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El último soldado japonés en rendirse

En la Segunda Guerra Mundial, la campaña del Pacífico estuvo marcada por una sangriente lucha en diminutas islas perdidas en un vasto océano. Los marines y soldados de Estados Unidos se enfrentaban a nipones dispuestos a luchar hasta la muerte. El fanatismo japonés había hecho interiorizar el código del bushido a las tropas del Ejército Imperial de tal manera, que era preferible la muerte a una deshonrosa rendición. Esta es una historia de a lo que llevó el fanatismo militar nipón a uno de sus soldados, el último japonés en rendirse.

El teniente Hiroo Onoda, fallecido en 2014, participó en la Segunda Guerra Mundial y fue enviado a la isla filipina de Lubang en 1944. Los norteamericanos avanzaban de isla en isla, aunque no todas eran tomadas, solo conquistaban aquellas que consideradas de interés estrátegico en su avance hacia Japón, por lo que muchas pequeñas guarniciones quedaron abandonadas en diminutas ínsulas dejadas de la mano de Dios. En una de esas islas abandonadas se encontraba el teniente Onoda.

Sin saber que la guerra había terminado en 1945, Onoda continuó en su puesto. Solo hasta que fue localizado en 1974 y tras hacer venir a su comandante para convencerle de que la guerra había terminado, Onoda se rindió. Al volver a Japón, Onoda tuvo un recibimiento propio de un héroe. Ser el último soldado nipón en rendirse, era todo un honor.

Para profundizar en esta clase de datos curiosos y anécdotas recomiendo el libro "Pequeñas Grandes Historias de la Segunda Guerra Mundial" del historiador Jesús Hernández.

 

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