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La auténtica historia de la "Gran Evasión"

Una de las películas más icónicas de la Segunda Guerra Mundial es “La Gran Evasión”. La imagen de Steve McQueen huyendo del ejército alemán a lomos de una motocicleta mientras trata de ganar tierras suizas permanece grabada en la mente de muchos cinéfilos. Lo cierto es que la verdadera historia no es menos espectacular.

Cartel del largometraje La Gran Evasión, un filme de 1963 dirigido por John Sturges y protagonizado por Steve Mcqueen, James Garner y Richard Attenborough.

 

En el Stalag Luft III en Zagan, Polonia, permanecían confinados los aviadores aliados capturados. La seguridad del campo de prisioneros quedaba al cargo de las tropas de la Luftwaffe. Gracias a ello, los aviadores aliados eran unos privilegiados en comparación con quienes permanecían bajo custodia de las temidas SS o de la Gestapo.

El tedio se apoderaba de quienes vivían entre las alambradas, torres de vigilancia y barracones del Stalag Luft III. Las medidas de seguridad eran exhaustivas y los barracones se habían construido a unos 30 centímetros sobre la superficie para evitar que los prisioneros excavasen túneles de huida. Incluso se habían instalado micrófonos en el subsuelo. Los guardias de la Luftwaffe, conocidos como “hurones”, realizaban registros para detectar cualquier posible tentativa de fuga y, mientras tanto, los aviadores disponían de ciertas ventajas como los paquetes de alimentos de la Cruz Roja.

Friedrich Wilhelm von Lindeiner Wildau, el oficial de la Luftwaffe al mando del Stalag Luft III.

 

Las actividades culturales y deportivas servían como tapadera para los planes que estaba tramando X, una organización secreta que planificaba fugas. Al frente de aquel comité de huidas se hallaba el oficial sudafricano Roger Bushell, denominado “gran X”.

Bushell era un hombre audaz e inquieto. No iba a limitarse a pasar su cautiverio participando en actividades culturales y deportivas, sino que tramaba una ambiciosa fuga.  Su objetivo consistía en organizar una fuga masiva de 200 prisioneros de guerra. Para ello, tres túneles (Tom, Dick y Harry) servirían como pasaporte hacia la libertad de aquellos aviadores. Una vez en el exterior, los prisioneros contarían con documentos falsos y ropas civiles que les ayudarían a contar con una coartada sólida.

Roger Bushell, el audaz e ingenioso aviador sudafricano que planificó la fuga de Zagan.

 

Se trataba de una operación peligrosa, pues los guardias alemanes eran astutos y eficientes y habían desbaratado varias tentativas de huida. Bien es cierto que estas tentativas fueron una distracción que contribuyó a ocultar el gran plan de Roger Bushell.

Para que los túneles pasaran inadvertidos, se excavarían a una profundidad de 9 metros. De este modo, los micrófonos que habían sembrado los alemanes no detectarían el ruido.

Pese a las numerosas precauciones tomadas por los aviadores aliados, éstos sufrieron un terrible varapalo cuando los centinelas descubrieron el túnel bautizado con el nombre de Tom.

A pesar de aquel revés, los prisioneros del Stalag Luft III no se rindieron y continuaron trabajando febrilmente. Fue una tarea ardua, pues tuvieron que diseñar sistemas para evacuar la arena, garantizar la ventilación e iluminar los túneles.

El túnel Harry.

 

Varias semanas de excavaciones y labores de falsificación de documentos estaban a punto de dar sus frutos. En la noche del 24 al 25 de marzo, los aviadores dispondrían de una gran oportunidad. Los trenes se detendrían en la cercana estación ferroviaria de Zagan y, gracias a ello, podrían ocultarse en la multitud y alejarse rápidamente del campo de prisioneros. La meta de aquellos hombres era lograr llegar a países neutrales como Suiza, España o Suecia.

En la noche del 24 de marzo, la fuga comenzó con contratiempos. El frío había congelado la trampilla de salida del túnel Harry. Aquello provocó un retraso de una hora. Para mayor infortunio de los prisioneros, descubrieron que habían cometido un grave error de cálculo, pues la salida del túnel no llegaba hasta la cobertura que les brindaba el bosque. Muchos prisioneros no tuvieron más remedio que volver a sus barracones.

Solo 76 prisioneros lograron escapar y la tentativa de fuga fue descubierta por los guardias. Los alemanes rápidamente comenzaron a buscar a los fugitivos. Las estaciones de ferrocarril y las zonas de los alrededores fueron peinadas insistentemente.  Uno tras otro, los aviadores aliados fueron descubiertos y apresados.

Un aviador aliado fue descubierto por un miembro de la Gestapo cuando éste le deseó buena suerte en inglés y el aviador respondió dándole las gracias. Como represalia, Hitler ordenó ejecutar a los aviadores fugados. Así, 50 aviadores fueron fusilados en lo que se conoció como la masacre del Stalag Luft III. Solo Bram Van Der Stok, Per Bergsland y Jens Müller consiguieron escapar exitosamente.

Memorial en honor a los aviadores ejecutados en la masacre del Stalal Luft III en la carretera que conduce a Zagan.

 

 

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