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Sábado, 17 Marzo 2018 14:02

Los últimos kamikazes

La destrucción y las muertes provocadas por las bombas atómicas en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki terminaron por forzar la rendición japonesa. El 15 de agosto de 1945, los nipones escucharon al emperador Hirohito dirigiéndose a la nación con su característica voz aflautada. Pese a evitar pronunciar palabras como rendición, Hirohito habló de “soportar lo insoportable” y “aguantar lo inaguantable”.

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En mayo de 1940, los ejércitos alemanes, valiéndose de una nueva forma de hacer la guerra, conquistaban Europa occidental de manera arrolladora. Mientras tanto, Gran Bretaña se hallaba al borde de una catástrofe que amenazaba su supervivencia. En el reducido perímetro de Dunkerque permanecía la Fuerza Expedicionaria Británica, acorralada, con sus soldados desmoralizados en los arenales esperando subir a un barco de vuelta a Inglaterra.

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