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John Harman, el héroe de la batalla de Kohima

Probablemente la batalla de Kohima sea uno de los asedios más duros y épicos de la Segunda Guerra Mundial. En semejante infierno los hombres luchaban cuerpo a cuerpo, cubiertos de barro, extenuados y heridos, mientras la fetidez de los cuerpos en estado de descomposición y el hedor acre de la pólvora reinaban en el ambiente. En aquella pesadilla merece la pena recordar las hazañas de John Harman, un soldado cuyas acciones en Kohima le valieron la Cruz Victoria.


Nacido en el seno de una familia acaudalada en 1914, John Harman era un hombre culto y de carácter reservado. En una ocasión, mientras pasaba las vacaciones en España, un anciano le dijo que viviría hasta los setenta años. Harman creía que podía sobrevivir a la guerra.


Nuestro protagonista comenzó su carrera en el ejército británico como soldado de caballería de la guardia de corps. En cuanto su unidad comenzó a ser mecanizada solicitó el traslado a la infantería. Su siguiente destino fue el 4º Batallón del regimiento West Kent. Fue enviado a Arakán para combatir a los japoneses.


Hizo algunos amigos en el ejército. Harman era un hombre introvertido, y aunque no excesivamente alto, su corpulencia provocaba que muchos evitasen pelear con él. Harman era un hombre hecho para el combate, que había rechazado ascensos porque prefería la relativa libertad que le brindaba ser un simple soldado.


Con el rango de cabo, el 8 de abril de 1944 comenzó a distinguirse por su valor en combate.  Pues bien, un equipo japonés de ametralladora permanecía parapetado en una trinchera, cerca de una choza de municiones que estaba siendo pasto de las llamas. Era prioritario eliminar a aquella unidad antes de que los nipones decidiesen lanzar una nueva ofensiva.


Harman advirtió que había encontrado un camino por el que podría silenciar la ametralladora enemiga siempre y cuando le proporcionasen fuego de cobertura. Una vez la ametralladora Bren de su sección comenzó a disparar, Harman abandonó su trinchera, hizo una carrera de treinta y dos metros y se ocultó en un ángulo muerto. Las balas de los japoneses pasaban silbando a su alrededor, pero Harman logró extraer una granada y la arrojó contra la posición japonesa. El artefacto estalló y la dotación de la ametralladora enemiga fue silenciada.


El 9 de abril de 1944, Harman volvió a hacer gala de su arrojo en combate. En plena refriega, Harman salió al descubierto y cargó a golpe de bayoneta. Saltó en el interior de una trinchera enemiga y acabó con los japoneses que se hallaban en su interior. Una vez limpiada la posición nipona, un triunfante Harman enarboló una ametralladora enemiga mientras sus compañeros le jaleaban.


Mientras regresaba a sus líneas, el fuego enemigo le alcanzó bajo la columna. El capitán Easten, al mando de la compañía de Harman, consiguió rescatar a su valiente cabo, pero la herida era mortal y Harman terminó muriendo en los brazos de Easten.


Por aquella valerosa acción, que evitó la caída prematura de las posiciones británicas, Harman fue condecorado a título póstumo con la Cruz Victoria.

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