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La evacuación del ejército británico en Dunkerque

En mayo de 1940, los ejércitos alemanes, valiéndose de una nueva forma de hacer la guerra, conquistaban Europa occidental de manera arrolladora. Mientras tanto, Gran Bretaña se hallaba al borde de una catástrofe que amenazaba su supervivencia. En el reducido perímetro de Dunkerque permanecía la Fuerza Expedicionaria Británica, acorralada, con sus soldados desmoralizados en los arenales esperando subir a un barco de vuelta a Inglaterra.

¿Cómo un ejército tan poderoso como el británico había llegado a ser vapuleado de tal manera? Pues bien, tras un periodo de inactividad en 1939, en el que los alemanes permanecieron ocupados en la invasión de Polonia, los alemanes irrumpieron en el oeste, invadiendo Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Francia.


Con el ejército belga perdiendo terreno, el 7º Ejército francés, la Fuerza Expedicionaria Británica y el 1º Ejército Francés avanzaron hasta el río Dilje para hacer frente a los alemanes. Sin embargo, el Grupo de Ejércitos A de Von Rundstedt atacó a través de las Ardenas, donde los franceses habían desplegado su 9º Ejército, que precisamente era el más débil. La Luftwaffe y los temibles panzers alemanes cayeron con contundencia sobre el 9º Ejército, quebrando las líneas francesas. También en el norte, los alemanes se emplearon a fondo contra británicos, franceses y belgas.


Frente a unos ataques alemanes magistralmente coordinados, los aliados hacían gala de la más absoluta descoordinación y entre sus filas cundió el pánico. Empujados por el Grupo de Ejércitos B de Von Bock, los aliados retrocedieron hasta el río Escalda. La presión sobre las fuerzas aliadas cada vez era mayor y el cerco se estrechaba sobre británicos, belgas y franceses. El 18 de mayo, las victoriosas fuerzas alemanas se encontraban a unos 50 kilómetros de las aguas del canal de la Mancha. Un día después, los franceses reemplazaron al general Gamelin por el general Weygand, al tiempo que entre los británicos se extendía la idea de una posible retirada.


En Gran Bretaña se planificó la evacuación de la Fuerza Expedicionaria Británica, que fue bautizada con el nombre de Operación Dinamo. Entre constantes combates y retiradas, se batían las orgullosas tropas británicas mientras luchaban por su supervivencia. No obstante, el contrataque llevado a cabo por los carros de combate Matilda británicos de la denominada “Frankforce” estuvo a punto de quebrar las líneas germanas. A pesar del empuje de los blindados británicos, los alemanes se las arreglaron para detener la contraofensiva lanzada en Arras. El intento británico no había logrado romper las líneas alemanas, pero sí había brindado un tiempo muy importante de cara a la retirada.


A medida que los días transcurrían la situación se deterioraba y el 24 de mayo Boulogne cayó en manos alemanas. Dunkerque era el único puerto operativo del que disponían los británicos para evacuar a sus tropas. Sin embargo, cuando parecía que la Wehrmacht estaba a punto de dar el golpe de gracia a la Fuerza Expedicionaria Británica, los panzers alemanes recibieron la orden de detenerse. Se ordenó que los aviones de la Luftwaffe se encargasen de aniquilar la resistencia aliada en el cada vez más reducido perímetro de Dunkerque.

Los soldados británicos esperan en las playas un barco que les lleve de vuelta a Inglaterra.


Para cuando Hitler volvió a ordenar a sus carros de combate que avanzasen, la lluvia había dejado el terreno impracticable. Para las dotaciones de los blindados alemanes no era fácil abrirse camino entre canales y zanjas. Aunque los alemanes sufrían contratiempos, no todo eran malas noticias, pues el 26 de mayo Calais cayó en su poder.


Ante lo insostenible de la situación, comenzó la evacuación británica bajo el nombre de Operación Dinamo. Atrapados en un reducto defensivo de 25 kilómetros de ancho y 12 kilómetros de profundidad, los aliados debían resistir el suficiente tiempo hasta ser evacuados. Dada la imposibilidad de llevar consigo el material pesado, los británicos inutilizaron sus vehículos y su artillería, todo con tal de que los alemanes no pudiesen utilizarlos.


En Dunkerque la climatología era mala y para colmo, la cadena de muelles no estaba operativa. Tan solo los espigones oeste y este permitían la evacuación de los soldados. En las playas, la artillería alemana y los aviones de la Luftwaffe se encargaban de castigar implacablemente el perímetro.


En tierra, el capitán William G. Tenant y su destacamento de la Royal Navy se encargaban de gestionar la evacuación. El primer día, los evacuados no llegaron a 8.000 hombres. Tennant, percatándose de la amplia extensión de las playas, solicitó al almirantazgo que las embarcaciones menores acudiesen al rescate de los desesperados hombres que aguardaban en los arenales.


Mientras británicos y franceses resistían en los límites del perímetro, en las playas, los soldados británicos formaban largas filas en dirección al  mar. Tratando de contribuir al embarque de las tropas, se introdujeron camiones en las zonas de menor profundidad, sirviendo estos vehículos como improvisados muelles.


El humo negro brotaba de los depósitos de petróleo en llamas, indicando el lugar de embarque a las tropas aliadas en retirada. El terror afloraba en los soldados cuando escuchaban el desquiciante aullido de los cazabombarderos Stuka descendiendo en picado sobre las playas. Por fortuna, la blanda superficie de los arenales de Dunkerque amortiguaba el efecto del fuego de artillería y de las bombas lanzadas por los aviones de la Luftwaffe.


Para colaborar en la evacuación, transbordadores, barcos mercantes, embarcaciones de recreo y pesqueros acudieron al rescate de las tropas británicas. Precisamente el 29 de mayo de 1940 llegó a las playas de Dunkerque la primera de estas embarcaciones menores. Llegado el 30 de mayo, un total de 125.000 hombres habían logrado escapar de Francia. Ese mismo día, para evitar que lord Gort, como comandante en jefe de la Fuerza Expedicionaria Británica, cayese prisionero, Churchill le ordenó regresar a Gran Bretaña, por lo que el mando pasó al general de división Harold Alexander.

Cualquier embarcación sirve para evacuar a las tropas: destructores, mercantes, barcos de recrero, pesqueros.


La evacuación continuó a buen ritmo, logrando embarcar 68.000 hombres el 31 de mayo de 1940, que fue el día más fructífero de la retirada británica. Sin embargo, con la llegada del mes de junio, el tiempo mejoró y los cielos se despejaron. Los aviones de la Luftwaffe se cernieron amenazantes sobre las tropas confinadas en la playa. Los soldados británicos miraron al cielo con desesperación e indignación. ¿Dónde estaban los cazas de la Royal Air Force? ¿Por qué no aparecían para mantener alejada a la Luftwaffe? En realidad la Royal Air Force si estaba, solo que combatía a gran altura,  por lo que quienes permanecían en tierra no podían ver a los cazas británicos.


Los pilotos británicos se batieron con gran valor, tratando de dar cobertura a la evacuación. La Royal Air Force logró sacar un gran partido de sus escasos recursos, causando importantes pérdidas a sus adversarios de la Luftwaffe.


La evacuación continuó hasta primeras horas del 4 de junio de 1940, quedando en tierra entre 30.000 y 40.000 soldados. Ahora bien, en favor de la Operación Dinamo hay que señalar que se rescataron 338.000 hombres, muchos más de los previstos inicialmente.


El júbilo se extendió entre la población británica al ser conscientes de que su ejército se había salvado de la aniquilación. Sin embargo, un elocuente Winston Churchill advirtió que las guerras no se ganaban con evacuaciones. El ejército británico había escapado de la catástrofe y sus tropas habían sobrevivido para regresar algún día a Francia.

Los soldados británicos están exultantes en Inglaterra tras escapar del desastre.

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