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Peleliu, holocausto en el Pacífico

La estrategia de Estados Unidos en el Pacífico pasaba por un doble camino. Por una parte, las tropas de MacArthur atacarían las Filipinas, mientras que las fuerzas del almirante Nimitz lo harían a través del Pacífico, de isla en isla, directos hasta llegar a Japón. Pero, como paso previo al regreso de MacArthur a las Filipinas, los estadounidenses habían planeado la conquista de las Islas Palaos. En una de esas islas, llamada Peleliu, iba a tener lugar uno de los más encarnizados combates del Pacífico.

Las Islas Palaos, situadas a unas 550 millas al oeste de las Filipinas, eran consideradas por los planificadores estadounidenses como una amenaza, pues sus aeródromos podían ser empleados para atacar a la Armada norteamericana.


Con una superficie de aproximadamente 13 kilómetros cuadrados, Peleliu era una isla coralina con manglares en su costa oriental. La climatología era muy exigente, pudiendo alcanzarse los 45 grados centígrados de temperatura y el agua potable era muy escasa. En la zona norte, las costas eran escarpadas, mientras que al norte quedaba la pequeña isla de Ngesebus. Al oeste se situaba una barrera de coral que conducía a una playa, mientras que al sur hay dos promontorios unidos por istmos. La zona sur de Peleliu es llana y contaba con un aeródromo, mientras que la zona norte era escarpada, quedando poblada por colinas coralinas conocidas como los montes Umurbrogol.


La Operación Stalemate II, el ataque a Peleliu, le fue encomendado a la 1ª División de Marines, mientras que la 81ª División de Infantería debía tomar el control de la cercana isla de Angaur. En el lado contrario, los japoneses habían convertido Peleliu en una intrincada red de fortificaciones, cuevas y trincheras defendidos por casi 11.000 hombres a los que dirigía el coronel Kunio Nakagawa.


El 12 de septiembre de 1944, los submarinistas comenzaron a volar obstáculos para abrir paso a la fuerza de desembarco, mientras que la Armada procedió a bombardear la isla para ablandar las defensas.


Por fin, el 15 de septiembre comenzaron los desembarcos. Precedidos por un fuerte bombardeo aéreo y naval, los infantes de marina marcharon hacia Peleliu a bordo de lanchas Higgins y vehículos anfibios especiales conocidos como amtank y amtrac.

Los marines se agolpan junto a un amtrac durante la batalla de Peleliu.


El desembarco se convirtió en un infierno para los marines. El propio Robert Leckie, veterano de la campaña de Peleliu, afirmó en sus memorias “Mi casco por almohada” que al llegar a tierra la playa ya era un holocausto. Numerosos vehículos anfibios fueron alcanzados por fuego de mortero y por los disparos de los cañones. Solo en el primer día 60 vehículos habían sido inutilizados. La resistencia japonesa se hizo especialmente encarnizada en una posición defensiva conocida como “el punto”. Los nipones incluso resistieron tras la llegada de los primeros tanques Sherman, aunque al atardecer, los marines consiguieron desalojar a los defensores.


Los marines desembarcados en la playa naranja lograron profundizar, encontrando una serie de puntos de resistencia a su paso. Si bien es cierto que la vegetación de los mangles ralentizó su avance. El 5º Regimiento de Marines logró internarse y alcanzar el aeródromo, pero su progresión fue detenida por un contraataque japonés con tanques. Sin embargo, los marines y la aviación, terminaron por detener la embestida de los blindados nipones.


El 16 de septiembre, el general Rupertus, que mandaba la 1ª División de Marines estableció su cuartel general en tierra. La situación era caótica y los objetivos no habían sido alcanzados. Tras una durísima lucha en el aeródromo el 5º Regimiento se hizo con el control de la pista de aterrizaje y los edificios del campo de aviación.


Por el contrario, el avance era mucho más penoso en el sector asignado al 1º Regimiento de Marines. Para mayor desgracia, la falta de agua potable comenzó a cobrarse las primeras víctimas por deshidratación. Cabe señalar que el agua había sido almacenada en bidones que anteriormente habían contenido combustible y que no habían sido limpiados adecuadamente. Un terrible error que incapacitó a muchos infantes de marina para el combate.


Ya el 17 de septiembre el 1º Regimiento de Marines alcanzó las estribaciones de los montes Umurbrogol, todo ello a costa de unas pérdidas espantosas. Por su parte, el 7º Regimiento de Marines despejó los promontorios situados al sur de Peleliu, que no quedaron totalmente asegurados hasta el 18 de septiembre.

Un Corsair estadounidense bombardea los blocaos japoneses en Peleliu.


El avance de los marines prosiguió, marchando hacia los montes Umurbrogol. Los infantes de marina estaban a punto de enfrentarse a una amarga e interminable lucha en las colinas de Peleliu que se prolongaría durante 70 días.


El 1º Regimiento tomó la colina 200, pero desde la siguiente elevación de terreno, la colina 210, recibieron fuego japonés. Así pues, el 18 de septiembre conquistaron la colina 210, pero los contraataques japoneses permitieron recuperar ambas colinas.


Ante las espeluznantes cifras de bajas padecidas por el 1º Regimiento de Marines (superiores a 1.700), se decidió que el 321º Regimiento de Infantería los sustituyese. Así, la infantería abandonó la isla de Angaur para sumarse a la carnicería de Peleliu.


El 321º Regimiento, sufrió también grandes bajas, pero el 25 de septiembre logró progresar y enlazar con los marines, dejando acorralados a los defensores nipones.


Para neutralizar la amenaza que suponía la isla vecina de Ngesebus, se envió al 5º Regimiento. El desembarco fue apoyado por un eficaz fuego naval y también respaldado desde el aire. La lucha en Ngesebus fue dura pero breve, pues los marines rápidamente se hicieron con el control de la isla.


Mientras tanto, la lucha en las colinas se convertía en una sangría. Los combates más fuertes se libraban en lugares denominados Wildcat Bowl, Five Sisters, Five Brothers, Pope’s Ridge, Horseshoe Canyon, China Wall y Death Valley. Las colinas cambiaban constantemente de manos y la lucha no parecía terminar nunca. A pesar de todo, el perímetro defensivo japonés continuó reduciéndose, con los estadounidenses estrechando cada vez más el cerco.


Pese a que el general Rupertus era reacio a que sus marines fuesen reemplazados por las tropas de la 81ª División de Infantería, lo atroz de las bajas provocó que el ejército terminase relevando a la 1ª División de Marines. El 16 y el 17 de octubre apenas un puñado de unidades de infantería de marina quedaban en Peleliu. La aguerrida pero también exhausta 1ª División de Marines fue retirada a la remota isla de Pavuvu para recuperarse de la salvaje campaña de Peleliu.

Un marine herido recibe atención médica durante la batalla de Peleliu.


Tan férrea era la defensa nipona que los estadounidenses recurrieron a bombardear al enemigo con sus aviones Corsair, sin olvidar que emplearon tanques lanzallamas y utilizaron artillería de 155 milímetros a menos de 300 metros, todo ello con tal de desalojar a los japoneses.


El 27 de noviembre de 1944, después de una prolongada lucha, los soldados de la 81ª División de Infantería de Estados Unidos supieron que el coronel Nakagawa, el comandante de la guarnición japonesa, se había suicidado. No obstante, en los meses siguientes, los estadounidenses encontraron a varios supervivientes japoneses. Es más, en los montes Umurbrogol, bajo los cuales aún permanecían ocultos los soldados japoneses, se sellaron las salidas con explosivos.


Incluso después de la guerra, en abril de 1947, un almirante japonés tuvo que desplazarse hasta Peleliu para convencer a un puñado de supervivientes que aún continuaban dispuestos a seguir peleando. Persuadidos por el almirante, los nipones terminaron por deponer las armas.


La batalla de Peleliu supuso un amargo peaje en sangre y sufrimiento para los marines. La batalla no ha estado exenta de polémica y son muchos los que afirman que su conquista fue de escasa importancia estratégica en la guerra del Pacífico. En conclusión, se pagó un elevado tributo en vidas por una minúscula isla que no aportó gran cosa.

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