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La terrible hambruna de Bengala

En la Segunda Guerra Mundial, India no fue una retaguardia tranquila para los británicos, pues los indios buscaban independizarse de Gran Bretaña, se sucedían protestas y revueltas y, para colmo, el ejército japonés se hallaba a las puertas del país, ocupando la vecina Birmania.

Uno de los capítulos más trágicos de la historia de la India en la Segunda Guerra Mundial fue la terrible hambruna del golfo de Bengala. Con la conquista japonesa de Birmania, la India perdió el acceso a un 15% del arroz que necesitaban. Las consecuencias se hicieron notar en la economía y en la sociedad, aumentando considerablemente los precios del arroz, lo que desembocó en una situación de inflación.


Ante unos precios tan elevados, buena parte de la población no podía comprar los tan imprescindibles alimentos que necesitaban para sobrevivir. Mientras tanto, el mercado negro florecía, al tiempo que regiones como Madrás, que contaba con un excedente de grano, no quería vender a otras zonas en las que escaseaban los alimentos.


Otra de las causas se encuentra en las lluvias torrenciales que asolaron Bengala, pues acabaron con las cosechas, alrededor de 200.000 cabezas de ganado perecieron ahogadas y millones de personas perdieron sus hogares.


La población civil pagó las terribles consecuencias y se desató una hambruna que le costó la vida millones de personas. Hombres, mujeres y niños perecían y sus cadáveres quedaban abandonados en las calles. Todo ello fue el contexto necesario para que proliferasen enfermedades como el tifus, el cólera, la viruela y la disentería. Estas hambrunas tendrían lugar entre finales de 1942 y durante el año 1943, siendo Bengala uno de los enclaves geográficos más afectados.


Churchill, que albergaba un profundo resentimiento contra los indios, se negó a repartir alimentos entre la población. Cabe señalar que Churchill llegó a afirmar respecto a las hambrunas que los indios debían “aprender a cuidar de ellos mismos”. Mientras tanto, los alimentos eran acaparados por el ejército y los puertos desde los que se podía abastecer a la población permanecían bloqueados por la Royal Navy, que buscaba prevenir posibles infiltraciones enemigas.


Bien es cierto que el gobierno británico hubiera podido atajar esta tragedia, pero los buques que podían haber transportado alimentos para la población, fueron destinados a formar parte de convoyes de guerra para abastecer a la Unión Soviética.


Mientras las hambrunas se cobraban víctimas, el primer ministro británico Churchill seguía haciendo oídos sordos a las necesidades del pueblo indio. Las muertes masivas por inanición comenzaron en las aldeas hasta llegar a las ciudades más importantes. Por poner un ejemplo, solo en Calcuta, 2.000 personas morían cada mes como consecuencia del hambre.


En septiembre de 1943, Archibald Wavell fue nombrado virrey de la India y decidió atajar la situación, encargándose las tropas de distribuir alimentos entre la población. Todo ello le valió la enemistad del primer ministro Churchill. También el gran escándalo internacional que había provocado la hambruna del golfo de Bengala, obligó a reaccionar a las autoridades coloniales.


Por su parte, los países del Eje y la India Libre (pro japonesa) aprovecharon este terrible suceso para socavar la reputación británica. Las estimaciones que barajan las distintas fuentes de información sobre la hambruna de Bengala oscilan desde los 1,5 millones de muertos hasta los 4 millones de muertos. Ahora bien, dentro de este baile de cifras, los historiadores parecen hallar un punto de encuentro en los 3 millones de muertos.


Para continuar profundizando en esta cuestión, recomiendo leer el libro “Los ejércitos del dragón” del historiador Rubén Villamor y “Eso no estaba en mi libro de la Segunda Guerra Mundial”, del también historiador Jesús Hernández.

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