Blog
(3 votos)

La conquista japonesa de Singapur

Antes de que estallase la guerra en el Pacífico, los mandos militares eran plenamente conscientes de la escasez de materias primas. Por ello, debían lanzarse a una rápida conquista de Asia y el Pacífico. Controlando una serie de territorios clave, lograrían proveerse de los recursos necesarios. Esta estrategia les llevó a invadir Singapur.

Poco después del ataque a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, Japón se lanzó sobre Filipinas, las Indias Orientales Holandesas, Malasia y Birmania. Singapur y la península Malaya también eran objetivos de los nipones, pues con la toma de dicho enclave, acabarían con el gran bastión militar británico en el lejano oriente. Por otra parte, la conquista de la península malaya y Singapur les permitiría abastecerse de caucho y estaño, dos recursos escasos para los japoneses.


Así pues, la conquista de Singapur se le encomendó al general Yamashita, que disponía de un total de 110.000 hombres. Además, Yamashita contaba con un fuerte apoyo aéreo, muy superior a la aviación británica en la zona. Por otro lado, los japoneses contaban entre sus filas con numerosos ingenieros, lo que les ayudaría a agilizar el cruce de los ríos. Tampoco hay que olvidar la importante presencia de soldados provistos de bicicletas, lo que les permitía transportar materiales con mucha mayor velocidad que con soldados de a pie.


Para la conquista de Singapur, Yamashita avanzaría desde Indochina, atravesando Siam, haciéndose con el istmo de la península malaya, al tiempo que otro contingente desembarcaba en Patani. También una tercera fuerza debía tomar tierra en las playas de Kota Bharu.


Todavía estaban conmocionados los estadounidenses por el ataque a Pearl Harbor cuando el 8 de diciembre de 1941 los japoneses emprendieron la campaña de Singapur. Ahora bien, los militares británicos, sopesando la posibilidad de un ataque japonés, habían trazado planes para adelantarse a las maniobras japonesas, atacando en Siam. No obstante, los británicos decidieron no violar la neutralidad de Siam, por lo que estos planes nunca se materializaron.


Mientras los japoneses avanzaban imparablemente, los británicos procedían a la retirada, superados y acosados por los hombres de Yamashita. Los japoneses, magistralmente comandados por Yamashita enviaban limitados ataques frontales cuando caía la noche, estas ofensivas contaban con el apoyo de carros de combate. Después, procedían a golpear en los flancos y a la espalda de las fuerzas británicas. Ante la lluvia, el acoso de los soldados nipones y el hambre, los británicos solo pudieron retirarse una y otra vez. Las derrotas se sucedían y el 11 de enero de 1942, los japoneses conquistaron Kuala Lumpur.


Todo lo que les quedaba a los británicos era atrincherarse en su fortaleza de Singapur. Sin embargo, los nipones amenazaban Johore. Si aquel enclave, justo al norte de Singapur, caía en manos japonesas, la derrota en Singapur sería inevitable.


Mientras tanto, los japoneses se habían convertido en una avalancha incontenible. Parecían librar una especie de guerra relámpago en Asia y el Pacífico, conquistando vastas extensiones de terreno en poco tiempo. Tal era su velocidad, que habían recorrido aproximadamente ochocientos kilómetros en unas ocho semanas.


Guarecidos en la isla de Singapur, los británicos se hallaban en posesión de una extensión de terreno de 32 kilómetros de ancho y 16 kilómetros de ancho. Tan solo una estrecha cinta de agua les separaba de la debacle.


Mientras el primer ministro británico Churchill insistía en resistir a toda costa, el general Percival, comandante de la guarnición de Singapur, con 85.000 hombres bajo su mando, ordenaba la evacuación.


Desde el Palacio Verde del sultán de Johore, el general Yamashita tenía excelentes vistas de Singapur. Los británicos, pecando de incautos, no creyeron que un edificio de cinco pisos de altura pudiese ser utilizado por los japoneses.


Llegado el 8 de febrero de 1942, por la mañana, tronaron los cañones japoneses. Por la noche, 15.000 soldados japoneses subieron a bordo de unas 300 embarcaciones para cruzar el estrecho de Johore. Los nipones se enfrentaron a una brigada australiana que, pese a su férrea resistencia, no pudo contener la oleada japonesa. El día siguiente, por la mañana, los hombres de Yamashita atacaron el aeródromo de Tengah.


Ya el 9 de febrero de 1942, Yamashita, en compañía de sus oficiales, desembarcó en la isla de Singapur. Ese mismo día, por la noche, también cruzó el estrecho de Johore la División de la Guardia Imperial. Por su parte, las tropas australianas e indias trataban de detener la ofensiva japonesa entre los ríos Kranji y Jurong, pero los nipones lograron abrir una brecha en sus líneas. Para detener el avance japonés, fue enviada la 18ª División británica, pero la ofensiva de Yamashita era imparable, pues sus soldados marchaban entre el embalse MacRitchie y Bukit Timah. Habiendo reconstruido el terraplén que conectaba Singapur a Johore, las tropas de la Guardia Imperial alcanzaron el pueblo de Nee Soon, ubicado en el extremo norte de la isla.

Tropas británicas se rinden a los soldados japoneses.


El 11 de febrero de 1942, el general Yamashita ofreció a los británicos que se rindiesen, sin embargo, no encontró respuesta por parte del general Percival. Cada día que pasaba, la situación de los defensores era más apurada. La evacuación se puso en marcha y el personal más cualificado fue embarcado para tratar de escapar del cerco japonés. En el mar, encontraron un aciago destino, cayendo víctimas de los ataques aéreos y navales de los japoneses y siendo hechos prisioneros.


Mientras tanto, los cañones japoneses tenían a su alcance la ciudad. Los muertos se acumulaban sobre el pavimento, el hedor del combustible flotaba en el aire y el estrépito de las explosiones era constante. Las condiciones que padecían los defensores de la ciudad se hicieron más insostenibles cuando los japoneses se hicieron con el control de los depósitos de agua. Se luchaba encarnizadamente y en el hospital de Alexandra, las fuerzas japonesas llevaron a cabo una horrible matanza contra el personal médico y los pacientes.


Era evidente que sin agua y con escasas posibilidades de reconquistar los depósitos, la resistencia británica no podría prolongarse durante mucho tiempo. Llegado el 15 de febrero de 1942, el general Percival aceptó rendirse incondicionalmente a los japoneses.


La caída de Singapur trajo consigo numerosas atrocidades por parte de los japoneses. Las tropas niponas tomaron alrededor de 80.000 prisioneros. Percival y sus hombres fueron tratados con brutalidad y padecieron un cautiverio espantoso.


La pérdida de la joya del Imperio británico en el lejano oriente fue un terrible varapalo para los británicos. Churchill se refirió a la derrota en Singapur como “el peor desastre y la capitulación más importante de la historia británica.”
Sin embargo, los éxitos japoneses no fueron muy duraderos en el tiempo, dado que fueron detenidos en la frontera con India y pocos meses después sufrieron una apabullante derrota ante los estadounidenses en la decisiva batalla aeronaval de Midway.

Las tropas japonesas desfilan por las calles de Singapur.

Visto 241 veces

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.