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Baño de sangre en Saipán

Corría el año 1944 y la guerra no marchaba bien para Japón. Las derrotas se acumulaban en el palmarés de los nipones: escenarios como Midway, Guadalcanal y Tarawa eran prueba de ello. Las fuerzas de Estados Unidos iniciaron una campaña de isla en isla, directos hacia Japón. Cada atolón era un peldaño que les acercaba a Tokio.


En su camino hacia las islas principales de Japón se encontraban las Islas Marianas, un archipiélago en medio del Pacífico de gran valor estratégico. Tomando las Marianas, los bombarderos B-29 de Estados Unidos podrían atacar tierras niponas. Era imperativo capturar islas como Saipán, Guam y Tinian para poder bombardear Japón.


Conscientes de la importancia de las Marianas, los japoneses reforzaron sus guarniciones y fortificaron el archipiélago. Sin embargo, entre los habitantes de Saipán, no solo había personal militar, también se hallaba una colonia de civiles japoneses.


El 15 de junio de 1944, tropas estadounidenses desembarcaron en Saipán apoyadas por una poderosa flota. Tanto los marines como los soldados del Ejército de tierra de Estados Unidos se encontraron con una obstinada resistencia nipona en las playas y en las colinas de Saipán. Los nipones, sin posibilidad de recibir refuerzos ni apoyo aéreo y naval pelearon con fiereza, luchando hasta el último hombre. Mientras tanto, las fuerzas norteamericanas se veían obligadas a expulsarlos de cueva en cueva, pues los japoneses, con el código del bushido profundamente interiorizado, preferían la muerte a la deshonra de la rendición.


El episodio más trágico de la batalla de Saipán lo protagonizaron los civiles nipones. A los civiles que habitaban la isla se les dijo que los norteamericanos eran hombres despiadados y sanguinarios. Se convenció a la población civil para que no se dejase capturar por los estadounidenses, dado que la muerte era preferible a la crueldad de las tropas americanas.


Las escenas más aterradoras tuvieron lugar cuando los norteamericanos llegaron a Marpi Point. Pudieron presenciar cómo los civiles japoneses se arrojaban desde lo alto de los acantilados, vieron cómo los padres mataban a sus hijos, al tiempo que se producían decapitaciones entre las tropas japonesas. Las aguas próximas a las costas se tiñeron de rojo, los nipones se suicidaban ante las miradas horrorizadas de los estadounidenses. Se hicieron numerosos llamamientos a los colonos japoneses para evitar los suicidios, sin embargo, éstos, ignoraron las advertencias.


En esta vorágine de violencia que se desató en Saipán, destaca la actuación del marine Guy L. Gabaldon, quien convenció a cientos de japoneses para evitar que se suicidasen. Saipán fue un pequeño anticipo de lo que podían encontrar los estadounidenses a medida que se acercaban a Japón: una resistencia cada vez más enconada y una población civil condenada al exterminio. De hecho, en Saipán, fue la primera ocasión en la que las fuerzas de Estados Unidos tuvieron contacto con civiles japoneses.


Aparte de las dramáticas consecuencias para la colonia nipona en Saipán, la conquista de la isla por parte de los estadounidenses provocó la caída del Primer Ministro japonés Hideki Tojo. Posteriormente, los estadounidenses instalaron aeródromos en Saipán que utilizaron para bombardear las Filipinas y Japón.

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