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La batalla de Megiddó lleva al ejército otomano al colapso

Corría el año 1918 y la Primera Guerra Mundial entraba en su etapa final. En el frente de Palestina, el ejército del general Allenby se preparaba para dar el golpe de gracia a las fuerzas otomanas.

Así, Allenby, contaba con 57.000 soldados de infantería y 12.000 hombres de caballería frente a los 32.000 soldados de infantería turcos y sus 2.000 soldados de caballería. A todo ello hay que añadir que, para esta campaña, Allenby contaba con las fuerzas árabes del rey Faisal, magistralmente dirigidos por el famoso oficial británico T.E. Lawrence, también conocido como Lawrence de Arabia. Por su parte, el domino de los cielos también era británico.


Los turcos tenían que defender un frente que se extendía desde la costa de Arsuf hasta el valle del río Jordan. Para tal propósito contaban con los ejércitos 4º, 7º y 8º. De esta manera, el 8º ejército de Djeud Bajá era responsable de la defensa de la costa hasta 30 kilómetros tierra adentro, en Furkah. Desde Furkah hasta el Jordán se encontraba apostado el 7º Ejército de Mustafá Kemal y en la retaguardia se encontraba el 4º Ejército, comandado por el alemán Otto Liman Von Sanders, quien ya había derrotado a los aliados en Gallípoli.

Pues bien, los aliados se disponían a atacar la única línea de comunicaciones de los turcos. Se trataba de cortar la línea ferroviaria en poder de los turcos que marchaba desde Deráa hasta la ciudad costera de Haifa. Para ello, los soldados de Allenby debían conquistar las poblaciones clave por las que discurría la vía férrea.


Las intenciones de Allenby consistían en engañar a los turcos, haciéndoles creer que la ofensiva se produciría en el valle del Jordán. Su verdadero plan consistía en avanzar por la costa, girar y situarse a espaldas de los ejércitos otomanos para hacerse con el control de sus centros neurálgicos.

El general Allenby, el artífice de las victorias británicas en Oriente Medio durante la Primera Guerra Mundial.


La caballería tenía a su alcance las localidades de El Afufe y Beisán. Sin embargo, para no someter a su caballería a un esfuerzo excesivo, Allenby había decidido caer con su infantería, masivamente respaldada por artillería, atacando el flanco derecho de los otomanos. Para esconder sus verdaderas intenciones, la aviación británica se encargó de acabar con cualquier aparato turco que se atreviese a surcar los cielos. Por otro lado, los guerrilleros árabes de Lawrence de Arabia atacaron la vía férrea en distintos puntos, logrando cortar el tráfico ferroviario.


Allenby no dejaba de desconcertar a los turcos con sus ardides, erigiendo falsos campamentos y con falsas concentraciones de caballos. También los soldados se desplazaban de un lado a otro, sumándose a la estrategia de engaño de Allenby. Incluso las mulas acarreando trineos lograron provocar tal polvareda que los turcos creyeron que estaban ante una ofensiva inminente. Mordiendo el anzuelo, los otomanos dejaron unos 8.000 soldados para defender un frente de 25 kilómetros, puesto que creían que el verdadero ataque provendría desde el valle del Jordán. Una vez más, Allenby había actuado como un auténtico maestro del engaño.


El ataque fue precedido por un bombardeo que castigó los puntos clave de los centros de comunicación turcos en Afule, Nablus y Tul Keram. Los otomanos no podían disponer de comunicaciones telefónicas ni telegráficas.


La noche del 18 al 19 de septiembre de 1918 la 53ª División, colocada en el flanco derecho de Allenby, recibió la orden de avanzar. Pero el enfrentamiento más importante tuvo lugar sobre las 04:30 horas del 19 de septiembre. Tropas francesas, británicas e indias arrollaron a los turcos. Se había abierto una brecha por la que podía internarse la caballería aliada. Todo ello permitió un importante avance del Cuerpo Montado del Desierto, consistente en las 4ª y 5ª Divisiones de Caballería y una División Montada australiana. Así, la caballería alcanzó Abu Shumseh y Nazaret.


Tan apurada era la situación de las tropas turcas que Otto Liman Von Sanders logró huir por muy poco de su cuartel general en la ciudad de Nazaret. Uno tras otro los principales puntos de la línea ferroviaria iban cayendo en manos de la caballería de Allenby, pues los aliados conquistaron El Afufe y Beisan. Por su parte, la División Montada de Australia se desplazó hasta Jenin para tratar de cortar la retirada de los otomanos.

Carga de los lanceros británicos en El Afufe.


Todo lo que les quedaba a los turcos era retirarse a través del río Jordán. Sin embargo, la huida estuvo marcada por el constante acoso de la aviación británica.


A pesar de las cuantiosas pérdidas sufridas por los turcos, su 4º Ejército no había sufrido la fortísima ofensiva de Allenby. Sin embargo, esta fuerza de combate no empezó a retirarse hasta el 22 de septiembre. El problema era que para cuando se procedió a la retirada del 4º Ejército, el ferrocarril había sido atacado en Heyaz. La suerte del 4º Ejército estaba echada y sus tropas se rindieron en las proximidades de las ciudades de Ammán y cerca de Damasco, que cayó en manos de las fuerzas árabes y del Cuerpo Montado del Desierto un 1 de octubre de 1918.


Con el triunfo aliado en la batalla de Megiddó, la victoria británica en Palestina era incontestable. El Imperio Otomano había recibido una herida de muerte, sus ejércitos en Palestina habían sido destruidos. Por el contrario, las pérdidas de Allenby no llegaban a los 5.000 hombres.


Las ciudades de Damasco, Beirut, Homs y Aleppo fueron cayendo una detrás de otra. El Imperio Otomano se desangraba irremediablemente y todo lo que le quedaba era pedir la paz. El 30 de octubre se acordó un armisticio en Mudros.

Un convoy del ejército otomano abandonado durante la batalla de Megiddó.

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