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Sabotajes ferroviarios en la Francia ocupada

Con la caída de Francia y la firma del armisticio en Compiègne el 22 de junio de 1940, era imperativo que los alemanes controlasen la red de comunicaciones francesa. Por ello, la compañía ferroviaria de Francia, la SNFC, quedó bajo control germano. Sin embargo, los alemanes no sabían el quebradero de cabeza que les iban a suponer los ferroviarios franceses.


Desde que comenzó la ocupación de Francia, los alemanes empleaban el transporte fundamentalmente para los desplazamientos de tropas y material, así como para el traslado de judíos a los campos de concentración. Los puestos de mando, desde los que se llevaba a cabo el seguimiento de los trayectos y se controlaban las agujas del ferrocarril, estaban controlados por los alemanes. Por ello, los trabajadores ferroviarios franceses eran supervisados por los alemanes y estaban obligados a obedecer sus órdenes.


Tratando de sabotear los transportes alemanes y ocasionando importantes pérdidas de tiempo, había quienes a mitad de tren enganchaban un vagón no apto para circular, por lo que la retirada y cambio del vagón en cuestión ocasionaba un contratiempo nada desdeñable. Mientras se procedía al cambio del vagón, los ferroviarios recurrían a toda clase de ardides. Con una aceitera de doble fondo echaban aceite en los ejes, pero en cuanto el alemán encargado de la vigilancia se descuidaba, vertían arena. Otra treta consistía en echar aceite al que se le había añadido ácido sulfúrico en los tubos con empalmes de goma.


Inicialmente, los carteles alemanes trataron de advertir del perjuicio que suponía el sabotaje ferroviario para Francia. El contenido de los carteles no tardó en cambiar, amenazando con la pena de muerte. Los alemanes dieron un paso más y tratando de sembrar el terror, recurrieron a castigos ejemplares contra los ferroviarios franceses.


En ocasiones, los ferroviarios, para exonerar su responsabilidad, argumentaban que los sabotajes se debían a las acciones de los maquis. A pesar de aquellas excusas, era evidente que maquis y ferroviarios mantenían contacto. Eran muchas las situaciones en las que debía cambiarse de ruta debido a la voladura de un puente, por lo que los trenes debían efectuar trayectos más largos. Los segundos trayectos también eran atacados, por lo que los trenes no podían llegar a su destino. Para mayor desesperación de los alemanes, los procesos de reparación de las vías del tren eran lentos, provocando importantes pérdidas de tiempo.


Era evidente que la movilidad de las fuerzas alemanas dependía en buena medida del transporte ferroviarios. Cualquier daño o retraso provocado por los ferroviarios o los maquis erosionaba considerablemente la capacidad de respuesta alemana.


Ante los retrasos y sabotajes de los ferroviarios franceses, los alemanes decidieron enviar a 2.500 trabajadores del ferrocarril a Alemania, decisión que no terminó de solventar los constantes contratiempos.


Con el desembarco de Normandía en junio de 1944, la alternativa que les quedaba a los alemanes era desplazarse por carretera, pero aquel tipo de desplazamientos se antojaban terriblemente difíciles debido a los bombardeos aéreos de los aliados y a la escasez de combustible.


Los valientes ferroviarios franceses pagaron con sus vidas sus acciones de sabotaje. Trescientos fueron fusilados y más de tres mil terminaron deportados en campos de concentración.


Pese a todo, los sabotajes a la red de ferrocarriles francesa tuvieron un más que notable éxito mientras se producía el desembarco de Normandía. Buena parte de los refuerzos alemanes no consiguieron llegar a tiempo a la costa para detener la invasión aliada.

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