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El Servicio Aéreo Especial (SAS) y la campaña del norte de África

En la Segunda Guerra Mundial, en los desiertos norteafricanos, un puñado de hombres se distinguieron por sus audaces incursiones. Se trata del SAS o Servicio Aéreo Especial.

Un escocés llamado David Stirling, nacido en una familia de noble cuna, tenía en mente escalar el Everest. Sin embargo, el estallido de la Segunda Guerra Mundial cambió los planes de Stiriling, quien siguiendo la tradición familiar se enroló en el ejército.


Stirling buscaba ser un soldado diferente, distinto al resto, por lo que se alistó en los comandos. Así, Stirling, tras un duro entrenamiento en tierras escocesas, terminó formando parte del comando Nº8, comandado por el teniente coronel Robert Laycock. Sin embargo, la suerte no fue muy propicia para los comandos en Oriente Medio y la Layforce terminó por disolverse en 1941.


Tras un salto en paracaídas, Stirling sufrió un aparatoso accidente que le dejó postrado en la cama de un hospital. Mientras se recuperaba, una idea se iba perfilando en su mente, se trataba de la creación de una nueva unidad. La unidad que proponía Stirling debía estar integrada por un puñado de hombres bien entrenados, capaces de emprender rápidas incursiones y operando en pequeños grupos en el desierto tras las líneas del Eje.

David Stirling, el oficial británico responsable de la creación del SAS o Special Air Service.


Inicialmente, Stirling pensó que podrían infiltrarse en territorio enemigo saltando en paracaídas. Así pues, la idea gustó tanto al teniente coronel Dudley Clark, que este oficial especializado en espionaje y operaciones especiales, apoyó la propuesta de Stirling.


Con el visto bueno para los planes de Stirling, la unidad fue bautizada como Destacamento L de la Brigada de Servicio Aéreo Especial. Ahora bien, al principio, la unidad no contaba con la confianza del alto mando, por lo que, ante la falta de material, los pintorescos soldados del SAS robaron todo lo necesario en el campamento de un regimiento neozelandés. Sería en Kabrit donde establecerían su campamento de instrucción, un lugar infestado de moscas próximo al canal de Suez, al este de El Cairo.


Entre sus filas había hombres muy peculiares, como Paddy Mayne, un audaz oficial aficionado a la bebida y a las peleas. De hecho, se cuenta que Mayne agredió a su oficial superior, Geoffrey Keyes (quien moriría durante la operación para matar o capturar a Rommel) y que Stirling tuvo que sacar del calabozo a Mayne.

Paddy Mayne, un bravo oficial del SAS y la mano derecha de Stirling. Se trataba de un hombre audaz en combate, pero proclive a las peleas y a las borracheras.


Si bien es cierto que la primera misión del SAS, emprendida en noviembre de 1941, resultó desastrosa, pues los hombres se lanzaron en plena tormenta, quedando dispersos por el desierto y pereciendo varios durante la misión.


Aprendiendo de los errores, Stirling decidió que las próximas inserciones no se efectuarían desde el aire, sino que sus hombres serían transportados por tierra en los camiones del Grupo de Largo Alcance del Desierto (LRDG). Los objetivos de los hombres de Stirling serían los aeródromos, vías férreas, puertos, depósitos de combustible y almacenes de suministros.


A medida que transcurría el tiempo, nuevos soldados de distintas nacionalidades se irían incorporando al SAS, creándose en su seno unidades francesas y belgas.


Por su parte, los SAS contarían con un artefacto explosivo muy útil a la hora de destruir aviones. Se trataba de la bomba Lewes, que combinaba termita y explosivos. Tal fue el éxito del SAS destruyendo aviones que, durante la campaña del norte de África, dejaron fuera de combate alrededor de 300 aparatos.


Cuando el SAS se procuró sus propios jeeps, se puso fin a la simbiosis entre el Grupo de Largo Alcance del Desierto y el Servicio Aéreo Especial. Con aquellos vehículos, el SAS disponía de un medio de transporte y de una plataforma de armas. Y es que, los jeeps estaban equipados con ametralladoras Vickers.

David Stirling posa junto a sus hombres del SAS, equipados con jeeps provistos de ametralladoras Vickers.


Uno de sus ataques más célebres fue el asalto al aeródromo de Sidi Haneish, donde en una incursión relámpago dieron cuenta de alrededor de 30 aviones. De hecho, la leyenda de Stirling fue en aumento y llegó a ser conocido como el “comandante fantasma”. No obstante, la suerte de Stirling se acabaría en enero de 1943 al ser capturado por los alemanes en Túnez. Pese a sus intentos por fugarse, pasaría el resto de la guerra como prisionero en el castillo de Colditz.


Tras la captura de David Stirling, su hermano William se hizo cargo del 2º Regimiento del SAS. Si bien es cierto que, cada vez, Paddy Mayne fue ganando más peso en el SAS, por lo que quedó al mando del 1º Regimiento del SAS.

 

Durante el resto de la guerra el SAS combatiría duramente en Sicilia, Cerdeña e Italia. También el desembarco de Normandía brindaría a estos soldados la oportunidad de combatir tras las líneas alemanas en el marco de la Operación Bullbasket, sin olvidar otros escenarios de la campaña europea.


Al término de la Segunda Guerra Mundial se pensó que el SAS ya no era necesario, por lo que terminó por disolverse la unidad. No obstante, el estallido de nuevos conflictos como la denominada “emergencia malaya” terminó por hacer necesaria la restauración del SAS como unidad de operaciones especiales. De este modo, el SAS continuaría participando en un sinfín de conflictos, constituyendo actualmente una de las unidades de élite más prestigiosas.



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