los supervivientes comenzaron a descender del barco bajo un diluvio de fuego.


Los hombres que habían tomado tierra se enfrentaban a un fuego enemigo muy intenso y quedaron envueltos por el humo provocado por los disparos de un destructor alemán. Conscientes de la delicada situación de los hombres que luchaban en tierra, los marineros del crucero Vindictive apuntaron sus cañones hacia el destructor y en el muelle, el grupo dirigido por el capitán de corbeta Adams logró abrirse camino.


Tras sufrir un reguero de bajas, los muchachos de Adams se enfrentaron con cuantos alemanes les salían al paso. Pero los artilleros germanos se percataron de la presencia de los buques de bloqueo y apuntaron sus cañones hacia las embarcaciones británicas. Mientras tanto, como una enorme mancha gris, los soldados alemanes, montados en bicicletas se dirigían hacia los muelles.


Un submarino dirigido por el teniente Richard Sandford, con una explosiva sorpresa en sus entrañas, impactó contra los pilares de hierro del viaducto. La tripulación escapó del submarino y embarcó en botes neumáticos. En pocos minutos iban a estallar cinco toneladas de explosivos. Los alemanes, creyendo que el submarino había impactado por error, se echaron a reír.


Trataron de abatir a los marinos británicos mientras escapaban en sus botes, pero estos lograron ponerse a buen recaudo. Se produjo una monumental explosión y el puente voló por los aires. Gracias a aquel trabajo de demolición, el muelle había sido cercenado del viaducto que le conectaba a tierra.

La explosión de uno de los submarinos deja una brecha en el viaducto.


Desde el Warwick, Keyes, que contemplaba el desarrollo de los combates, pudo percatarse de la entrada de los barcos que actuarían como tapón. Era el momento de proceder a la retirada.


En el Vindictive se dio la orden de retirada y los británicos, negándose a abandonar a sus hermanos de armas, cargaron con los heridos. Bajo un intenso fuego, el Vindictive abandonó la zona de combate.


Sin embargo, los buques Thetis, Iphigenia e Intrepid tenían una importante misión que cumplir, dado que debían bloquear el canal. El nutrido fuego alemán y los elementos de bloqueo instalados por los alemanes impidieron que estos tres buques consiguieran alcanzar sus objetivos. El Thetis no logró alcanzar el canal, aunque el Iphigenia y el Intrepid, sí, pero ambas naves no fueron suficientes como para lograr bloquear el paso a los buques alemanes, pues simplemente estrecharon el canal.


El almirante Keyes se sintió muy frustrado por no haber logrado bloquear el canal, aunque el limitado éxito de la incursión insufló ánimos en la población británica. Un total de ocho Cruces Victoria fueron concedidas a quienes participaron en el ataque a Zeebrugge.


El buque Iphigenia yace varado en el canal del puerto de Zeebrugge.

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