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Canadienses contra Waffen-SS en la batalla de Bretteville l'Orgueilleuse

La masacre que los canadienses sufrieron en el desembarco en Dieppe el 19 de agosto de 1942 fue un durísimo varapalo para su moral. Por fortuna, el Día-D les permitió vengar aquella afrenta.

El 6 de junio de 1944, tropas de la 3ª División canadiense desembarcaron en Normandía, tomando al asalto la playa Juno. Frente a ellos se oponía la 716ª División alemana del general Richter, una unidad fuerte en artillería, pero con una infantería formada por soldados convalecientes o demasiado mayores para hacer la guerra. Los teutones también contaban con batallones ost (tropas reclutadas entre prisioneros soviéticos) como complemento, pero la 716ª División, de escasa movilidad, fue insuficiente para detener a los jóvenes, entusiastas y bien entrenados canadienses de la 3ª División.


Como respuesta al desembarco, los alemanes movilizaron sus reservas blindadas, entre las que se encontraba la 12ª División de las SS, también conocida como Hitlerjugend. Así pues, la 12ª SS constituía una división bien equipada, dotada de mandos competentes y fuertemente adoctrinada. La división blindada de las SS que comandaba Fritz Witt se haría famosa por su tenacidad, pero también por su crueldad y pasaría a ser la unidad más odiada por los soldados de la 3ª División canadiense. Tan fanática era la 12ª División SS Hitlerjugend, que hizo saber a sus tropas, que cualquier soldado de las SS que se rindiese sin haber padecido heridas que le incapacitasen sería considerado un traidor. Es más, en caso de ser capturados, su deber era rechazar cualquier transfusión de sangre.


Cuando los canadienses se internaron en territorio francés se encontraron con un enemigo mucho más temible que la 716ª División alemana. La 12ª División SS Hitlerjugend no iba a tener piedad. Prueba de ello es un incidente acaecido en Normandía, en el que los soldados de la Hitlerjugend ametrallaron a prisioneros canadienses y después pasaron por encima de sus cadáveres con sus carros de combate. Otra atrocidad acaecida en Normandía tuvo lugar bajo los muros de la Abadía de las Ardenas, donde cuarenta y cinco canadienses que habían caído en manos de los soldados de la 12ª SS fueron fusilados.


El odio y la brutalidad irían en aumento a medida que transcurrían los combates y las atrocidades, lo que llevó a ambos bandos a dispensar un trato cruel a los prisioneros. Más allá de la brutalidad y la inquina que se profesaban ambos bandos, era imperativo que las divisiones panzer alemanas contratacasen con vigor para devolver a los aliados al mar.


En este sentido, la 12ª División Hitlerjugend de las SS, desplegada en el sector de Caen, tuvo que asumir un papel importante. Uno de los puntos donde se luchó con mayor fiereza fue en Bretteville l’Orgueilleuse.


La noche del 8 al 9 de junio de 1944, Kurt “Panzer” Meyer, que estaba al frente de un regimiento de la 12ª División Blindada de las SS, marchaba a lomos de su motocicleta, acompañando a sus tanques Panther y a sus granaderos acorazados.


Los blindados se detuvieron a una distancia prudente del puesto de mando de los canadienses del Regimiento Regina Rifles, situado en la localidad normanda de Bretteville l’Orgueilleuse. Los Panther apuntaron sus cañones de 75 milímetros contra las posiciones canadienses y lanzaron un diluvio de proyectiles sobre el enemigo. Tras un intenso cañoneo, creyendo haber aniquilado a los hombres del Regina, los carros de combate, comenzaron a rodear las posiciones canadienses.


Los fusileros del Regina, agazapados en la oscuridad, sentían la tierra vibrando bajo sus cuerpos mientras escuchaban el desquiciante rugido de los motores de las bestias de acero que les rodeaban. Las bocas de los fusiles de los canadienses y sus cañones antitanque habían permanecido en silencio ante el estrepitoso monólogo de los disparos de los carros de combate germanos.


En el momento preciso, cuando los tanques alemanes estaban al alcance, los cañones anticarro de los canadienses comenzaron a disparar. Cada descarga resplandeció en la oscuridad. Unas pocas piezas antitanque lograron detener la carga de los blindados alemanes. Los canadienses del Regina resistieron tenazmente, provocando que de los 22 tanques con los que comenzaron la ofensiva los hombres de Kurt “Panzer” Meyer, regresasen con 6 carros menos. Duramente castigados, los panzers de Meyer, dejaron atrás un montón de ruinas envueltas por el humo. El temido y aguerrido Kurt “Panzer” Meyer, frustrado, subió a su motocicleta y dio media vuelta.


Una fuerza de infantería canadiense había logrado una gesta extremadamente difícil, pues no era fácil contener a los poderosos panzers de las SS con algunas piezas anticarro estáticas.

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