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Kamikazes, el origen

A finales de 1944, la guerra en el Pacífico no marchaba bien para Japón. El Imperio del Sol Naciente había sufrido severas derrotas y las fuerzas estadounidenses avanzaban de isla en isla. Las Marianas habían caído y los bombarderos B-29 tenían Japón a su alcance. Para mayor desgracia, tras la batalla de Leyte, la flota nipona había pasado a ser una fuerza insignificante.

Los estadounidenses, dirigidos por el general MacArthur se disponían a reconquistar las Filipinas. La situación de los defensores japoneses era desesperada. Ante la abrumadora superioridad norteamericana, recurrieron a medidas desesperadas para tratar de frenar a las fuerzas de Estados Unidos.


Pues bien, un 15 de octubre de 1944, un veterano militar nipón, el comandante Masafumi Arima, en Leyte (Filipinas), como si de un antiguo samurái se tratase, se dispuso para sacrificarse por el emperador y por Japón. Así pues, Arima se arrancó los distintivos de oficial de su uniforme y tomó los mandos de su avión cargado de explosivos.


Ya en el aire, Arima, al frente de un grupo de aviones, se percató de la presencia del portaaviones Franklin. Decidido a inmolarse por su patria y por el emperador, Arima se lanzó contra el Franklin, perdiendo la vida en aquel ataque suicida. De este modo, Arima se había convertido en el primer piloto kamikaze.


Pero, para buscar el origen de la palabra kamikaze debemos remontarnos a la Edad Media, en concreto al año 1281. Por aquel entonces, el emperador Kublai Khan, descendiente del conquistador mongol Gengis Khan, había reunido una gran flota para invadir Japón. Las opciones de los japoneses parecían escasas, pues nada parecía poder detener a la colosal armada de Kublai Khan. Sin embargo, un fuerte tifón sacudió a la flota de Kublai Khan, destruyendo sus naves y dispersando a las que habían logrado soportar la tempestad.  De ahí el significado de la palabra kamikaze, que quiere decir viento divino.


Los japoneses, acorralados, luchando a las puertas de su patria, vieron un paralelismo con la invasión frustrada de la flota de Kublai Khan. Sus pilotos suicidas debían ser el viento divino que mandase a pique la armada estadounidense. Inspirados por la acción suicida del contraalmirante Arima, poco después, en octubre de 1944, en la ciudad filipina de Malabacat, el vicealmirante Takijiro Onishi, al frente de la aviación nipona en las Filipinas, se reunió con oficiales del 201º Grupo del Aire. Fruto de aquella reunión fue la decisión de crear un cuerpo de pilotos suicidas: los kamikaze. En aquel encuentro se decidió organizar unidades suicidas compuestas por cazas Zero equipados con bombas de 250 kilos. Conviene recordar que, inicialmente, se optó por denominar a este cuerpo suicida como Shimpu, que viene a tener un significado muy similar al de kamikaze.


Poco después, el capitán de fragata Tamai, expuso la idea a los pilotos del 201º Grupo del Aire. La idea fue acogida con entusiasmo por parte de los pilotos japoneses y el 21 de octubre de 1944, el teniente Yukio Seki, que lideraba la unidad kamikaze, despegó de Luzón. Sin embargo, la misión terminó sin éxito, con los aviones regresando a sus bases. Los hombres de Seki no habían conseguido dar con la flota estadounidense.


Días después, el 25 de octubre de 1944, después de la debacle de la Armada Imperial de Japón en la batalla de Leyte, los pilotos de Seki surcaron los cielos. Esta vez sí tuvieron suerte y encontraron a los buques norteamericanos. El resultado del ataque kamikaze fue el hundimiento del Saint Lo, mientras que el Santee y el Suwanee sufrieron daños. A pesar de todo, solo la cuarta parte de los aviones alcanzaron sus objetivos.


Posteriormente, los ataques suicidas de los pilotos japoneses continuaron en las Filipinas. Hubo un gran entusiasmo por parte de muchos jóvenes japoneses. No obstante, el entusiasmo no compensaba la falta de entrenamiento de estos muchachos, que apenas contaban con 40 horas de vuelo en su formación como pilotos.


Las oleadas de cientos de aviones cerniéndose amenazadores sobre los buques estadounidenses no solo tuvieron lugar en Filipinas y en la batalla de Okinawa (1945), terminaron alcanzando su apogeo.

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